Entrada del Centro Penitenciario de Sevilla I (archivo)Joaquín Corchero | Europa Press

Sevilla

Oleada de violencia en las cárceles: un preso da un brutal paliza a un funcionario en Sevilla I

Se trata del segundo ataque contra funcionarios de prisiones en la provincia en menos de tres días, lo que ha reavivado las denuncias sindicales

Un funcionario ha sido agredido este lunes en la cárcel de Sevilla I por un preso que le propinó varios puñetazos y golpes. Se trata del segundo ataque contra funcionarios de prisiones en la provincia en menos de tres días, después del registrado el pasado sábado en el centro penitenciario de Morón de la Frontera.

La agresión ocurría este pasado lunes por la tarde, tras la bajada de celdas al patio del módulo 54. En ese momento, varios internos se acercaron al funcionario agredido para informarle de que otro preso, el agresor, debía una suma importante de dinero a varios reclusos.

El funcionario llamó al interno, que «se acercó de forma nerviosa». El trabajador intentó tranquilizarlo para que le explicara el problema que tenía; pero el interno se puso «muy agresivo» y de forma súbita le empezó a golpear con patadas y puñetazos, según fuentes de Instituciones Penitenciarias.

El agredido intentó zafarse de los golpes, pero varios puñetazos le impactaron en la zona izquierda del cuerpo. Aun así, consiguió avisar a otros compañeros, quienes lograron reducir al interno y llevarlo a otro departamento.

Desde la Asociación Profesional de Funcionarios de Prisiones (APFP) han lamentado que «para los internos agredir a un funcionario de prisiones es gratis». «Cada día hay más agresiones por la mala clasificación de los internos y menos respeto al ordenamiento jurídico y a la figura del funcionario de prisiones que carece de la condición de agente de la autoridad», añaden.

Por ello, la asociación ha vuelto a reclamar al Ministerio del Interior el reconocimiento de los trabajadores penitenciarios como agentes de la autoridad; el reconocimiento de profesión de riesgo; la adecuación de los medios coercitivos al siglo XXI con la aprobación de pistolas taser y un incremento de las plantillas para ajustarlas a las «necesidades reales» de los centros penitenciarios para minorar las agresiones que padecen los trabajadores penitenciarios, así como una actualización retributiva con la equiparación salarial con los compañeros de Cataluña.