José Luis Santafé Arnedo, nuevo DAO

El perfil

Santafé, nuevo DAO, un policía pata negra

El hasta ahora Jefe Superior de la Policía en Baleares, madrileño de nacimiento -la Malasaña más dura le vio crecer- asume la dirección adjunta operativa del CNP en su momento más delicado, después de la caída de José Ángel González por presunta violación. «Alguien tenía que dar un paso adelante», asegura a El Debate

José Luis Santafé pertenece a una estirpe cada vez menos frecuente dentro de la Policía Nacional: la de los mandos que se han hecho palmo a palmo en la calle. Un policía pata negra, de los que se han recorrido barrios, afrontado disturbios y vivido algunos de los momentos más delicados de la seguridad pública en España. Por eso, dentro del Cuerpo, su figura concita algo poco habitual: respeto transversal, desde los agentes de base hasta los altos mandos.

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, a propuesta del director general de la Policía Nacional, Francisco Pardo Piqueras, lo ha nombrado nuevo director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional, después de la caída de José Ángel González por presunta violación. Hasta ahora Santafé lideraba la jefatura superior de Policía en las Islas Baleares.

Santafé Arnedo -le gusta resaltar ambos apellidos por el inmenso amor a sus padres, ella fallecida en 2023- ingresó en la Policía Nacional en 1990 como alumno de la escala ejecutiva. Sus primeros años de carrera se desarrollaron en destinos exigentes y operativos. De joven estuvo destinado en el País Vasco en los años de plomo, cuando la presión del terrorismo marcaba la vida diaria de los agentes. Aquella etapa forjaría oficio, pero la esencia policial venía de casa.

Su historia empieza mucho antes, en Madrid. Santafé es, ante todo, muy madrileño. Nació y creció en el barrio de Malasaña cuando aquel barrio del centro de la capital vivía años duros, marcados por la droga, los conflictos en la calle y un ambiente social complejo. En aquel contexto, como muchos chavales de su generación, tuvo que elegir camino. Él optó por el de los buenos.

Posteriormente llegó a Palma de Mallorca, donde no solo desarrolló parte de su carrera, sino que echó raíces personales. En la capital balear conoció a su mujer y formó su familia, con dos hijos nacidos ya en las islas y que hoy son también policías. Quienes le conocen destacan además su carácter cercano: un hombre alegre, muy de la familia, muy pendiente de los suyos —de sus hijos, de su mujer, de su padre, de sus hermanos—.

Como inspector ocupó distintos puestos en seguridad ciudadana, policía judicial y extranjería en las jefaturas superiores de Madrid y Baleares, consolidando un perfil operativo y polivalente dentro del Cuerpo.

Su carrera continuó con nuevos destinos, entre ellos la jefatura superior de Canarias. En Las Palmas de Gran Canaria permaneció apenas dos años antes de regresar a Baleares para asumir la jefatura policial en Ibiza.

La Ibiza de aquellos años era una isla en plena ebullición turística, convertida en epicentro mundial del ocio nocturno y con todos los desafíos de orden público que ese crecimiento conllevaba. Santafé dejó allí un recuerdo claro entre quienes trabajaron con él: un mando firme frente a los desmanes que acompañaban al auge de la isla y que supo imponer orden en un escenario especialmente complejo.

Aquel paso por Ibiza sería el preludio de su regreso a Palma, donde fue reclamado para asumir responsabilidades en uno de los dispositivos policiales más delicados que se han organizado en Baleares en las últimas décadas: el operativo de seguridad del juicio del Caso Nóos, en el que se sentó en el banquillo la Infanta Cristina de Borbón.

Su nombre también quedaría ligado a otra de las mayores tormentas judiciales vividas en las islas, el Caso Cursach. En aquel contexto se mostró especialmente crítico con la actuación del juez instructor Manuel Penalva y del fiscal Miguel Ángel Subirán, denunciando lo que consideraba graves excesos durante la instrucción del procedimiento. Con el paso de los años, el tiempo acabaría dándole la razón: ambos -juez y fiscal- terminarían condenados por graves irregularidades cometidas durante aquella investigación. Para muchos dentro de la Policía, aquel episodio reforzó una idea muy extendida entre quienes le conocen profesionalmente: el olfato policial de Santafé rara vez falla.

Durante su etapa en Baleares también forjó una relación de confianza con la actual secretaria de Estado de Seguridad, Aina Calvo, a quien conoció cuando ella era delegada del Gobierno en las islas y él era el 2 del entonces jefe, el comisario Espino. Aquella relación profesional derivó con los años en una amistad y en un respaldo claro desde Madrid. Calvo conoce bien su trayectoria y ha sido una de las voces que ha avalado su integridad, su experiencia y su profundo conocimiento del trabajo policial.

A su trayectoria se suman numerosas condecoraciones y reconocimientos profesionales.

Pero más allá de los cargos o las medallas, dentro del Cuerpo su nombre sigue asociado a algo más simple: la figura de un policía que viene de la calle y que conoce el oficio como nadie, desde dentro.. Un mando operativo respetado por quienes patrullan cada día.

No lo tiene fácil, con la Policía convulsionada después del escándalo del anterior DAO. Su teléfono echa humo, las llamadas se le acumulan. Atiende a El Debate y dispara: «Alguien tenía que dar un paso al frente». Sí, tendrá que hacer valer su pedigrí.