El confuso renacimiento del mallorquinismo político
Entre el recuerdo de 'Bearn' y el cálculo electoral de 2027, la nueva federación de partidos locales amenaza con enredar aún más el ya fragmentado tablero del centrismo mallorquín
La noticia regional del domingo fue la concentración en Raixa de los integrantes de una hasta ahora desconocida -al menos para mí- Federació Entitats Independents Municipals. Su líder es un regidor de Sóller llamado Sebastià Aguiló, apellido que -de entrada- me obliga a prestarle atención. Los independientes municipales -que no independentistas, no vayamos a liarla- posaron en la suntuosa escalera de la possessió por la que bajara, un día ya lejano, la entonces espectacular Ángela Molina en una inolvidable escena de Bearn o la casa de las muñecas, una película que data de 1983. Los federados, decía, posaron en la escalera porque era la única manera de que saliesen todos en la prensa, que se viera que son muchos y que preparan para algo de cara a las elecciones autonómicas de 2027.
Si vuesas mercedes me preguntan qué es exactamente eso de la FEIM tendré que contestarles que yo tampoco estoy muy seguro. Un ex alcalde ya veterano que ocupó altos y medianos cargos en Unió Mallorquina me comentó que «tengo la impresión de que esa gente confunde federación con coalición. Los hombres y las mujeres de la escalinata son todos, al parecer, miembros de agrupaciones municipales independientes -partidillos locales, vaya- que ahora mueven la colita en el barboteo general del espacio regional centrista.
La reciente puesta en escena de la FEIM en la escalinata de Raixa añade una nueva pieza al complejo puzle del regionalismo
Recuerde el lector que en su día ya analicé las cuatro facciones en que se divide actualmente la estrecha franja del mallorquinismo político. Las recordaré: Coalició per Mallorca y el Pi parecen haberse fundido en un fuerte abrazo y ahí están, al menos de momento. Hay que contar también con Som Mallorca, esos más ubicados hacia la izquierda del Pecos y muy poco de fiar -en mi opinión- de cara a un incierto pacto post electoral con el PP. Sin olvidar a los de la reanimada UM, que de momento juegan a poner sus menguados pero fieles votos en el mercado. Por último, señalé a las candidaturas independientes, que ahora resulta que son una federación. Ya sé que todo eso es muy confuso. Más si tenemos en cuenta que Víctor Martí -buen amigo mío, corredor de fondo por los ahora abruptos caminos de la bahía de Pollença- estaba considerado como un inquieto miembro del sanedrín munarista y ahora, inexplicablemente, le veo en la escalinata de Raixa dando cuerda a esta federación-coalición o lo que sea.
Volviendo al ex primer edil santo y sabio con el que comenté este asunto debo decir que él, mucho más avezado que yo en el tema, se mostró entre asombrado y escéptico. «Creo que van a liar el ovillo todavía más» -aseveró- al tiempo que se reafirmaba en la única fórmula que -según por dónde vayan los tiros en el momento en el que se convoquen las elecciones- tendría alguna posibilidad de éxito: la unión de todas las facciones en una sola oferta electoral. ¿Con qué objetivo? En román paladino: arrancar de uno a tres diputados que, vaya usted a saber, caballero, pudiesen ser decisivos a la hora de conformar una mayoría moderada. También es verdad que los recientes resultados en Aragón no invitan para nada al optimismo. Con todo, se puede intentar, siempre teniendo en cuenta -¿tendré que repetirlo?- que solo una oferta conjunta con ideas claras y sin personalismos tendría alguna posibilidad.
Y los enredos, dejadlos para las series tontas a las que -en otra muestra de falta de cerebro- algunos llaman «comedias».