Entre el temor a la diarrea y el pánico al estreñimiento

Desde la izquierda del Pecos, siempre con el «no a todo» en la boca, se vaticinaba una ocupación turística tan alta como precoz, pues los guiris que tanto molestan al ciudadano/a del paraíso, ya están por todas partes. Pero...

Según la tradición cristiana Cosme y Damián fueron dos hermanos gemelos, célebres por su habilidad en el ejercicio de la profesión médica y por su costumbre de prestar sus servicios desinteresadamente. Los dos hermanos fueron torturados y quemados vivos, pero aun así sobrevivieron. Entonces el emperador romano Diocleciano ordenó su decapitación. Corría el año 300 de la Era Común. En Mallorca, nuestra ironía de calibre grueso, se conservaban unos versos populares según los cuales dichos hermanos, en realidad, murieron por causas naturales: uno de diarrea y el otro de estreñimiento. Los viejos del lugar aun recordamos la glosa en los casos en los que, sin solución de continuidad, se pasa de una situación a la contraria.

Yo la recordé ayer al percibir en las crónicas periodísticas y radiofónicas la alarma que se ha enseñoreado del sector turístico ante la guerra de Oriente Medio. Desde la feria de Berlín, hoteleros y otros profesionales del sector turístico, sin expresarlo abiertamente, denotaban un cierto desasosiego por si el conflicto afectara a la llegada de turistas a Baleares. No lo expresaban así de claro -incluso algunos decían que la situación podría favorecernos- pero se notaba un poco que la procesión les iba por dentro. También nuestros poilíticos, siempre encantados de acudir a este tipo de eventos, se colocaban, discretamente, «detrás de la roca».

Recordemos que hace cuatro días la situación era exactamente la contraria. Desde la izquierda del Pecos, siempre con el «no a todo» en la boca, se vaticinaba una ocupación turística tan alta como precoz, pues los guiris que tanto molestan al ciudadano/a del paraíso, ya están por todas partes. «En Semana Santa ya no se podrá coger el coche, Sóller y Valldemossa quedarán colapsadas -no hablemos de Esporles- y la diosa Gea sufrirá la presión de miles y miles de visitantes que hacen mella en nuestros recursos hídricos, ensucian nuestros enclaves patrimoniales, molestando a la fauna y la flora autóctonas, un desastre. En contrapartida, en el Govern presumían de su política de “contención» que supone, decían, un cambio en la tendencia, una mayor sostenibilidad, eso de alargar la temporada desde marzo hasta noviembre y bla, bla, bla.

Pero el sábado 28 de febrero, en plenos fastos por la celebración del día de la patria autonómica -de la que Lessenne no parece ser precisamente un entusiasta- Estados Unidos e Israel atacaron Irán, encendiendo aun más el polvorín de Oriente Medio. No entraré aquí y ahora ni en las causas ni en las posibles consecuencias de la guerra -lo dejaré para otro día- de momento quiero llamar la atención de mis miles de lectores acerca del nuevo estado de la cuestión. Los políticos felizmente gobernantes, que ya tenían comprados los billetes a Berlín, tuvieron que ordenar a sus dilectos fontaneros que cambiaran el guión: de la contención dentro de un orden al «aquí no pasa nada, Baleares es un destino refugio». Los hoteleros se pusieron rápidamente a la defensiva y aunque todavía les parece pronto para dar la voz de alarma -y, si acaso, solicitar ayudas oficiales por el menoscabo que aun no han tenido- sintieron cómo se les hacía un nudo en el estómago y sus palabras ante los micrófonos no les salían ya con el acento de triunfador que en los últimos años les viene siendo característico.

Estoy por hablar con el obispo para que, antes de abandonar la diócesis, proceda a nombrar a los santos Cosme y Damián como patrones perpetuos de Baleares. Porque aquí, por exceso o por defecto, siempre parece que nos estamos muriendo. De diarrea o de estreñimiento, tanto da.