Seprona de la Guardia Civil

Operación Xólotl

Dos imputados por maltrato animal tras la muerte de 27 perros de caza asfixiados en un ferry a Palma

Los animales viajaban encerrados en una furgoneta sin ventilación ni supervisión durante la travesía, en un espacio donde se acumuló calor, humedad y dióxido de carbono

La muerte llegó en el viaje de regreso. Los perros viajaban dentro de la furgoneta que los transportaba, estacionada en la bodega de un ferry rumbo a Palma. Cuando el barco atracó en el puerto, 27 de los 36 animales habían muerto.

Los hechos se remontan a octubre del año pasado. Un grupo de cazadores mallorquines había contratado a una empresa de transporte de animales con sede en Cataluña para trasladar a sus perros hasta Lituania. El viaje tenía como objetivo participar en jornadas de caza en el país báltico, un destino habitual para este tipo de expediciones cinegéticas.

En total, 36 perros —la mayoría animales entrenados para la caza— iniciaron el desplazamiento desde Palma. El traslado incluía el trayecto de ida y vuelta. Pero sólo nueve regresarían con vida a la vida.

La vuelta en ferry, un infierno

Según las pesquisas de la Guardia Civil, bautizadas simbólicamente como Operación Xólotl —en honor al dios azteca que guía a las almas—, el desastre fue un proceso lento y, sobre todo, evitable. En el interior del vehículo, el sistema de ventilación resultó insuficiente para la carga metabólica de 36 cuerpos jadeando en un espacio confinado. No hubo renovación de aire, ni agua, ni la supervisión mínima que exige la ley y la ética.

«Las imágenes describen un escenario de estrés extremo», confirman fuentes de la investigación. El oxígeno disminuía mientras la temperatura subía, transformando la furgoneta en un habitáculo estanco donde el aliento de los propios animales terminó por sentenciarlos.

Dos investigados

La Unidad de Protección de la Naturaleza (Seprona) ha señalado directamente a los responsables. La Guardia Civil ha imputado a la empresa de transporte, como persona jurídica, y al conductor del vehículo, un joven de 21 años. A ambos se les atribuye un presunto delito contra los animales.

La investigación concluye que no se garantizó ni la calidad ni la cantidad de aire necesarias para un viaje de tales características. Fue una travesía infernal -y mortal en su mayoría- para esas pobres criaturas.