Sombrillas de esparto

Sombrillas de espartoSombra y Relax

El pueblo de Jaén que fabrica a mano las sombrillas de esparto que llegan a playas de toda España

Jódar mantiene vivo un oficio tradicional que produce alrededor de 3.000 sombrillas al año y abastece a hoteles, chiringuitos y zonas turísticas dentro y fuera del país

Quien este verano se haya refugiado del sol bajo una sombrilla de esparto en una playa española ha podido estar utilizando un producto fabricado a cientos de kilómetros del mar. En Jódar, un municipio de Jaén situado a los pies de Sierra Mágina, esta fibra vegetal continúa transformándose de manera artesanal en uno de los elementos más reconocibles de la temporada estival.

La localidad conserva varios talleres dedicados a trabajar el esparto y produce alrededor de 3.000 sombrillas cada año, según los datos que ofrece el propio Ayuntamiento. Buena parte termina en establecimientos y zonas turísticas de la Costa del Sol y el Levante, aunque también hay pedidos que salen fuera de España.

La historia resulta especialmente singular porque detrás de muchas de estas piezas sigue existiendo un trabajo manual que durante décadas estuvo estrechamente ligado a las familias del municipio. Una industria tradicional que perdió gran parte de su peso durante la segunda mitad del siglo XX, pero que en Jódar ha encontrado precisamente en las sombrillas una forma de supervivencia.

Del monte a la playa

Antes de convertirse en una sombrilla, el esparto atraviesa un proceso que poco tiene que ver con una cadena industrial moderna. La fibra se obtiene de la atocha, una planta habitual en los paisajes secos del sureste peninsular, y tradicionalmente se recogía en el monte utilizando herramientas específicas.

Después llegaban distintas fases de preparación: secado, remojo y tratamiento de la fibra hasta conseguir un material suficientemente flexible para poder trabajarlo. A partir de ahí se elaboran las piezas que acabarán formando la cubierta de las sombrillas.

El esparto tuvo durante siglos multitud de aplicaciones. Sirvió para fabricar cuerdas, cestos, esteras, sacos, utensilios agrícolas e incluso elementos utilizados en la construcción. La aparición de materiales sintéticos y la mecanización del campo provocaron que desde los años 60 su explotación se redujera drásticamente. El Ministerio de Cultura considera hoy su producción residual respecto a la importancia económica que llegó a alcanzar.

Jódar es precisamente una de las localidades españolas en las que este conocimiento continúa vivo. La cultura del esparto fue declarada en 2019 Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial, una protección destinada a evitar la desaparición de técnicas y saberes transmitidos durante generaciones.

Un trabajo ligado a las mujeres de Jódar

La elaboración de las sombrillas tiene además una fuerte dimensión doméstica. Un estudio del Instituto del Patrimonio Cultural de España documentó cómo algunas empresas de Jódar entregaban el material a mujeres de la localidad que realizaban parte de la confección desde sus propias casas antes de devolver las piezas terminadas para su montaje y comercialización.

Uno de los casos estudiados es Artesanía San Marcos, una empresa familiar vinculada al esparto desde comienzos del siglo XX. El informe del Ministerio señalaba las sombrillas de playa como uno de sus principales productos y describía una red de artesanas, muchas de ellas de edad avanzada, encargadas de confeccionarlas en sus domicilios.

No es la única empresa que mantiene este oficio. En Jódar continúa activa también Industria Capachera López, fundada en 1942, dedicada a la fabricación de sombrillas y otros productos de esparto destinados tanto al turismo como al sector del aceite de oliva.

Canal Sur mostraba recientemente el trabajo de dos artesanas del municipio cuyas sombrillas terminan especialmente en chiringuitos de la Costa del Sol, una muestra de cómo un trabajo realizado en el interior de Jaén acaba formando parte del paisaje habitual de las costas españolas.

De una gran industria a un oficio que resiste

El presente queda muy lejos de los años de mayor esplendor. El estudio estatal sobre los paisajes del esparto recuerda que durante los años 80 llegaron a existir en Jódar decenas de empresas dedicadas a esta actividad. La competencia de otros materiales y los cambios económicos fueron reduciendo progresivamente el sector.

Las sombrillas han permitido, sin embargo, conservar una parte de aquel conocimiento. Los clientes ya no son únicamente particulares: hoteles, piscinas, establecimientos turísticos y chiringuitos buscan este tipo de estructuras por su aspecto tradicional y por tratarse de un material natural. El mercado alcanza también Portugal, Francia y otros destinos europeos.

La artesanía local tampoco se limita a ellas. Con esparto se siguen elaborando en Jódar cestos, lámparas, esteras, botelleros y diferentes objetos decorativos, aunque son las grandes sombrillas las que se han convertido en uno de sus productos más reconocibles.

De esta forma, un oficio nacido de los montes secos del interior de Jaén continúa apareciendo cada verano junto al Mediterráneo. Miles de personas se protegen del sol bajo unas sombrillas cuyo recorrido comienza, muchas veces a mano, en las casas y talleres de un pueblo situado a más de cien kilómetros de la costa.

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