La granadina inició su carrera en Granada y la ha desarrollado entre el teatro y la música en Madrid
Entrevista
Laura Porras, de Granada a ‘Machos Alfa’: «Lo que se ve es solo la punta del iceberg»
La actriz y cantante habla con El Debate de sus raíces en la Alpujarra, de su salto a la ficción y de La Solana, el proyecto musical que comparte con el compositor Alejandro Pelayo
Laura Porras Torres (2002) creció en Granada entre la música y la interpretación. Durante años compaginó sus estudios con clases de canto, teatro e interpretación ante la cámara, hasta que decidió apostar profesionalmente por una carrera artística que comenzó en su ciudad y que después la llevó a Madrid.
La joven actriz granadina ha trabajado en montajes como Chavela y ha dado el salto a la ficción con Machos Alfa, la comedia de Netflix creada por los hermanos Caballero. Una experiencia que define como la parte visible de muchas pruebas y rechazos previos. Ahora atraviesa una etapa especialmente creativa con La Solana, el proyecto musical que comparte con el pianista y compositor Alejandro Pelayo y en el que confluyen memoria, costumbrismo, raíces familiares e influencia lorquiana.
En conversación con El Debate, Laura habla de sus raíces alpujarreñas, de las dificultades para abrirse camino en la interpretación, de la necesidad de salir fuera para determinadas oportunidades y del momento artístico en el que se encuentra.
–Has pasado de cantar de niña en la Alpujarra a trabajar en Madrid y participar en producciones de gran éxito como Machos Alfa. ¿En qué momento sentiste que aquello que empezó como una afición podía convertirse realmente en tu profesión?
–Siempre he querido dedicarme a esto. Desde niña me ha gustado cantar y escribir canciones, pero también era muy vergonzosa.
En Bachillerato hice Ciencias y estaba muy interesada en la materia. Quería estudiar Psicología y era un camino más tangible que me apasionaba por igual. A día de hoy es algo que todavía me ronda la cabeza.
Por las tardes estudiaba música y canto en la escuela del barrio y asistía a clases de teatro e interpretación ante la cámara. Había encontrado un equilibrio entre ambas cosas y había un punto de tranquilidad en pensar que iba a ir a la Universidad como el resto de mis compañeros.
Participé en mis primeros proyectos artísticos a nivel profesional en Granada. Poco a poco fui perdiendo en gran medida la vergüenza y empecé a disfrutar cada vez más.
Después de hacer Selectividad y obtener la nota para la carrera, ya había encontrado un pequeño camino por el que avanzar a nivel artístico. Me iba bien y encontraba trabajo en pequeños proyectos, así que, animada por mis compañeros y mi familia, decidí dar una oportunidad a las artes a nivel profesional.
A día de hoy sigo avanzando por ese caminito que abrí entonces, aunque no descarto ponerme a estudiar si en algún momento se dan las circunstancias adecuadas.
–¿Qué peso tienen Granada y tus raíces alpujarreñas en tu manera de entender la música, la interpretación y también a la hora de crear?
–Creo que lo que uno hace siempre está lleno de lo que uno es, incluso cuando uno no quiere. Granada es la ciudad en la que he crecido y la Alpujarra son mis raíces y mi familia.
Mi manera de moverme, de expresarme, mi acento al hablar, los valores que defiendo, mis recuerdos y vivencias... Todo lo que me define tiene su origen allí.
Mis raíces atraviesan mi manera de mirar y entender el mundo, que es lo que alimenta el arte que hago. Así que, en cierto modo, creo que son la fuente principal de creación para mí, independientemente de lo que esté haciendo.
–¿Cómo llegó la oportunidad de participar en Machos Alfa y qué supuso para ti formar parte de una producción de ese alcance?
–Tras participar en la obra de teatro Chavela empecé a trabajar junto a Elisenda Bartolomé, representante actoral de la agencia Actores con Alma.
Desde entonces he accedido a pruebas de ficción con directores de casting nuevos para mí. Mandamos todas ellas y la inmensa mayoría no salen. Hacer ficción para mí es una carrera de fondo: llamar a todas las puertas, esforzarse todo lo posible en las pruebas y entender que el «no» siempre es parte del proceso.
Después de unas semanas haciendo varias pruebas que no salieron, un viernes de julio llamaron directamente a Eli para que ese mismo lunes fuera a grabar unas secuencias para la serie.
Quizás me vieron en el teatro, quizás les llegó alguna prueba o material mío... Nunca lo sabremos. Solo me deja clara la importancia de sembrar todo lo que se pueda.
Esas secuencias que hoy están al alcance de todos son la punta del iceberg visible tras muchas horas de pruebas y proyectos no tan mediáticos, pero de igual o superior exigencia.
Recibí la noticia con mucha ilusión y fue un chute de energía para seguir persiguiendo mis objetivos profesionales. Para mí fue una experiencia maravillosa y la recuerdo con mucho cariño. Fue mi primer proyecto en ficción y espero que vengan muchos más.
–En La Solana habláis de memoria, herencia, de lo cotidiano y de una fuerte influencia lorquiana. ¿Cómo nace el proyecto junto a Alejandro Pelayo y qué queréis contar con esas canciones y textos?
–La Solana nace en el teatro. Alejandro y yo compusimos una canción para la obra Chavela llamada La despedida, cuya letra es un poema de Lorca con el mismo nombre.
