Las armas encontradas en una de las estancias de la viviendaCNP

Sucesos

Guerra por una habitación de alquiler: los echan con una catana y meten a un nuevo inquilino el mismo día

La Policía Nacional detiene en Palma a cuatro personas por amenazar a sus compañeros con un sable y una pistola-hacha para subirles el precio del cuarto, robarles 950 euros y tirar sus cosas a la azotea

Una catana, un sable curvo y una pistola antigua con una cabeza de hacha. Con este despliegue de armas blancas recibieron a una pareja en su propio piso de Palma por un motivo tan mundano como sucio: o pagaban más por su habitación o se largaban a la calle. Extorsión pura y dura entre inquilinos.

La situación se venía cocinando a fuego lento. Según relataron las víctimas, la presión para que abandonaran el inmueble o aceptaran un «tarifazo» ilegal en su alquiler era constante. Pero el pasado jueves, la intimidación dio un salto cualitativo. Dos de los hombres con los que compartían la vivienda decidieron que la mejor forma de «negociar» era exhibir ese arsenal de coleccionista ante la pareja, dejando claro que no estaban dispuestos a esperar los tiempos de un desahucio legal.

Sin embargo, el verdadero golpe llegó el viernes. Cuando la pareja regresó a la casa tras pasar unas horas fuera, se topó con un muro: alguien había cambiado la cerradura principal. Estaban literalmente en la calle, con lo puesto y sin posibilidad de recoger sus documentos o su ropa. Ante la negativa de los convivientes a dejarles pasar no les quedó más remedio que marcar el 091.

La Policía llega y se topa con un nuevo inquilino

Cuando las patrullas de la Policía Nacional llegaron al edificio, la escena que se encontraron rozaba el absurdo. Tras lograr que uno de los hombres abriera la puerta principal, los agentes y los denunciantes se dirigieron al que hasta esa mañana era el cuarto de la pareja. Allí, la sorpresa fue mayúscula: la cerradura de su propio dormitorio también había sido sustituida. Al forzar el paso, descubrieron que la habitación ya no estaba vacía. En su interior descansaba un hombre de avanzada edad que no entendía por qué la policía irrumpía en su nuevo rincón. A este anciano le habían alquilado la estancia esa misma tarde, ocupando el sitio de las víctimas antes de que estas siquiera supieran que habían sido expulsadas de forma definitiva.

¿Y sus pertenencias? La respuesta no estaba en el piso sino varias alturas más arriba. Siguiendo las instrucciones de una mujer que ejercía como gestora del inmueble y que «manejaba los hilos» de los pagos, los otros tres hombres habían vaciado el cuarto a la fuerza. No se molestaron en buscar un lugar seguro para los objetos. Simplemente las habían amontonado en la azotea del edificio, a la intemperie, expuestas al sol y a cualquier mirada indiscreta.

Todo a la azotea y adiós a los ahorros

La humillación no fue el único daño. Al subir al tejado para recuperar sus bolsas y objetos personales entre el desorden de los trastos, la pareja se percató de que el golpe era doble: de un cajón donde guardaban sus ahorros habían volado 950 euros en efectivo. Mientras tanto, durante el registro de las zonas comunes del piso, los agentes localizaron finalmente las surrealistas armas: la catana, el sable de hoja curva y esa extraña pistola-hacha que habían hecho servir días atrás.

El operativo terminó con la detención de cuatro personas —la supuesta gestora y los tres hombres que ejecutaron sus órdenes—. Se les acusa de delitos de coacciones y amenazas graves, en un intento de desahucio por las bravas que terminó con las armas en el depósito policial y los responsables durmiendo en el calabozo.