El Chaparro de la Vega, símbolo de Coripe (Sevilla)
Sevilla
El árbol de 400 años que batió un récord Guinness y se convirtió en el símbolo de un pueblo de Sevilla
El Chaparro de la Vega destaca por el tamaño de sus ramas y la amplitud de su copa, proyectando una sombra de unos 579 metros cuadrados
Hay lugares que forman parte de la identidad de un pueblo sin necesidad de tener paredes ni tejado. En Coripe, en plena Sierra Sur de Sevilla, ese lugar tiene raíces profundas, un tronco centenario y una copa capaz de cobijar a miles de personas. Es el Chaparro de la Vega, una encina que lleva cuatro siglos creciendo junto al municipio y cuya sombra se ha convertido en patrimonio compartido.
Su nombre hace referencia tanto a la forma popular de llamar a las encinas en algunas zonas de Andalucía como al lugar en el que se encuentra, cerca del río Guadalporcún. A pocos kilómetros del casco urbano de Coripe, el Chaparro de la Vega destaca en el paisaje de la sierra por la envergadura de sus ramas y la amplitud de su copa.
De hecho, las dimensiones de esta encina explican buena parte de su singularidad. Supera los 12 metros de altura, su tronco rebasa el metro de diámetro y los cuatro metros de perímetro, y su copa alcanza los 23 metros de anchura. Bajo ella se proyecta una sombra de unos 579 metros cuadrados, una extensión que supera la de una cancha de baloncesto y ofrece refugio frente al sol.
Su forma responde, en parte, a las condiciones en las que ha crecido durante siglos. Al desarrollarse de manera aislada en una zona llana, sin otros árboles próximos que compitieran por la luz y la humedad, la encina pudo extender sus ramas libremente. El resultado es una copa amplia y redondeada que convierte al Chaparro de la Vega en uno de los elementos más reconocibles del entorno natural de Coripe.
La capacidad de convocatoria de este gigante vegetal quedó patente cuando alrededor de 2.000 personas llegaron a reunirse bajo sus ramas en un encuentro que batió un récord Guinness en la década de los 90. La cifra superó incluso la población habitual del municipio, de unos 1.300 habitantes, al reunir también a vecinos de localidades cercanas.
Reconocimientos
Su valor natural cuenta, además, con reconocimiento institucional. En 2001, la Junta de Andalucía declaró el Chaparro de la Vega Monumento Natural para favorecer la conservación del ejemplar y del terreno que se extiende bajo su copa. Décadas después, su proyección traspasó las fronteras andaluzas, ya que fue elegido Árbol del Año 2024 en España, en el certamen organizado por la ONG Bosques sin Fronteras.
Aquel reconocimiento nacional le abrió las puertas del concurso europeo Tree of the Year, en el que representó a España frente a otros árboles históricos del continente. La encina sevillana terminó en sexta posición, una clasificación que contribuyó a dar visibilidad a Coripe y a despertar el interés de visitantes atraídos por su historia y sus dimensiones. Pero ningún galardón explica por completo lo que representa para quienes viven a su alrededor.
El Chaparro de la Vega sigue siendo, ante todo, un lugar de convivencia. Sus ramas ofrecen cobijo a familias que salen al campo los fines de semana, a quienes pasean con sus hijos y a quienes buscan alivio durante los días más calurosos del verano. La encina forma parte de la vida cotidiana del municipio, como un punto de encuentro que ha resistido el paso del tiempo y conserva su capacidad para reunir a la gente.
Cada segundo domingo de mayo, esa relación se hace especialmente visible con la romería de la Virgen de Fátima. Los vecinos acompañan a la imagen en procesión, junto a carretas, desde el centro de Coripe hasta los pies del árbol, donde comparten una jornada de convivencia en plena naturaleza. Allí, bajo una copa que lleva cuatro siglos ensanchándose, la tradición vuelve a encontrarse con el paisaje y la memoria colectiva del pueblo.