El doctor David Farrrington, durante la operación en el Sagrado Corazón de SevillaCedida

Entrevista

David Farrington, reconocido traumatólogo sevillano: «El mayor peligro para la sanidad es su politización»

«No es exactamente cierto que a la sanidad norteamericana solo puedan acceder aquellos con un alto nivel adquisitivo: normalmente, los trabajos incluyen algún tipo de pólizas para un seguro médico»

El sevillano David Miguel Farrington Rueda es una referencia en el campo de la traumatología infantil. Ha sido jefe de la Unidad de Ortopedia Infantil del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla entre 2007 y 2017 y presidente de la Sociedad Española de Ortopedia Pediátrica entre 2018 y 2021. En la actualidad ejerce como especialista en el Hospital Materno-Infantil Quirónsalud Sevilla y en el Instituto Hispalense de Pediatría.

Hijo de un militar norteamericano destinado primero en la antigua Base Militar Americana de San Pablo (Sevilla), y después, en la guerra de Vietnam; se considera un sevillano «por los cuatro costados», pese al innegable origen de su primer apellido y la doble nacionalidad que disfruta.

En esta entrevista con El Debate, Farrington repasa una brillante trayectoria donde quizás los logros que más le han llenado hayan sido aquellos agradecimientos de los padres de los niños a los que ha operado.

–Doctor, ¿por qué eligió la especialidad de Traumatología Infantil y Cirugía Ortopédica?

–La historia viene de atrás. Mi padre, militar norteamericano, estaba en las Fuerzas Aéreas y fue destinado a la base de San Pablo, donde conoció a mi madre. Tras regresar a Estados Unidos, ella estaba deseando volverse a España, y yo nazco en Se villa en el 68 en el Hospital de Fátima, mientras mi padre era destinado a Vietnam. Yo crecí hasta los ocho años en bases americanas entre Estados Unidos y Alemania. En el 75 se vienen ambos a vivir a Sevilla. Yo estudio en Los Maristas, y aunque había pensado en Veterinaria, había que irse a Córdoba, por lo que acabo decidiéndome por la Medicina. Me gustaron mucho las prácticas de Traumatología, cuya especialidad empecé en el Hospital de Valme. Aprovechando que mi padre era de Minnesota y tenía familia allí, me fui un verano a la Clínica Mayo, donde conozco a Hamlet Peterson, que era el jefe de Traumatología Infantil. Salí encantado y supe que era lo que quería hacer. Cuando volví a Sevilla, tras varias estancias formativas, estaba ya enfocado a la traumatología infantil. En el año 2003 me llamaron del Hospital San Juan de Dios en Bormujos para poner en marcha el Servicio de Traumatología, que al empezar a funcionar, fue una experiencia muy intensa. En 2006 me ofrecieron encargarme de la Unidad de Ortopedia Infantil del Virgen del Rocío. Tras una serie de circunstancias personales y profesionales, decido irme a la privada, y sorprendentemente todo el equipo de ortopedia infantil me acompaña. Aquello fue sonado y salió en los periódicos. Desde entonces estoy en el IHP (Instituto Hispalense de Pediatría) y en el Quirón Sagrado Corazón, donde me dedico a la cirugía ortopédica infantil.

La sanidad española es brillante, pero sufre una saturación a la que se puede combatir con el apoyo de la privada

–¿Le compartió su padre alguna vez recuerdos sobre la guerra de Vietnam?

–Mi padre tiene una medalla por haber sido herido en combate, la del Corazón Púrpura, pero él le quita toda la mitología: estalló un mortero en el tejado de su barracón y la metralla le dañó el tobillo. La épica de la guerra a veces se pinta así. Él habla de Vietnam muchas veces y la conclusión es que nunca entendió que qué hacían allí. Se tiene idealizada aquella guerra, pero la realidad era que había chavales muy jóvenes qué no sabían por qué estaban allí, como él, intentando sobrevivir en un entorno muy duro.

–¿Qué diferencias ha encontrado entre la medicina española y norteamericana?

