Álvaro recibiendo el Premio SusChem 2026 en la categoría Futura
Entrevista
El químico granadino premiado por su expediente: «Quiero construir mi futuro aquí, pero hay mucha incertidumbre»
Álvaro Manuel Rodríguez, de 23 años y Premio SusChem 2026 tras graduarse con un 9,68, alerta en El Debate de las dificultades de los científicos españoles para encontrar estabilidad: «Hay investigadores que se marchan»
A sus 23 años, Álvaro Manuel Rodríguez Jiménez representa el talento de una nueva generación de científicos españoles que, pese a su excelente formación, afrontan un futuro profesional lleno de incertidumbres. Natural de Granada, terminó el Grado en Química en la Universidad de Granada (UGR) con una nota media de 9,68, un expediente que le ha valido el Premio SusChem 2026 en la categoría Futura, uno de los reconocimientos nacionales a la excelencia académica en el ámbito de la química.
Actualmente, ha comenzado su doctorado en la UGR, donde investiga el desarrollo de nuevos materiales capaces de hacer más eficientes y sostenibles determinados procesos químicos. Sin embargo, su brillante trayectoria no le garantiza poder desarrollar toda su carrera científica en España. La falta de estabilidad laboral y las dificultades para acceder a puestos de investigación permanentes son algunos de los obstáculos que identifica entre los jóvenes investigadores.
En esta entrevista con El Debate, Álvaro habla de su vocación científica, los sacrificios que le han permitido alcanzar sus resultados académicos y las razones que llevan a numerosos investigadores españoles a buscar oportunidades fuera del país. Aunque contempla realizar estancias en el extranjero, reconoce que su deseo sería construir su futuro en Granada, una posibilidad sobre la que todavía tiene muchas dudas.
–Para empezar, ¿cuántos años tienes y de qué parte de Granada eres? ¿Cuándo descubriste que te gustaba la química y qué te llevó a estudiar esta carrera?
–Tengo 23 años y soy del centro de Granada. La ciencia ha estado muy presente en mi vida desde pequeño. Mis padres son científicos: ambos estudiaron Física, mi padre es cristalógrafo y mi madre, microbióloga. Crecer viendo la pasión con la que se dedicaban a su trabajo hizo que el mundo de la investigación me resultara familiar desde muy pronto. Siempre me había llamado la atención lo que ocurría dentro de un laboratorio.
Sin embargo, fue durante el bachillerato cuando empecé a descubrir de verdad lo que me apasionaba la química. Me fascinaba comprobar cómo, a partir de unas pocas leyes y principios, podíamos explicar fenómenos muy diferentes y comprender mejor cómo funciona el mundo. La Física también me encantaba, así que no tenía nada clara la elección.
Al final, los consejos de mis padres y mis profesores fueron importantes, pero recuerdo especialmente una conversación telefónica con Ana Isabel Azuaga, actual directora del Departamento de Química Física. Me ayudó mucho a orientar mi decisión y terminé escogiendo el grado en Química. Creo que acerté de lleno, aunque sigo disfrutando muchísimo de la Física.
–Acabas de recibir el Premio SusChem 2026, que reconoce uno de los mejores expedientes académicos de España en tu especialidad. ¿Qué supone para ti este reconocimiento y cómo viviste el momento en el que te comunicaron que habías sido elegido?
–Me hace muchísima ilusión. Para mí es un reconocimiento al trabajo, la dedicación y la pasión que he puesto en la química durante estos años. Cuando me comunicaron que había recibido el premio, me quedé atónito. No me podía creer que hubiera sido seleccionado para un reconocimiento de esta categoría.
Más allá de la satisfacción personal, lo considero un impulso para seguir avanzando en la investigación. Detrás de un expediente hay muchas horas de estudio, pero también hay profesores que te inspiran, personas que te apoyan y oportunidades que te permiten descubrir lo que realmente quieres hacer. Me siento muy agradecido por todo ello.
–¿Con qué nota media terminaste el grado de Química en la Universidad de Granada? ¿Siempre has sido un estudiante de sobresaliente o tuviste que cambiar tus hábitos de estudio para conseguir estos resultados?
