Las diputadas socialistas durante una discusión con Le Senne
Baleares
Garrido y Costa, las agitadoras socialistas que convierten en trinchera la Mesa del Parlamento
Un año después del incidente de la foto de Picornell, las dos diputadas alimentan las disputas fuera de toda cortesía parlamentaria y erosionan la autoridad de Le Senne
Las diputadas socialistas Mercedes Garrido y Pilar Costa, vicepresidenta segunda y secretaria segunda de la Mesa del Parlamento de Baleares respectivamente, han transformado un órgano destinado a garantizar el orden en un escenario de disputas continuas. Durante meses, sus interrupciones, comentarios fuera de lugar y actitudes que desafían la neutralidad han generado malestar entre los diputados de varios grupos, que las califican de «provocadoras», «desestabilizadoras» o «fuera de toda cortesía parlamentaria». Tras cada enfrentamiento, surge una pregunta inevitable: ¿cumple la Mesa su papel de arbitrar los debates o se ha convertido en otra tribuna política más?
El episodio más reciente ocurrió este martes durante una intervención de Jordi López Ravanals (PP) en el pleno. Mientras el diputado alzó la voz desde el atril defendiendo la futura llegada de la universidad CEU a las islas como una mejora de oportunidades para los alumnos que quieren estudiar en esa universidad privada sin salir de Baleares, Garrido y Costa hablaban entre sí, se mostraban el móvil y rompían el hilo de la sesión.
En el punto álgido del debate, Garrido soltó una risa que colmó la paciencia de López Ravanals, quien le espetó: «Estoy cansado». La diputada replicó sin inmutarse: «No estoy hablando contigo». Visiblemente desconcertado, el diputado popular les pidió respeto: «Intervenir desde la tribuna mientras ustedes conversan detrás resulta muy incómodo». Pero Garrido continuó encarándose: «¿Pero qué es esto? No estoy hablando contigo», repitió hasta que López Ravanals abandonó la tribuna visiblemente molesto: «Esto no es democracia ni parlamentarismo ni nada. Hasta aquí mi intervención».
Mercedes Garrido ya había protagonizado un incidente similar cuando en otra ocasión interrumpió a la popular Marga Durán durante un pleno cuando ésta se cuestionó la gestión de la ex presidenta de Baleares y actual presidenta del Congreso, Francina Armengol, con las mascarillas compradas a la trama de Koldo. «¡Poca vergüenza!», le gritó varias veces Garrido desde su posición en la Mesa. El PP calificó la actitud de «boicot institucional» y exigió que la vicepresidenta segunda de la Cámara «rectificara y se comportara con la dignidad que el cargo requiere». Pero la trinchera se hizo permanente.
Hace unas semanas, Pilar Costa fue sorprendida tomando fotografías de la presidenta del Gobierno balear, Marga Prohens, desde su asiento en la Mesa, para después publicarlas en redes sociales insinuando que la líder popular no atendía a un portavoz socialista. La maniobra se vino abajo cuando un vídeo posterior del PP mostró que Prohens sí había seguido la intervención y tomaba notas en ese momento.
Fotos, cháchara y gestos
La escena se repitió el pasado 8 de octubre. Prohens, desde la tribuna, reprochó que las dos socialistas «no pararan de hablar ni de hacer fotos» mientras ella intervenía. Garrido se rió, negó con el dedo y siguió comentando con Costa. «Esto no había pasado nunca en una Mesa del Parlamento», reprobó la presidenta balear, que les pidió permiso para poder continuar su intervención.
Al día siguiente, el portavoz popular Sebastià Sagreras fue más directo: «Los diputados tenemos que dar luz, no humo. Y la Mesa debería ser ejemplo, no motivo de vergüenza».
Mientras el PSOE balear agita el Parlamento en las islas, su jefa de filas y secretaria general del partido, Francina Armengol, recuerda desde el Congreso que la cámara exige decoro. Armengol ha defendido la neutralidad parlamentaria y recalca que los insultos, las imputaciones de delitos y el ruido deliberado vulneran la institución.
El presidente del Parlamento balear, Gabriel Le Senne (Vox), ha intentado reiteradamente poner orden pero sus continuos llamamientos se han topado con la resistencia frontal de Garrido y Costa, que parecen disfrutar del pulso. En el pleno del 8 de abril, cuando Le Senne llamó al orden a Garrido por primera vez, ella replicó con sorna: «Llámame por segunda».
Desafío a la presidencia
El enfrentamiento entre la presidencia de Le Senne y las diputadas socialistas no puede entenderse sin una fecha: junio de 2024. El presidente de Vox sigue marcado por el episodio de la fotografía rota de Aurora Picornell, una republicana fusilada erigida en símbolo de la izquierda que Garrido subió a la Mesa y pegó en la tapa de su ordenador mientras se tomaba en consideración la derogación de la Ley de Memoria Democrática en ese mismo pleno.
Le Senne la llamó al orden en tres ocasiones tras negarse la socialista a retirar la fotografía, que según él vulneraba la neutralidad institucional. Ante la negativa de la diputada, el presidente perdió el temple y cerró la tapa del ordenador, desgarrando accidentalmente el folio con la imagen de Picornell.
Le Senne calificó aquel gesto como un «hecho accidental e inintencionado», pero esto derivó en su imputación por un presunto delito de odio y en una campaña de desgaste impulsada desde la oposición. «Han montado un circo y una campaña de acoso basada en la mentira y la difamación», denunció el presidente de Vox en Baleares.
La izquierda salió a la calle pidiendo su dimisión, mientras algunos manifestantes coreaban insultos como «puto nazi». A pesar de la oposición de la Fiscalía, que pedía el archivo, el juez instructor decidió sentarle en el banquillo y el asunto está pendiente.
«La neutralidad no es opcional»
Garrido y Costa aprovecharon aquel episodio de polémica nacional para erigirse en guardianas de la memoria antifascista y en azote del presidente. Desde entonces, cada pleno se ha transformado en una prolongación de aquella batalla política, librada desde los asientos que deberían encarnar la institucionalidad del Parlamento.
«La Mesa está al servicio de todos los diputados y no debemos tomar partido por unos u otros. La neutralidad no es opcional: se deriva tanto de la letra como del espíritu de la norma y del conjunto del ordenamiento jurídico, y constituye un principio indiscutido del Derecho Parlamentario», recordaba Le Senne hace un año, sin que sus palabras lograsen frenar la escalada. El resultado es un Parlamento más bronco y menos institucional.