El alcalde de Algeciras (Cádiz), José Ignacio Landaluce, en una imagen de archivoEuropa Press

Cádiz  La militante del PP que denunció al alcalde de Algeciras rompe su silencio: «El miedo ha cambiado de bando»

La denunciante se dirige a los algecireños en una carta donde explica cómo está viviendo esta situación: «Ojalá ninguno de vosotros tenga que vivir algo parecido»

Ha roto su silencio la militante de las Nuevas Generaciones del Partido Popular que ha denunciado al todavía alcalde de Algeciras (Cádiz), José Ignacio Landaluce, por un presunto delito de agresión sexual. Lo ha hecho en una carta remitida al diario local Europa Sur donde se dirige a los algecireños para contarles cómo está afrontando esta situación, el daño que le provocan ciertos comentarios y los motivos que retrasaron tres meses la presentación de la denuncia.

«No escribo esta carta con la intención de convencer a nadie ni de pedir que confíen en mi palabra», comienza diciendo la denunciante, que ha decidido dirigirse a su ciudad porque necesita hablar con las personas «con las que he crecido y también a quienes, sin conocer por completo mi historia, ya han sacado sus propias conclusiones sobre mí y sobre lo que me ha tocado vivir», dice textualmente.

La denunciante reconoce que su vida ha cambiado profundamente en apenas tres meses. «Hay experiencias que te transforman profundamente, que cambian la forma en la que ves a los demás, el mundo e incluso a ti misma», escribe. No obstante, subraya que existe algo que tiene claro: «No voy a permitir que lo que he vivido cambie la persona que soy».

En su carta, la mujer también expresa el conflicto emocional que siente respecto a Algeciras. «Quiero profundamente a Algeciras. Es mi hogar, mi ciudad y el lugar al que siento que pertenezco. Pero ahora hay momentos en los que lo único que deseo es irme. Necesito alejarme de todo lo que estoy viviendo, de los recuerdos, de las miradas y de los comentarios. Jamás pensé que llegaría a necesitar distancia de una ciudad a la que quiero tanto», admite.

De hecho, uno de los aspectos que más le entristecen, según sus palabras, es la reacción de quienes cuestionan su testimonio: «Durante estos días he leído numerosos comentarios en los que se pone en duda el testimonio de una víctima. Quiero decir algo a quienes lo hacen: comprendo que haya personas que lo defiendan, porque yo también he estado en ese lugar. Lo conozco desde hace más de quince años y nunca habría imaginado que pudiera sucederme algo semejante».

«Me entristecen especialmente algunos comentarios escritos por mujeres. No lo digo desde el enfado ni desde el rencor, sino desde la tristeza de comprobar que, en ocasiones, no somos conscientes del daño que podemos provocar al juzgar a otra mujer sin conocer lo que ha vivido. A todas ellas solo puedo desearles que nunca tengan que atravesar una situación parecida. Ni ellas, ni sus hijas, sus hermanas, sus madres o cualquier otra persona a la que quieran», añade.

«No busco cambiar la opinión de nadie», sostiene la denunciante, que considera que quienes han decidido no creerla probablemente seguirán encontrando razones para mantener esa postura. Sí pide, en cambio, que se reflexione antes de publicar determinados mensajes. «Detrás de una denuncia hay una persona, alguien que tiene sentimientos, que sufre, que cuenta con una familia, que siente miedo y que también merece la oportunidad de intentar reconstruir su vida», recuerda.

A continuación, la mujer aborda directamente una de las cuestiones que han suscitado preguntas: por qué tardó tres meses en denunciar. «La respuesta es el miedo. Miedo a todo lo que podía venir después, a enfrentarme a esta situación, a que pusieran en duda mi palabra y a encontrarme con comentarios como los que estoy leyendo ahora», afirma.

«Tenía miedo de que, además de afrontar lo que había sucedido, tuviera que salir públicamente a defenderme de personas que desconocen mi historia. Y, por desgracia, algunos de esos temores se han cumplido», añade. No obstante, «el miedo ha cambiado de bando», asegura la mujer, que ha tomado «la decisión de denunciar, de seguir adelante y de luchar hasta el final». «No quiero que el miedo continúe tomando decisiones por mí», apostilla.

La mujer también agradece el respaldo que está recibiendo de su entorno más cercano: «Por suerte, no estoy atravesando todo esto sola. Tengo a mi lado a mi familia, a mis amigos y a quienes realmente me conocen, personas que saben cómo soy y que me están apoyando en unos momentos especialmente complicados. Quiero dar las gracias públicamente por todas las llamadas, los mensajes y las muestras de cariño que estoy recibiendo estos días. Cada gesto de apoyo significa mucho para mí».

Para terminar, la denunciante insiste en que no pide a sus conciudadanos que le den la razón. «Solo le pido que recuerde que detrás de todo lo que se está diciendo hay una persona. Que escuche antes de juzgar, que piense antes de señalar y que no dé nada por sentado simplemente porque conoce, o cree conocer, a una de las personas implicadas en esta historia».

La mujer concluye con un deseo dirigido a la ciudadanía: «Ojalá ninguno de vosotros tenga que vivir algo parecido para llegar a comprender lo que hoy estoy intentando expresar con estas palabras».