–Terminé la carrera con una nota media de 9,68. Un buen expediente es importante, porque puede abrirte las puertas a becas y oportunidades, especialmente al comienzo de una carrera investigadora. Sin embargo, creo que es un error obsesionarse con conseguir un diez. La nota importa, pero no debería convertirse en un fin en sí mismo. Lo fundamental es comprender lo que estudias, razonar por tu cuenta y tener curiosidad por ir más allá de lo que se explica en clase.
En mi caso, al terminar segundo de carrera empecé a colaborar en proyectos de investigación en el grupo del doctor Pablo Garrido Barros. Aquello me exigió dedicar tiempo que podría haber empleado en otras cosas, pero aprendí muchísimo y me ayudó a descubrir qué tipo de investigación quería hacer. De hecho, esa experiencia fue decisiva para orientarme hacia la tesis doctoral.
En cuanto a mis hábitos de estudio, no he tenido que cambiarlos demasiado. Mis padres y, sobre todo, mi abuela me acostumbraron desde primaria a estudiar un poco cada día. Creo que es mucho más útil atender en clase e intentar comprender los conceptos a medida que los aprendes que pasar jornadas interminables estudiando justo antes de un examen. La constancia acaba dando sus frutos.
–Detrás de un expediente académico como el tuyo hay muchas horas de dedicación. ¿Cómo ha sido tu etapa universitaria? ¿Has tenido que renunciar a determinadas cosas o atravesar momentos difíciles para alcanzar este nivel?
–Mi etapa universitaria ha sido una de las más bonitas de mi vida, porque he tenido la suerte de estudiar algo que realmente me apasiona. Pero también ha exigido sacrificios. Desde el principio tuve claro que quería dedicarme a la investigación y me marqué el objetivo de conseguir una nota que me permitiera optar a una beca predoctoral FPU. Para mí era importante intentar aprovechar al máximo las oportunidades que pudiera tener.
Eso significó que no siempre pude apuntarme a todos los planes que proponían mis amigos o mi familia. Algún viernes, mientras ellos salían de copas, yo me quedaba en casa estudiando química. Pero, como dice el refrán, la sarna con gusto no pica.
También he tenido la suerte de contar con personas que han comprendido mis prioridades y me han apoyado siempre. Mis amigos, mi familia y mi novia han sido fundamentales, especialmente en las épocas en las que he estado más ocupado.
En cualquier caso, no creo que haya que convertir el estudio en un sacrificio permanente. Es importante organizarse, aprovechar el tiempo y mantener un equilibrio. Se pueden perseguir objetivos exigentes sin renunciar a disfrutar de la vida. Para mí, la clave ha sido dedicar muchas horas a algo que de verdad quería hacer.
–Actualmente trabajas en una investigación sobre nuevos fotocatalizadores basados en metales abundantes. Para quienes no conocemos este campo, ¿en qué consiste exactamente tu trabajo y qué estáis intentando conseguir?
–Un fotocatalizador es una sustancia capaz de aprovechar la energía de la luz para facilitar una reacción química. En la naturaleza encontramos un ejemplo extraordinario en las plantas, que utilizan la luz solar para impulsar los procesos químicos que hacen posible la vida.
Nosotros queremos aprovechar una idea similar para diseñar moléculas que utilicen la luz como fuente de energía y permitan realizar determinadas reacciones químicas de una manera más eficiente. Algunas de estas reacciones requieren mucha energía o dependen de catalizadores basados en metales preciosos, como el platino o el paladio.
Nuestro objetivo es desarrollar alternativas basadas en elementos más abundantes y accesibles, capaces de llevar a cabo transformaciones químicas de interés. Todavía estamos en una fase fundamental de investigación: buscamos comprender cómo funcionan estos sistemas y qué posibilidades nos ofrecen. Pero, a largo plazo, nos gustaría contribuir al desarrollo de procesos químicos más eficientes y sostenibles.
–¿Qué aplicaciones prácticas podría tener vuestra investigación en la vida cotidiana? ¿Podría ayudar, por ejemplo, a desarrollar procesos industriales menos contaminantes o tecnologías más sostenibles?
