Vista de Castro de Filabres (Almería)Ayuntamiento de Castro de Filabres

Almería

Una alegría para la España vaciada: un pueblo de Almería empadrona a su primer bebé en ocho años

El Ayuntamiento celebra este acontecimiento como una victoria frente a la despoblación

l municipio almeriense de Castro de Filabres ha registrado el primer empadronamiento de un bebé en los últimos ocho años, un acontecimiento que ha sido recibido con gran entusiasmo por el Ayuntamiento de esta pequeña localidad que lucha contra los efectos de la despoblación en el ámbito rural.

La alcaldesa de Castro de Filabres, Noemí Cruz, ha detallado en declaraciones a EFE que los padres de este bebé son una mujer originaria de la propia localidad y un hombre natural del municipio de Huércal-Overa (Almería).

En la actualidad, ambos progenitores cuentan con formación especializada y trabajan en el sector sanitario, dependiendo de contratos con el Servicio Andaluz de Salud (SAS) que les obligan a desempeñar su labor profesional en Almería capital. Por este motivo, la familia reparte su tiempo y pasa temporadas viviendo en el pueblo y otras en la ciudad.

Cruz ha puesto de manifiesto las grandes complicaciones a las que se enfrentan las administraciones locales para lograr que las familias jóvenes fijen la residencia oficial de sus hijos en los municipios de menor tamaño.

La regidora ha indicado que, aunque hay habitantes que tienen descendencia, a menudo resulta inviable vincular administrativamente a los menores al padrón del pueblo debido a diversas circunstancias personales y logísticas, a las exigencias del mercado laboral actual o a los estrictos requisitos de escolarización que imponen residir en núcleos urbanos de mayor tamaño.

«Al final son padres con formación, que no encuentran empleo de su formación en el municipio y tienen que irse a trabajar a Almería o a otros sitios», ha lamentado la alcaldesa. Esta situación genera una paradoja, ya que la localidad se llena de población infantil durante los fines de semana o en épocas de vacaciones, pero estos menores no constan en las estadísticas oficiales.

La falta de niños empadronados supone un obstáculo burocrático importante para el Consistorio. Según ha explicado Cruz, el Ayuntamiento encuentra serias dificultades a la hora de adherirse a programas impulsados por otras instituciones públicas o solicitar recursos específicos, como ludotecas o talleres, al no disponer de una justificación oficial que acredite la presencia de menores en el municipio.

Una inyección de moral

Por todo ello, la notificación de esta nueva alta, que sitúa la población de Castro de Filabres en un padrón que ronda entre los 100 y 110 vecinos, ha supuesto una inyección de moral. «No estamos acostumbrados casi a que nos lleguen altas nuevas, así que cuando se trata de un niño pequeño y, sobre todo, de un recién nacido, pues todavía estamos más contentos», ha asegurado.

Más allá del aspecto meramente estadístico o administrativo, Cruz ha querido otorgar un valor emocional a este hecho. Para la primera edil, cuando un menor se empadrona en el pueblo, se materializa «una garantía de futuro para la vida en los pueblos». «Estamos firmando ese compromiso con el municipio. Unos padres deciden que la continuidad de esa tradición familiar siga vinculada al municipio», ha reflexionado.