Pintadas de Arran en la comisaría de Mahón

Arran se reivindica como «organización política» tras ser señalada como grupo criminal por un juez

El colectivo independentista radical «legitima» los actos vandálicos en Mahón que señalaron a un policía infiltrado y acusa al Estado de «represión»

La organización juvenil independentista Arran ha salido en defensa propia tras ser calificada por un juzgado de Mahón como «grupo criminal» en el marco de la investigación por los actos vandálicos contra una comisaría de la Policía Nacional en Menorca. El colectivo sostiene que su actuación responde a una «lucha más que legítima» y denuncia lo que considera una persecución política.

En un comunicado, Arran critica el auto dictado el pasado mayo por el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 2 de Mahón, que atribuye a seis de sus miembros una estructura organizada y un reparto de funciones en los ataques ocurridos en enero contra la comisaría donde trabajaba un agente infiltrado en movimientos independentistas catalanes.

La formación juvenil resta importancia a los hechos —pintadas y lanzamiento de huevos— y acusa al Estado de «orquestar un entramado represivo». Según su versión, la acusación de grupo criminal es una maniobra para «cargar de nuevo contra nuestra organización», mientras las infiltraciones policiales «no han tenido ninguna repercusión jurídica ni política».

«Por muchas operaciones policiales que intenten, no nos pararán», aseguran en el texto, reivindicando que «todo lo que hacemos tiene sentido» y que seguirán con su actividad política.

La investigación pasa a Barcelona

El Tribunal Supremo ha determinado que sea un juzgado de Barcelona quien continúe la instrucción contra los seis investigados. La decisión pone fin al conflicto de competencias entre Mahón y Barcelona, ya que el juez menorquín entendía que los hechos se planearon en la capital catalana y que los vídeos con amenazas al agente infiltrado fueron publicados desde allí.

Según el atestado policial, el 13 de enero, tras la emisión del programa Infiltrats de TV3 —que reveló la presencia de policías encubiertos en el entorno independentista—, un hombre con domicilio en Barcelona compró cinco billetes de avión con destino a Maó. Al día siguiente, los acusados viajaron a la isla, pintaron consignas como «Infiltración es tortura» y lanzaron pintura contra la comisaría antes de regresar a Cataluña.

Poco después, en las redes de Arran se difundieron vídeos de las pintadas y del agente infiltrado, lo que llevó al juzgado menorquín a considerar que existía un grupo criminal con base operativa en Barcelona.