–Los dos sistemas tienen sus ventajas y sus inconvenientes. Hay bulos sobre la sanidad estadounidense como cuando se afirma que allí solo puede acceder a ella la gente con alto poder adquisitivo. No es exactamente así, porque la inmensa mayoría de los trabajos que tiene la gente suelen incluir algún tipo de póliza de seguro médico, aunque hay un porcentaje de la población que sigue sin tener acceso. Para ellos existen los hospitales de beneficiencia, que no se acercan ni de lejos a la solvencia del sistema sanitario español, algo que deberíamos cuidar muchísimo y estar orgullosos de tener, sobre todo por el nivel de formación de nuestros médicos. Nuestro mayor problema es la saturación, partiendo de la base de que jamás la sanidad pública será rentable, puesto que la salud de la población no es algo que se pueda cuantificar. El apoyo frente a la saturación yo creo que lo ofrece la sanidad privada.

En su carrera profesional destaca su trabajo como Facultativo Especialista de Área en centros sanitarios como el Hospital Universitario Virgen de Valme, el Hospital Universitario Virgen del Rocío o el Hospital San Juan de Dios del AljarafeCedida

–Tras haber operado una escoliosis con tecnología 7D por primera vez en Sevilla, ¿de qué intervención o intervenciones se siente más orgulloso?

–Yo me dedico a deformidades de columna. Operamos mucha escoliosis y cifosis –curvatura excesiva hacia adelante de la columna vertebral en la región torácica o superior de la espalda–. Una cosa que ha cambiado con los años es la introducción de la IA, que nos ha llevado a cirugías más seguras y fiables. Su contrapartida es el alto nivel de radiación, porque esta tecnología funciona con imágenes obtenidas por TAC. Eso, por fortuna, está cambiando también gracias a los 'tacs sintéticos', lo que evitará someter al paciente a altas dosis de radiación. Cuando se habla de tecnologías novedosas, reaparece la llamada 'parábola de Scott', por la cual se describe cómo un procedimiento novedoso, llega, se hace popular, y de repente empieza a declinar tras las primeras complicaciones. Los cirujanos estamos muy sujetos a esas ‘modas’, muchas veces por presión de las casas comerciales. Hay una frase que me gusta mucho que dice ‘no es bueno ser el primero en introducir una tecnología ni tampoco el último en abandonarla’.

A las espaldas de nuestros niños les sobran horas de pantalla y les faltan horas de ejercicio físico

–¿Cómo es la salud de la columna de los españoles en general, niños y adultos?

–El ser humano tiene el problema de ser un primate que en un momento determinado de la evolución decidió ponerse de pie. Nuestra columna no está bien adaptada a estar de pie. El 70 % de los adultos se queja de dolor de espalda sin tener ninguna patología. En los adolescentes o niños bajaría este porcentaje al 40 %. Los factores que influyen son la falta de actividad física, el adolescente que hace dos o tres horas de actividad deportiva se queja mucho menos, así como los malos hábitos debido a un exceso de horas frente a la pantalla. En cuanto al miedo a la mochila hay mucha mitología, su uso no es tan relevante como no hacer deporte o pasarse muchas horas ante la pantalla.

–¿Cómo fue la experiencia de viajar a África para intervenir a niños sin recursos?

–Estuvimos en Mauritania a través de un programa de la Consejería de Salud con una ONG. Operamos a muchos niños. Lo que te sirve hacer esas cooperaciones es para darte cuenta de lo afortunados que somos por tener el sistema sanitario que tenemos en contraposición con la que tienen allí, que son unas condiciones muy precarias. Había veces que estabas en quirófano y pensabas cómo ibas a sacar esto adelante si te faltaban la mitad de cosas que habitualmente tienes. Me llevé el agradecimiento de los padres de aquellos a quienes operé.

–¿Qué significa para usted Sevilla, a pesar de que Farrington no suene muy sevillano?

–Al tener la doble nacionalidad, he podido elegir dónde ejercer y vivir, pero llegó un momento en que creo que no podría dejar esta ciudad. «Lo peor que tienen los sevillanos cuando piensan que Sevilla es la ciudad más bonita del mundo es que probablemente tengan razón», decía Antonio Gala. Como viajo frecuentemente, echo mucho de menos la calidad de vida de Andalucía. Me siento sevillano por los cuatro costados…a pesar de mi apellido.

–¿Qué retos tiene la sanidad andaluza, que ha estado muy en el foco del debate político durante la pasada legislatura?

–Evitar la politización y que se convierta en un motivo de constante polémica, eso es lo más nocivo. Independientemente de la ideología, todos los partidos intentan ofrecer la mejor sanidad posible y evidentemente, con el coste más racional posible. Cuando estuve en la sanidad pública, la politización era algo que estaba a la orden del día. Todos los gestores sanitarios deben de ser ajenos a una ideología, porque son los que entienden.