–Todavía estamos lejos de poder hablar de aplicaciones directas en la vida cotidiana. Nuestra investigación es fundamental y se encuentra en una fase inicial, por lo que aún queda mucho trabajo antes de saber si estos sistemas podrán utilizarse a gran escala.
Sin embargo, las posibilidades son interesantes. Si conseguimos desarrollar catalizadores que aprovechen eficazmente la luz y reduzcan la dependencia de metales preciosos, podríamos contribuir a que determinadas transformaciones químicas fueran más eficientes y económicas. A largo plazo, estas tecnologías podrían tener aplicaciones en procesos industriales, como en producción sostenible de fármacos, combustibles o fertilizantes, entre muchas otras.
Eso sí, entre un descubrimiento en el laboratorio y una aplicación industrial hay un camino largo, y no todos los sistemas prometedores terminan siendo útiles fuera de él. Precisamente por eso me parece tan interesante la investigación: estamos explorando posibilidades que todavía no conocemos bien. No sabemos hasta dónde pueden llegar, y descubrirlo es parte de la motivación.
–¿Cómo valoras la formación que has recibido en la Universidad de Granada? ¿Has tenido algún profesor o investigador que haya influido especialmente en tu trayectoria?
–Mi experiencia en la Universidad de Granada ha sido magnífica. He tenido profesores extraordinarios en distintos departamentos y creo que una de las grandes fortalezas de la Facultad de Ciencias es contar con docentes que reúnen una enorme experiencia y una auténtica vocación por enseñar.
La química es una disciplina con una larga trayectoria en la Universidad de Granada, y eso se refleja en la formación que recibimos. He tenido la suerte de asistir a clases impartidas por profesores que no solo dominan su materia, sino que, en muchos casos, han vivido de cerca los avances científicos que explican. Además, al seguir vinculados a la investigación, pueden transmitir una visión actual de la disciplina.
Si tengo que destacar a una persona en particular, hablaría de Pablo Garrido Barros, mi tutor de tesis. Aunque no fue profesor mío en ninguna asignatura, me acogió hace unos tres años, cuando empecé a interesarme por la investigación. Desde entonces me ha dado mucha libertad para desarrollar mis propias ideas, plantear hipótesis y explorar cuestiones que me resultan interesantes.
También se ha esforzado enormemente por conseguir los medios necesarios para que podamos investigar en buenas condiciones. La financiación que ha obtenido mediante proyectos europeos nos permite trabajar con recursos y centrarnos en la ciencia. Para mí, contar con esa confianza y esa libertad ha sido fundamental. Estoy muy agradecido por la oportunidad de haber empezado mi carrera investigadora en su grupo.
–Muchos jóvenes investigadores españoles terminan marchándose al extranjero para desarrollar sus carreras. ¿Crees que España ofrece suficientes oportunidades y recursos para dedicarse a la investigación científica o sigue siendo difícil encontrar estabilidad?
–Creo que uno de los grandes problemas de la investigación en España es la dificultad para conseguir estabilidad. Formarse como científico exige muchos años de trabajo y especialización, y después de ese recorrido sigue siendo complicado acceder a una posición estable en una universidad o en un centro de investigación.
Las convocatorias son muy competitivas y ni siquiera conseguir un contrato posdoctoral prestigioso garantiza que puedas consolidar tu carrera en la institución donde trabajas. En muchos casos, además, realizar estancias en el extranjero resulta muy importante para construir un currículum competitivo. Por eso hay investigadores que se marchan no tanto porque quieran abandonar España, sino porque necesitan encontrar oportunidades para seguir avanzando.
No creo que haya un único responsable de esta situación, pero sí considero que hacen falta más recursos y mejores vías para estabilizar a investigadores con una trayectoria prometedora. Me parece una pena que personas con una formación excelente y una auténtica vocación científica no siempre puedan desarrollar aquí sus proyectos a largo plazo. A mí me encantaría construir mi futuro en Granada, pero hay mucha incertidumbre y pocas garantías de que pueda ser así.
