Evolución de la botella del licor de guindas MiuraGrupo Caballero

Sevilla

Breve historia de Miura, el licor de guindas con nombre de toro que es símbolo de un pueblo de Sevilla

Esta bebida se elabora con la tradición heredada de los monjes franciscanos que habitaron el antiguo convento de San Francisco

En las sobremesas andaluzas, especialmente en invierno, cuando aprieta el frío, no es raro que aparezca una botella de Miura, el licor de guindas que se ha convertido en emblema de Cazalla de la Sierra, pueblo de la Sierra Norte de Sevilla. Su sabor dulce, afrutado y ligeramente anisado, acompañado de su historia centenaria, lo convierte en un protagonista inevitable de la mesa.

Los orígenes de Miura se sitúan en el antiguo convento de San Francisco de los Diezmos, fundado en el siglo XV en lo que hoy es Cazalla de la Sierra. Este cenobio ocupaba cuatro manzanas, y los monjes se dedicaban a la producción de vinos y aguardientes.

La Sierra Morena sevillana era entonces rica en viñedos, hasta que la filoxera –un parásito de la vid– arrasó todas las cepas. Para no desperdiciar el alcohol acumulado, los monjes franciscanos comenzaron a destilarlo, sentando así las bases del futuro licor de la zona. Existen registros de destilaciones en el convento desde el mismo siglo XV.

Con el paso del tiempo, la receta se enriqueció con frutas y picotas y se difundió tanto por Cazalla que muchas casas comenzaron a tener su propio alambique, cada una con su manera particular de destilar el aguardiente, iniciando la tradición secular del licor en la localidad.

La desamortización de Mendizábal también marcó un antes y un después. Los monjes abandonaron el convento, y sus bienes pasaron a la parroquia. El claustro se transformó en plaza de abastos, y algunos de sus espacios se convirtieron en lugares públicos del pueblo.

En aquellos años, la antigua destilería de los monjes franciscanos cambió varias veces de dueño. Los hermanos Lucena fueron propietarios, y su recuerdo aún permanecen en los azulejos de la fábrica. En 1869 se unificó la actividad bajo las Destilerías de Cazalla, establecidas formalmente como entidad productora de anisados.

El sello distintivo de Miura como marca vino más tarde, cuando una cooperativa local compró la patente. Entonces se escogió como símbolo un toro junto a una alambrada. Desde aquel momento, la producción ha convivido entre tradición y modernidad. Se utilizan alambiques centenarios, alimentados con leña de encina, combinados con tecnología actual que respeta los procesos históricos.

Otros hitos

En 1927, el Ayuntamiento de Cazalla inició gestiones para crear una denominación de origen que amparase a estos anisados, y en 1952 se constituyó oficialmente el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Cazalla, consolidando la identidad de los aguardientes.

En 1969, Destilerías de Cazalla adquirió la marca Miura de otro fabricante de Constantina, y la historia del licor siguió ligada a cambios de propietarios y fusiones. En 1995, la emblemática marca y la destilería fueron adquiridas por Grupo Caballero, una compañía familiar fundada en 1830 con una trayectoria de más de 190 años en la elaboración de bebidas espirituosas y vinos de calidad.

Grupo Caballero inició sus actividades en Chipiona con José Cabaleiro do Lago y creció exportando productos a Inglaterra y América ya en el siglo XIX. Con sede en El Puerto de Santa María desde principios del XX, la empresa se consolidó internacionalmente bajo la presidencia de Luis Caballero Florido en la segunda mitad del siglo XX y expandió su cartera con marcas históricas, incluyendo Miura en 1996, gracias a una estrategia de diversificación y excelencia.

Hoy Miura, especialmente su licor de guindas natural, elaborado mediante maceración de frutos en anisado destilado en alambiques antiguos, sigue siendo un producto emblemático dentro del catálogo de Grupo Caballero, además de un referente de la gastronomía serrana.

Así, cada sorbo de Miura lleva consigo siglos de historia, desde el espíritu creativo de unos monjes franciscanos del siglo XV hasta la pasión empresarial de una firma centenaria, pasando por los hogares cazalleros donde nunca ha faltado una botella en las sobremesas más entrañables.