Son muchos los turistas que se fotografían a diario junto a la estatua del autor y desconocen su vínculo con la ciudad
Málaga
El famoso danés, autor de 'El Patito Feo', que se enamoró de Málaga y tiene una escultura en la ciudad
De su periplo por nuestro país en 1862 recorriendo Madrid, Barcelona, Valencia y Granada, entre muchas otras ciudades, nació su libro Viaje por España, donde cuenta sus vivencias e impresiones (no todas positivas) acerca de los lugares que conoció
A muchos caminantes, casi todos viajeros o malagueños por unas cuantas horas, en su paseo hasta la inevitable calle Larios por la Alameda Principal, les sorprende una escultura que invita a sentarse a su lado, a descansar de tanto sortear turistas y a disfrutar de la avenida más bonita de Málaga desde una perspectiva diferente y reposada, lejos del tumulto y reservada sólo para los más observadores.
La estatua de bronce, un elegante hombre del siglo XIX, con sombrero de copa, pajarita, maleta y un libro en la mano, deja un espacio en el banco sobre el que descansa para todo aquel que quiera acompañarle durante un rato. Un patito sale de su maleta, un guiño al personaje estrella de uno de sus cuentos más famosos y recordado por generaciones, El patito feo.
La escultura representa al escritor danés Hans Christian Andersen, uno de los grandes iconos de la literatura infantil de todos los tiempos que escribió 168 cuentos que han sido traducidos a más de un centenar de idiomas y que han inspirado películas de animación, obras de teatro y piezas de ballet. La obra en bronce la firma el escultor José María Córdoba que, por encargo de la Casa Real Danesa, realizó esta estatua en 2005 con motivo del bicentenario de Andersen, una figura de la literatura universal muy querida en Málaga.
Y es que el autor de cuentos tan clásicos e inolvidables como La Sirenita, El soldadito de plomo o La princesa y el guisante visitó la ciudad de Málaga en 1862, a la edad de 58 años, dentro de un intenso viaje de más de tres meses por nuestro país que le llevó a conocer no sólo la capital andaluza, sino también Barcelona, Valencia, Alicante, Elche, Murcia, Granada, Cádiz, Sevilla, Córdoba, San Sebastián, Toledo, Burgos y Madrid. Andersen llegó a España deseando encontrar todo aquello que había escuchado acerca de nuestro país: la mezcla de culturas, la influencia oriental, la pervivencia de las tradiciones, la belleza de las mujeres y las raíces de antiguas civilizaciones.
«Málaga, hermosa ciudad, aquí me siento como en casa»
De este gran viaje extrajo sus experiencias, tanto las positivas como las negativas, y las plasmó en un gran libro, Viaje por España, en el que Málaga recibe los mejores piropos y alabanzas por parte del danés, que quedó absolutamente cautivado por la belleza de sus calles, por el mar, la luz y la gente. «En ninguna otra ciudad española he llegado a sentirme tan dichoso y tan a gusto como en Málaga», escribió.
Durante su estancia en la ciudad, Andersen se instaló en la Fonda de Oriente, un antiguo hotel de estilo francés cuyo balcón daba a la Alameda Principal. Desde allí, el danés se asomaba y disfrutaba sólo con ver a la gente pasar. Para el escritor, los malagueños eran, ante todo, «gente amable», optimista y sonriente. «Todo el mundo parecía estar de excelente humor, como si la vida sólo les mostrase su cara luminosa; la alegría y la juventud reinaban en todas partes», relataba en su libro.
Andersen quedó fascinado por la Catedral, que describió como «una inmensa arca en medio de un mar petrificado y blanco de espuma», que dominaba la ciudad como una gran montaña de mármol y le maravilló la extraña fuerza que le transmitía el Cementerio Inglés, con la exuberancia de sus jardines. Sin embargo no todo fue positivo para el escritor. Dos acontecimientos restaron brillo a su visita: una corrida de toros, que definió como «una diversión popular sangrienta y cruel» y la pérdida de uno de sus objetos personales, ‘La Estrella del Norte’, una importante condecoración danesa que el autor de El patito feo llevaba consigo y desapareció durante sus días en Málaga, sin llegar a conocer nunca su paradero.
Pese a todo, Andersen regresó a su Dinamarca natal con la maleta llena de experiencias y con cientos de aventuras, personajes y lugares que quedaron en su memoria y que recordaría el resto de su vida con cariño y emoción. «¡Oh!, quién estuviera en España, es como para ponerse verde de rabia por no poder estar allí!».