–Entre las oportunidades vinculadas a estos premios se encuentra la posibilidad de realizar un doctorado en la Universidad de Cambridge. ¿Te planteas investigar en el extranjero o te gustaría continuar desarrollando tu carrera en Granada? ¿Qué proyectos tienes ahora mismo?
–La posibilidad de realizar un doctorado en Cambridge es extraordinaria, pero he decidido comenzar esta etapa en Granada. El grupo de Pablo trabaja en líneas que encajan muy bien con mis intereses y cuenta con unas condiciones de investigación que considero excepcionales. Además, al ser de aquí puedo compartir estos años con mi familia, mis amigos y mis abuelos también ha pesado en mi decisión.
Eso no significa que quiera renunciar a la experiencia internacional. Al contrario: creo que salir al extranjero es una oportunidad magnífica para aprender otras formas de trabajar, conocer nuevos grupos y ampliar la perspectiva científica. Mi intención es realizar estancias internacionales durante el doctorado y, probablemente, pasar también una etapa posdoctoral fuera de España. A más largo plazo, me encantaría volver a Granada, aunque soy consciente de que conseguir estabilidad como investigador no es sencillo.
En cuanto a mi trabajo, acabo de empezar la doctorado en el tema que he comentado previamente. Ahora mismo estoy en una fase de exploración, terminé el proyecto que desarrollé durante el trabajo de fin de máster y toca empezar a plantear nuevas preguntas, leer bibliografía y probar hipótesis. La investigación tiene una parte muy estimulante y otra frustrante: muchas ideas no funcionan, y a veces puedes dedicar bastante tiempo a una vía que finalmente no conduce a donde esperabas. Pero eso también forma parte del proceso. Aprendes a ser autocrítico, a revisar tus planteamientos y a buscar alternativas.
Mi objetivo ahora es encontrar una línea de trabajo que me apasione y en la que pueda aportar algo novedoso. Acabo de empezar, así que todavía hay mucho por descubrir.
Me parece una pena que personas con una formación excelente y una auténtica vocación científica no siempre puedan desarrollar aquí sus proyectos a largo plazo
–Mirando al futuro, ¿hasta dónde te gustaría llegar como investigador? ¿Qué te gustaría conseguir con tu trabajo y qué consejo darías a los jóvenes granadinos que están empezando sus estudios universitarios?
–Profesionalmente, me encantaría llegar a ser catedrático de la Universidad de Granada. Me apasiona esta ciudad y me haría mucha ilusión contribuir a su desarrollo científico y formar a nuevas generaciones de estudiantes. Estoy muy agradecido por la formación que he recibido aquí, y poder devolver una parte de lo que me ha dado la universidad sería muy especial.
En cualquier caso, por encima de un cargo concreto, lo que quiero es dedicarme a investigar, trabajar en buenas condiciones y contar con la confianza y los medios necesarios para desarrollar mis ideas.
En cuanto a mi investigación, me gustaría que algunas de las ideas que exploramos en el laboratorio acabaran abriendo nuevas vías para desarrollar procesos químicos más eficientes y sostenibles en la industria. La investigación fundamental requiere paciencia; no todos los descubrimientos tienen una aplicación inmediata y, a veces, pasan muchos años antes de que una idea encuentre una utilidad práctica. Pero eso no significa que carezca de valor. Una parte esencial de la ciencia consiste precisamente en descubrir cosas que todavía no sabemos para qué servirán.
A los jóvenes granadinos que empiezan la universidad les diría que intenten descubrir qué les apasiona y que no estudien únicamente para aprobar. Que pregunten, lean, profundicen en aquello que les despierte curiosidad y aprovechen la oportunidad de aprender de sus profesores. También les aconsejaría que sean constantes, que se organicen bien y que no se desanimen cuando algo no salga a la primera.
La universidad es una oportunidad extraordinaria para aprender, crecer y abrirse caminos que quizá al principio ni siquiera imaginamos. Creo que merece la pena aprovecharla al máximo, no solo para construir nuestro futuro profesional, sino también para contribuir, desde lo que cada uno sabe hacer, al progreso de la sociedad.