"Patera-taxi" que llegó al litoral de Carboneras (Almería)

«Patera-taxi» que llegó al litoral de Carboneras (Almería)Guardia Civil / Foto de archivo de Europa Press

La otra frontera sur fuera del foco mediático: el problema de seguridad para la costa de Almería

Mientras la invasión de la ciudad autónoma concentra la atención política, el litoral almeriense sigue recibiendo embarcaciones desde el norte de África a través de una ruta mucho más dispersa y difícil de vigilar

La invasión de Ceuta ha vuelto a situar la frontera sur de España en el centro del debate político. La entrada masiva desde Marruecos y las dudas abiertas sobre el papel de Rabat han monopolizado durante semanas la atención, pero a cientos de kilómetros hacia el este existe otra frontera mucho menos visible que mantiene una presión constante: la costa de Almería.

Aquí no hay una valla ni un paso fronterizo en el que puedan concentrarse miles de personas. La frontera es el Mediterráneo y la principal vía de llegada procede de Argelia, desde donde parten embarcaciones que intentan alcanzar distintos puntos del litoral almeriense.

El fenómeno tiene menos impacto visual que una avalancha sobre Ceuta, pero presenta un problema diferente para las fuerzas de seguridad: controlar más de 200 kilómetros de costa y localizar embarcaciones que pueden cambiar de ruta, velocidad o punto de desembarco para evitar ser detectadas.

La ruta argelina que termina en Almería

La posición geográfica de Almería la ha convertido durante años en uno de los principales puntos de llegada de embarcaciones procedentes del norte de África.

A diferencia de Ceuta, donde Marruecos está a pocos metros, las travesías hacia Almería obligan a recorrer una distancia considerable por mar. Muchas salidas se producen desde la costa de Argelia, desde donde las organizaciones dedicadas al tráfico de personas buscan puntos de desembarco en el sureste peninsular.

Durante los últimos años se ha consolidado además el uso de embarcaciones más rápidas, conocidas popularmente como «pateras-taxi», capaces de reducir considerablemente el tiempo de travesía.

El negocio detrás de estas rutas tampoco es menor. Las investigaciones policiales han documentado organizaciones que trasladan inmigrantes hacia las costas de Almería, Murcia, Alicante o Baleares utilizando barcos de alta velocidad y cobrando importantes cantidades por cada plaza.

Este mismo verano, Policía Nacional y Guardia Civil desarticularon junto a Europol una estructura especializada en el tráfico marítimo de personas entre Argelia y España.

Los investigadores relacionaron al grupo con decenas de travesías y con el traslado de más de 2.000 personas.

Almería aparece además de forma recurrente en operaciones contra redes que no solo trasladan personas, sino que también facilitan embarcaciones, combustible y apoyo logístico a organizaciones asentadas a ambos lados del Mediterráneo.

Más presión marítima

La fotografía general de España puede llevar a engaño. Las llegadas irregulares al conjunto del país han descendido respecto al año anterior, pero esa caída no se reproduce de igual manera en todas las rutas.

Hasta finales de agosto habían llegado por mar a la Península 5.654 personas, frente a las 4.722 contabilizadas durante el mismo periodo de 2025. Es decir, mientras el balance nacional se beneficia especialmente del descenso registrado en Canarias, la ruta marítima peninsular ha aumentado cerca de un 20 %.

Almería se encuentra dentro de ese corredor mediterráneo y mantiene una actividad constante. Datos difundidos durante el verano situaban en cerca de 1.700 las personas interceptadas en la provincia hasta mediados de julio, procedentes principalmente de Argelia y Marruecos.

La presión se reparte además por numerosos puntos del litoral. Cabo de Gata, Níjar, Carboneras y otras zonas de la costa aparecen habitualmente vinculadas a desembarcos o interceptaciones.

En algunos casos las embarcaciones son localizadas en alta mar por Salvamento Marítimo o Guardia Civil. En otros, consiguen alcanzar tierra antes de que sus ocupantes sean detectados y muchos de ellos bajo las miradas de los bañistas.

Esa dispersión constituye precisamente una de las principales diferencias con Ceuta. Allí la vigilancia puede concentrarse en unos pocos kilómetros de frontera terrestre y marítima. En Almería, el dispositivo debe cubrir una enorme superficie de Mediterráneo sin saber con exactitud dónde aparecerá la siguiente embarcación.

Una presión menos visible que en Ceuta

La crisis de Ceuta ha demostrado lo rápido que puede deteriorarse la situación cuando miles de personas se concentran junto a una frontera terrestre. Los últimos informes policiales han puesto además el foco sobre Marruecos y sobre la actuación de sus fuerzas de seguridad durante la entrada masiva, una cuestión que continúa bajo investigación.

Almería plantea un escenario completamente diferente. Aquí no existe una avalancha concentrada en unas horas, sino un flujo más fragmentado que se mantiene durante buena parte del año.

La provincia afronta así una presión migratoria que rara vez genera las imágenes de Ceuta, pero que obliga a mantener dispositivos permanentes de vigilancia, rescate e investigación contra las mafias.

También cambia el país de referencia. Marruecos es el actor fundamental en Ceuta; Argelia lo es en buena parte de las rutas que alcanzan Almería. Esa diferencia condiciona tanto los trayectos como la cooperación policial y la lucha contra las organizaciones que operan desde el norte de África.

La invasión de Ceuta ha devuelto la frontera sur a las portadas, pero Almería recuerda que esa frontera se extiende mucho más allá del Tarajal. En la provincia almeriense no hace falta que decenas de miles de personas lleguen en un mismo día para mantener la presión: el desafío se repite embarcación a embarcación, noche tras noche, a lo largo de cientos de kilómetros de Mediterráneo.

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