Cumbres nevadas en la Sierra de las Nieves de MálagaRedes Sociales

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Vuelve el blanco en la Sierra de las Nieves de Málaga: visita la nevera natural que daba hielo a los pueblos

Antes de la electricidad, un oficio olvidado aprovechaba las cumbres de Málaga para conservar alimentos y refrescar bebidas en verano

Imaginen vivir sin frigorífico. Hace siglos, esa era la realidad cotidiana. La necesidad agudizó el ingenio, dando forma a un oficio hoy extinto: el de nevero. En la Sierra de las Nieves, concretamente en el paraje de Los Neveros, aún perduran los testigos de piedra de esta labor titánica. Son pozos circulares que narran una historia de supervivencia y comercio.

Estas construcciones, situadas a 1.600 metros de altitud entre Yunquera y Tolox, no son simples hoyos. Sus dimensiones impresionan: entre 8 y 20 metros de diámetro y hasta cinco de profundidad. Se ubicaban en la umbría, orientados al norte, para maximizar el frío. Su diseño incluía un desagüe inferior para evacuar el agua del deshielo, un detalle crucial para la conservación.

Un proceso titánico: de la nieve al hielo

El trabajo comenzaba en pleno invierno. Los neveros cortaban la nieve con palas y la transportaban hasta estos pozos. Dentro de pequeñas chozas, una hoguera permanente daba un breve respiro al intenso frío. Luego, con grandes pisones de madera, prensaban la nieve hasta convertirla en bloques de hielo compacto. Era un esfuerzo físico descomunal.

Pozos donde se acumulaba la nieve para surtir de hielo a la poblaciónRedes Sociales

La verdad es que el producto final era un lujo muy cotizado. Con la llegada del verano, el transporte comenzaba bajo el manto de la noche. Se cargaban bestias con cestas de esparto de hasta 50 kilos, envueltas en paja y helechos para aislar el preciado cargamento. Así recorrían la provincia e incluso llegaban a otras zonas de Andalucía.

La demanda era máxima entre mayo y octubre. Curiosamente, este negocio era tan vital que en el siglo XVII la propia Corona Real otorgaba las concesiones para explotar los neveros. El hielo no solo servía para refrescar bebidas; era fundamental para conservar alimentos y para usos medicinales en una época sin alternativas.

Con la llegada de las primeras máquinas industriales de hielo en el siglo XX, este oficio milenario se desvaneció rápidamente. La tecnología moderna hizo insostenible el arduo proceso manual. Las construcciones cayeron en el olvido, abandonadas a merced de la erosión y la vegetación. Una forma de vida se apagó.

Hoy, visitar el Puerto de los Ventisqueros es viajar en el tiempo. Los neveros siguen allí, silenciosos y majestuosos, integrados en un paisaje de alta montaña. Son un patrimonio histórico y etnográfico de un valor incalculable. Nos hablan de la relación ingeniosa del ser humano con su entorno para resolver un problema básico: la conservación.