Cristina Gil (PP) defiende la proposición no de ley del PP en el Parlament

La contracrónica

Velos, fulares rojos y silencios calculados: Podemos se tapa la cara y PSOE y Més miran al suelo

Mientras el PP sacude el burka desde la tribuna y Vox aprieta aún más, socialistas y nacionalistas optaron por una abstención sonora contra la ablación genital femenina y los matrimonios forzosos

A medio mañana alguien dijo que sus señorías deberían correr un tupido velo para tapar la sesión parlamentaria de hoy. Sobre la una del mediodía la prenda más destacable en el hemiciclo era el fular rojo de Cristina Gil, la activa diputada «popular» que un poco más tarde -bien entrada ya la hora de comer- defendería la Proposición No de Ley para la prohibición del velo integral -burka- en lugares públicos de Baleares. La verdad es que eso del velo provocó mas revuelo en las extensas praderas mediáticas que en la sesión parlamentaria, en la que cada grupo se afianzó en sus posiciones. Vox, a través de su propia enmienda, pretendía prohibir todos los velos que usan las mujeres islámicas, desde el burka al niqab y el hijab, que es una prenda parecida a la que usó mi abuela Bet Maria durante toda su vida.

Gil estuvo clara y vehemente en la tribuna de oradores desde la certeza -supongo- de que los parlamentarios que la seguirían en el uso de la palabra estaban a lo que estaban y de ahí no se moverían. Calificar el burka de «cárcel de tela» -como hizo Cristina- pareció algo más que la metáfora de un excelente prosista, seguramente porque eso es lo que es, además de muchas otras cosas.

Creo que la americana azul claro de Apesteguia le viene un poco estrecha, por eso la lleva siempre abierta. Pero el diputado de Més no parece un hombre feliz, se enfada mucho y mira hacia la bancada de la derecha con mala cara. Eso sí, se hubiese dejado cortar una mano -castigo que, me parece, está en el Corán- antes decir algo que pueda ofender a los hombres del desierto. ¿Por obligación o conveniencia? No es cosa mía dilucidarlo, pero notar, se le nota. Claro está: igual que a los del PSIB, las mociones de la pérfida derechona le parecieron «racistas e islamófobas». Eso también era un pleno al quince para cualquier cronista, por poco avezado que anduviere en esas lides.

Al final quedó claro: cada uno a lo suyo -y a los suyos- y victoria de la aritmética. Los de Vox -fuera todos los velos- se sumaron a la enmienda del PP. Así da gusto. Vamos a ver qué pasa después del domingo aragonés que ya casi está aquí.

Podemos, por libre, votó en contra del velo islámico integral como una forma de opresión y de sumisión que atenta contra los derechos fundamentales de la igualdad y la dignidad de las mujeres

El PSOE y los nacionalistas de Més per Mallorca también a lo suyo hicieron piña y se abstuvieron para no condenar los matrimonios forzados y la mutilación genital femenina como «prácticas contrarias a los valores elementales de la sociedad española y que atentan gravemente contra los derechos fundamentales, la integridad de las mujeres y de las niñas, y que deben ser perseguidas y castigadas».

Les afeó Vox que «abstenerse ante la mutilación genital no es neutralidad, es abrirle la puerta de casa al verdugo mientras las víctimas gritan».

Y luego Podemos por libre. Creo que tiene un diputado de segunda remesa en el parlamento balear, la chimenea del Titanic que aún puede verse en algunas ocasiones. Su posicionamiento fue como las escenas finales de una película de las de antes. O sea: de cine. Votó en contra del siguiente punto: «el velo islámico integral constituye una forma de opresión y de sumisión que atenta contra los derechos fundamentales de la igualdad y la dignidad de las mujeres». Pues, que no, que para él debe ser la prenda más cómoda jamás diseñada por el hombre.

Seguro que había recibido la transferencia de Irán y andaba la mar de animado.