Somos dos personas de generaciones e influencias muy distintas y de raíces españolas, pero distantes, ya que él es santanderino. Fue sencillo trabajar juntos y nos dimos cuenta de que la mezcla entre lo que él hace y lo que hago yo es complementaria y da un resultado muy concreto y nuevo para nosotros.
A raíz de ahí empezamos a componer juntos y a dar forma a las que ya suman 13 canciones, bautizadas conjuntamente como La Solana. Son canciones bañadas en costumbrismo, con una gran influencia lorquiana. Seguimos componiendo, así que esperamos que sean muchas más.
Las estrenamos en mayo en la Sala Mirador, en Lavapiés (Madrid), y actualmente estamos haciendo bolos y grabando con la idea de que en un futuro se conviertan en un disco.
La solana es la parte de la casa en la que da el sol, donde se seca la semilla, donde se tumba el perro y donde se sentaban las mujeres a tejer. Para nosotros, La Solana es ese lugar cotidiano en el que, sin prisa, pasan las cosas importantes.
También, casualmente, es el nombre que recibe el cortijo en el que nació mi abuela materna, en plena Alpujarra granadina, que visitamos este pasado julio.
Es un lugar común del ayer, del mañana y del hoy. Es norte y es sur, es herencia, pero también es futuro, y en él caben dos mundos y generaciones tan alejadas como la de Alejandro y la mía.
Con las canciones queremos generar esa sensación cálida y lenta, ese espacio en el que durante un rato se pueda estar, en cuerpo y alma, a gusto en un sitio.
Alejandro Pelayo y Laura Porras en el proyecto musical La Solana
–Después de trabajar fuera, ¿crees que para una artista granadina sigue siendo necesario marcharse de Andalucía para encontrar oportunidades o ves cada vez más posibilidades de desarrollar una carrera desde aquí?
–Creo que, como todo, depende de la persona y de la carrera que quiera construir cada uno.
Sí creo que, a nivel formativo, es recomendable salir porque permite entrar en contacto con muchas más cosas que en Granada no se ofrecen. En cuanto a cursos y formación en las diferentes disciplinas, creo que la oferta formativa es mucho mayor en Madrid.
Luego también hay cosas concretas para las que creo que sí es necesario salir, como el teatro en producciones de ámbito nacional o en grandes producciones, que al final era el formato de trabajo en el que yo quería entrar. Creo que es más accesible estando en Madrid porque el teatro es algo del día a día: tienes que estar presente y ensayando.
No es como una ficción, para la que a lo mejor puedes desplazarte para hacer una prueba y posteriormente durante el periodo de rodaje, pero mantener tu residencia en otro sitio. El teatro, si quieres trabajar en ese formato, sí requiere estar día a día en un lugar en el que exista esa oferta.
Sin embargo, creo que también existe otra manera de desarrollar una carrera que yo no he vivido y sobre la que tampoco puedo hablar demasiado, como el teatro más independiente o incluso los proyectos propios. Ese camino quizá sí puede desarrollarse desde una capital más pequeña.
Pero si lo que buscas es entrar en producciones de grandes productoras, Madrid o Barcelona tienen más oferta de trabajo, especialmente en teatro.
En la música sí creo que actualmente es más posible desarrollar una carrera desde otros lugares. Pienso que puede ser más difícil porque al final te vas a Madrid y hay muchos más sitios a los que acceder. El boca a boca, al menos en mi experiencia, hace que sientas que existen más puertas a las que llamar, pero no es imposible.
Con las plataformas y las herramientas que existen hoy, la música puede llegar a muchísima gente sin necesidad siquiera de salir de casa. A la vista está que hay grandes carreras que se han desarrollado así. Al final, creo que depende de lo que cada uno quiera construir.
La
La actriz granadina Laura Porras
–Te mueves entre la interpretación, el teatro y la música. ¿Dónde sientes que está ahora mismo tu identidad artística y hacia dónde te gustaría llevar tu carrera en los próximos años?
–Actualmente, y de cara a este año que entra, siento que mi energía está centrada en este nuevo proyecto, en La Solana. Al final es un proyecto propio que me permite crear, que es lo que más me apetece ahora mismo.
Crear ya no solo desde mi parcela o como una parte del total, desde mi personaje o formando parte del proyecto de otra persona, sino que, al ser nuestro, todo lo que levantamos nace de mi deseo y del de mi compañero. Y eso es algo que ahora mismo me apetece mucho.
Por otro lado, disfruto muchísimo del teatro y tengo ganas de seguir viviendo las experiencias que me brinda la interpretación, dar vida a nuevos personajes y que lleguen proyectos que me permitan desarrollar otros aspectos de mi faceta como actriz, tanto en teatro como en ficción.
También durante este último año he realizado una formación más profunda en técnica vocal a nivel pedagógico en la escuela Diga-ah, ya que la idea de acompañar a otros cantantes y actores en el uso de su voz es algo que llama mi atención de cara al futuro.
En resumen, durante estos años me veo sobre todo dando forma y levantando mi proyecto personal junto a Alejandro y, Dios quiera, recibiendo nuevas oportunidades en el mundo de la interpretación que me permitan seguir creciendo y desarrollando mi carrera como actriz.