Imagen del deshielo en Sierra Nevada
Granada Las plantas de Sierra Nevada que no existen en ningún otro lugar del mundo
El aislamiento, la altitud y unas condiciones extremas han convertido la alta montaña granadina en un refugio de especies únicas, muchas de ellas concentradas en los borreguiles y las cumbres
A simple vista pueden parecer pequeñas matas, flores discretas o plantas capaces de sobrevivir entre piedras. Pero algunas de las especies que crecen en las zonas más altas de Sierra Nevada esconden una rareza difícil de igualar: no aparecen de forma natural en ningún otro lugar del planeta.
La explicación está en la propia historia de la montaña. Sierra Nevada funciona como una auténtica isla biológica, separada del resto de grandes sistemas montañosos y sometida a unas condiciones muy particulares de altitud, frío, radiación solar y escasez de suelo. Ese aislamiento ha permitido que numerosas especies evolucionen de manera independiente durante miles de años.
La Junta de Andalucía cifra en más de 2.000 las especies vegetales catalogadas en Sierra Nevada y señala que cerca de un centenar son exclusivas del macizo. En las cotas más altas, además, el nivel de singularidad es todavía mayor: en el piso crioromediterráneo, más del 80 % de determinadas comunidades vegetales está formado por endemismos.
Una montaña convertida en una isla
La elevada concentración de especies propias de Sierra Nevada no es casual. Durante los periodos fríos del pasado, numerosas plantas adaptadas a bajas temperaturas encontraron refugio en las montañas del sur peninsular.
Con el posterior calentamiento del clima, muchas quedaron aisladas en las cotas más elevadas. Ese aislamiento, prolongado durante miles de años, favoreció que algunas poblaciones evolucionaran de forma distinta a sus parientes de otros lugares.
Solo en el piso crioromediterráneo se contabilizan 185 especies vegetales, de las que 69 son endémicas, alrededor del 37 %. Todas las asociaciones vegetales descritas en ese nivel de alta montaña son además exclusivas.
A ello se suman unas condiciones ambientales especialmente duras. Las plantas de estas altitudes deben soportar temperaturas muy bajas, fuertes vientos, grandes contrastes térmicos, una intensa radiación solar y periodos muy cortos para crecer y reproducirse.
Muchas han terminado adaptándose mediante formas compactas, hojas pequeñas, abundante pilosidad o crecimiento pegado al suelo para reducir la pérdida de agua y protegerse del viento.
La estrella de las nieves y otros símbolos
Entre las especies más conocidas se encuentra la estrella de las nieves (Plantago nivalis), convertida en uno de los símbolos botánicos de Sierra Nevada. Crece especialmente vinculada a los borreguiles de alta montaña, unas zonas húmedas que aparecen alrededor de manantiales y cursos de agua en las cotas elevadas. La propia Junta utiliza esta planta como una de las especies representativas de estos ecosistemas. No está sola.
En las áreas más elevadas aparecen también especies como Pinguicula nevadensis, Viola crassiuscula, Eryngium glaciale, Linaria glacialis o Nevadensia purpurea, vinculadas en distinto grado a Sierra Nevada y a sus ambientes de alta montaña.
Algunas presentan áreas de distribución extremadamente pequeñas. Hay especies cuya población conocida se limita a unos pocos enclaves y otras que apenas cuentan con varios centenares de ejemplares.
Eso hace que una planta aparentemente insignificante pueda tener un enorme valor científico. Su desaparición en Sierra Nevada podría significar, en determinados casos, perderla también a escala mundial.
Un patrimonio tan valioso como frágil
La singularidad de esta flora también la convierte en especialmente vulnerable. Las especies de alta montaña tienen poco margen para desplazarse cuando cambian las condiciones ambientales. Si aumenta la temperatura, muchas solo pueden buscar cotas superiores, pero Sierra Nevada tiene un límite físico: por encima de sus cumbres ya no existe más territorio.
A ello se suman otros riesgos como la presión ganadera en determinados enclaves, las alteraciones del suelo, las infraestructuras o el tránsito humano fuera de las zonas habilitadas. Algunas poblaciones se encuentran además muy concentradas, por lo que cualquier alteración local puede tener un efecto considerable.
Los borreguiles son uno de los ejemplos más claros. Estos prados húmedos de alta montaña albergan numerosos endemismos, algunos de ellos amenazados, y constituyen uno de los ecosistemas más particulares del Parque Nacional.
Sierra Nevada es conocida por sus cumbres, por la nieve y por alcanzar las mayores alturas de la Península Ibérica. Pero una parte importante de su excepcionalidad se encuentra mucho más cerca del suelo.
Entre piedras, pastizales y pequeñas zonas húmedas sobreviven especies que han permanecido aisladas durante miles de años. Algunas ocupan apenas unos kilómetros cuadrados y su único lugar en el mundo continúa estando en las montañas de Granada y Almería.