La antigua estación de El Portal, en Jerez de la Frontera (Cádiz), en estado ruinoso
Cádiz La histórica estación ligada a la Azucarera Jerezana agoniza entre derrumbes, expolio y vandalismo
Su grave deterioro motiva su reciente incorporación a la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra
La antigua estación de ferrocarril de El Portal, en Jerez de la Frontera, se encuentra al borde de la ruina después de casi dos décadas de abandono. El derrumbe de buena parte de su cubierta, la desaparición de puertas y ventanas y los continuos actos vandálicos amenazan la conservación de uno de los edificios ferroviarios con mayor valor histórico e industrial de la provincia de Cádiz.
Su grave deterioro ha motivado incluso su reciente incorporación a la Lista Roja del Patrimonio de la asociación Hispania Nostra, que «recoge aquellos elementos del patrimonio cultural español que se encuentran sometidos a riesgo de desaparición, destrucción o alteración esencial de sus valores, con el objetivo de darlos a conocer y lograr su consolidación o restauración».
Cerrada desde el 27 de julio de 2007, cuando la construcción de la línea de Alta Velocidad modificó el trazado ferroviario y dejó fuera de servicio estas instalaciones, la estación no ha recibido actuaciones de conservación desde entonces. La falta de mantenimiento ha permitido que el paso del tiempo, la humedad y el expolio deterioren un inmueble que durante más de un siglo desempeñó un papel esencial en las comunicaciones de la comarca.
Mucho antes de la construcción del edificio actual, el ferrocarril ya había marcado la historia de este enclave. En 1854 comenzó a funcionar la línea entre Jerez de la Frontera y El Puerto de Santa María, considerada el segundo tramo ferroviario de la historia de la Península. El crecimiento económico de El Portal llevó décadas después a levantar una estación definitiva, inaugurada el 1 de enero de 1904 para atender el aumento del tráfico de viajeros y mercancías.
El impulso industrial de la zona fue decisivo para su construcción. La implantación de la Azucarera Jerezana y la expansión del cultivo de la remolacha en las tierras próximas al río Guadalete convirtieron El Portal en un importante núcleo fabril entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. Ante esa intensa actividad, la Compañía de los Ferrocarriles Andaluces sustituyó las antiguas instalaciones por un edificio más amplio y funcional.
Las primeras construcciones en El Portal, más allá de las chozas originarias, tuvieron como fin albergar las oficinas de la Azucarera y las viviendas de los trabajadores
Desde el punto de vista arquitectónico, la estación constituye un notable ejemplo de la arquitectura ferroviaria desarrollada en Andalucía a principios del siglo XX. El edificio principal, de dos plantas, combinaba las dependencias operativas con la vivienda del jefe de estación, mientras que un cuerpo lateral acogía la sala de espera y las oficinas. La utilización de ladrillo visto, piedra arenisca y cubiertas de teja plana otorgaba al conjunto una imagen característica de la compañía ferroviaria.
Todavía permanecen algunos elementos que recuerdan su pasado, como la inscripción con el nombre de 'EL PORTAL', parte del antiguo muelle de carga y la valla de fundición que delimitaba el recinto ferroviario. La estación compartía materiales, soluciones constructivas y estética con otros edificios vinculados a la cercana Azucarera Jerezana, formando un conjunto industrial de gran valor histórico en la ribera del Guadalete.
El estado actual del inmueble refleja años de abandono. El desplome de la cubierta ha dejado el interior completamente expuesto a la lluvia y a la humedad, acelerando el deterioro de los muros y de los elementos constructivos que aún permanecen en pie. La ausencia de puertas y ventanas facilita además el acceso libre al edificio, favoreciendo nuevos actos de vandalismo y la sustracción de piezas originales.
La estación es de propiedad pública y pertenece, concretamente, al Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif). Sin embargo, no cuenta con una figura específica de protección legal, lo que dificulta la puesta en marcha de medidas de conservación acordes con sus valores históricos, arquitectónicos e industriales, condenando a uno de los testimonios más relevantes del patrimonio ferroviario e industrial de Andalucía a una degradación que podría llegar a ser irreversible.