Según la leyenda, un emir enamorado regaló a su amada, una vejeriega, una copia exacta de su localidad natal para curarla de la nostalgia de haber tenido que abandonar España en favor de Marruecos. Así pues, el hermanamiento de Vejer y Chefchaouen hunde sus raíces en el propio origen del pueblo azul marroquí. A día de hoy, ambos municipios están oficialmente hermanados y realizan actividades conjuntas. El aire que comparten ambas, cada una a un lado del Estrecho, es el mismo: calles recoletas, con vericuetos, encaladas y salteadas de flores y árboles. Si uno quiere viajar a Marruecos sin salir de España, solo tiene que acercarse a Vejer y de paso completar la experiencia con otra «réplica exacta», la cercana Medina Sidonia.