El alcalde de la ciudad presentando la propuesta

Palma, adiós al sueño de ser Capital Europea de la Cultura 2031

El comité internacional descarta su candidatura en la primera criba y deja la carrera en manos de Cáceres, Granada, Las Palmas de Gran Canaria y Oviedo

Palma se queda fuera de la carrera por convertirse en Capital Europea de la Cultura en 2031. El anuncio ha llegado este viernes desde Madrid. En la sede del Ministerio de Cultura, el comité internacional de expertos encargado de evaluar las candidaturas ha hecho público el primer gran corte del proceso. Cuatro ciudades siguen en la carrera —Cáceres, Granada, Las Palmas de Gran Canaria y Oviedo—. Palma, en cambio, se queda fuera.

La comunicación ha sido breve y protocolaria. En ella, presentes, la presidenta del comité, Tanja Mlaker, la subsecretaria del Ministerio de Cultura, Carmen Páez, la vicepresidenta del jurado, Teresa Badia y el representante de la Comisión Europea en España, Nikos Isaris. Tras semanas de estudio y una ronda final de presentaciones, el tribunal redujo la lista inicial de candidatas de nueve a cuatro.

De nueve candidatas a cuatro

La competición había arrancado con una nómina heterogénea de ciudades: Burgos, Cáceres, Granada, Jerez de la Frontera, Las Palmas de Gran Canaria, Oviedo, Palma, Potes y Toledo. Todas acudieron a Madrid para defender su proyecto cultural ante un jurado de diez expertos independientes —ocho designados por instituciones de la Unión Europea y dos por el Ministerio de Cultura.

El formato era casi académico: treinta minutos de exposición y, después, una hora de preguntas en la que el comité podía escarbar en los detalles del programa.

La Capital Europea de la Cultura no se decide únicamente por la promesa de un año lleno de actividades. El jurado busca proyectos culturales con vocación de largo recorrido, capaces de dejar una estructura duradera en la ciudad que los impulsa. Para valorarlos utiliza seis criterios bastante claros: la aportación del proyecto a una estrategia cultural a largo plazo, la calidad de su contenido artístico, la dimensión europea de la propuesta, el modelo de gestión, la capacidad de difusión y, en último término, la viabilidad real de poner todo eso en marcha.

Palma había trabajado durante meses en una candidatura que aspiraba a proyectar su identidad mediterránea y su condición insular como punto de encuentro cultural. Un proyecto construido con instituciones locales, agentes culturales y una red de embajadores que habían prestado su voz y su imagen para acompañar la candidatura en el último año.

No ha bastado para superar el primer corte. La capital de Baleares dice adiós a la carrera hacia 2031.