Sobre la saltarina y bulliciosa lengua del alcalde de Manacor
¿Puede ser tildada de racista una persona o grupo político al que no le gusta ver en su pueblo a mujeres prisioneras en una cárcel de tela, que solo pueden ver el exterior a través de una rejilla?
El alcalde de Manacor -Miquel Oliver, creo que se llama- tiene la lengua muy saltarina, bulliciosa, alegre, en suma: falaguera. En vez de ocuparse del estado de las calles y plazas de la segunda ciudad de Mallorca, que están hechas una pena, se dedica a llamar «racistas» a los ediles del PP y Vox por presentar una moción para prohibir el burka, el velo integral islámico, en edificios y lugares públicos. En el parlamento regional, y en otros pueblos, entre ellos el mío y Felanitx, donde reina la incandescente Catalina Soler, se aprobaron mociones parecidas, también con exabruptos izquierdistas, todo hay que decirlo.
La pregunta es: ¿puede ser tildada de racista una persona o grupo político al que no le gusta ver en su pueblo a mujeres prisioneras en una cárcel de tela, que solo pueden ver el exterior a través de una rejilla? Oliver, cómo los cuatro jurásicos que quedan en Més y los ya casi extintos podemitas, tiene un concepto muy peculiar del racismo. ¿Eran racistas, señor alcalde, los que cerraron el paso a la doctora Laura Miró para impedir que impartiera una conferencia en Manacor por el mero hecho de defender el sionismo? No escuché entonces palabra alguna de su boca, Oliver, supongo que porque los censores de aquel flagrante atentado contra la libertad de expresión eran «de los suyos». Ay, los corralitos.
No escuché palabra alguna de su boca cuando cerraron el paso a Laura Miró para impedir que impartiera una conferencia en Manacor por defender el sionismo
¿No se da cuenta de que su actitud con el tema del burka, además de trasnochada, es altamente reaccionaria? No se puede llamar «racista» o «fascista» a personas y partidos que aceptan desenvolver sus actividades en el marco de la Constitución y que trabajan -equivocados o no- para tratar de mejorar la convivencia social. Quizá esas señoras y señores, alcalde, no aniden en su corazón el menor sentimiento xenófobo -puede que sí, tampoco a mi me han nombrado el guardián de mi hermano- pero lo más probable es que, simplemente, no les agrade eso que ustedes llaman «multiculturalidad», este fenómeno que está cambiando la fisonomía de nuestros pueblos y ciudades y arrasa con nuestros usos y costumbres ancestrales. A mí tampoco me gusta nada de eso, mire usted por dónde, pero nunca podrá llamarme «racista» porque lo que soy -he sido- es una víctima de esa rara suerte de racismo autóctono -más bien antisemitismo, para ser precisos- de aquellos que no querían mezclar su sangre mallorquina con la de los descendientes de judíos conversos, que somos los mallorquines más antiguos, aunque ya vayamos quedando pocos.
Quite los baches de las calles -Manaclot llaman ya algunos a su ciudad- y deje de hacerse el ayatolá
Me dirá usted, señor primer edil, que lo que hacen PP y Vox presentando este tipo de mociones es subirse a la ola de una imparable ola de islamofobia con el fin de disputarse un puñado de votos. Si así fuese -yo no le diré ni que sí ni que no- no harían otra cosa que mimetizar el modus operandi de su partido de usted, que lleva decenios montado en el rocín de la demagogia, apropiándose de unos valores que no soy exclusivamente suyos sino de todos los mallorquines. Sin conseguir avanzar un paso, para más inri, puesto que los nativos somos ya una «especie» en extinción.
Lo dicho: quite los baches de las calles -Manaclot llaman ya algunos a su ciudad- y deje de hacerse el ayatolá. Le pega, no lo negaré, pero está muy feo.