Desde la retaguardiaMiquel Segura

De la fe, la bondad y de sus manifestaciones

La fe —cualquier fe— que no vaya acompañada de obras es como un fuego que no calienta. Y la solidaridad estrictamente civil puede ser un desperdicio

El campo ya huela a primavera. Y a vacaciones, pues la Semana Santa está al caer. Pero los viajes o las estancias en las playas en los claros y a veces fríos días de abril son un sucedáneo de la fe que, no hace tanto tiempo, era la gran protagonista de estas fechas. Un columnista muy conocido llama a la Navidad y la Pascua cristianas «vacaciones de invierno» y de «primavera». Su crudeza -con un punto de sarcasmo- ilustra la orfandad espiritual de nuestra sociedad. No estoy tratando de evocar aquellas fiestas de hace cincuenta años, cuando las salas de cine proyectaban solo películas de tipo religioso, las radios enmudecían y las iglesias se llenaban. En aquellos días denominados «santos» había mucha imposición y la espiritualidad es otra cosa. No admito que la religión, en sus distintos credos y manifestaciones, sea relegada al espacio íntimo de cada persona. Me molestan asimismo las gracietas que sueltan algunos progres alardeando de su ateísmo. Lo hizo, por cierto, el otro día, un diputado regional de apellido Pitaluga al mofarse desde la tribuna parlamentaria de una actividad religiosa, creo que incluida en el programa de un centro escolar privado. Obviar la dimensión espiritual del ser humano -que es social y colectiva, no estrictamente privada- constituye uno de los grandes errores de nuestra época. Presentar a nuestra sociedad como laica es un voluntarismo de la izquierda aceptado de forma borreguil por muchas personas de buena voluntad.

Los sentimientos religiosos y sus manifestaciones demandan respeto. O deberían hacerlo. Un respeto -valga como ejemplo- que tiene la presidenta Prohens y que demuestra a menudo. Desde que fue elegida ha visitado al menos tres veces la pequeña sinagoga de Palma, siempre con motivo de la celebración de alguna fiesta judía. No lo hace en busca de votos porque los judíos en Mallorca cabemos en un taxi y la comunidad judía isleña, por desgracia, está formada mayoritariamente por extranjeros que confunden la autonomía con una especie de virreinato y a la presidenta con una gobernadora. Pero agradecen el interés que muestra por las características del evento y el respetuoso seguimiento con que sigue los actos de culto.

Obviar la dimensión espiritual del ser humano -que es social y colectiva, no estrictamente privada- constituye uno de los grandes errores de nuestra época

La gente de este país, por lo general, es buena y el olvido -o arrinconamiento- de su vertiente espiritual no les priva, normalmente, de ejercer el bien. Ahora lo llaman simplemente «solidaridad» cuando en realidad los actos en favor del prójimo surgen del ignoto fondo de su interior, donde mora el Altísimo, al margen del nombre que le otorguen o de la ignorancia que mantengan acerca de esta Presencia. Ahí está el reciente caso de sa Pobla, que se volcó el pasado domingo en un acto en favor del joven Oriol Campaner, bisnieto, por cierto de Francisco Fuster, uno de los mejores ebanistas que tuvo Mallorca y buen amigo de mi familia. Que una persona como Toni «Cossis» trabaje incansablemente a lo largo de meses para un evento con el fin de recaudar fondos destinados a la investigación de la terrible enfermedad que padece este chico, es una muestra palpable de la existencia del Bien, que es tanto como decir la de Dios. Cocinar un arròs brut para más de 500 personas cuidando todos los detalles y cargando sobre sus ya viejas espaldas tan agotadora tarea, no es algo que pueda hacer todo el mundo. Toni es un maestro de los fogones y lo que más le gusta es poner su sabiduría culinaria -nunca fue un profesional- al servicio de los demás. La fe -cualquier fe- que no vaya acompañada de obras es como un fuego que no calienta. Y la solidaridad estrictamente civil es un desperdicio, pues quien la recibe debería poder saber que en realidad le viene de lo Alto, de personas que se sienten impelidas al Bien porque son mucho más que combinaciones de células que hace millones de años, por una sucesión de increíbles casualidades, abrieron el camino de la vida.

Otra cosa, por supuestos, son las ONG's entendidas y estructuradas como un negocio o como instrumento de propaganda política. Pero esta, como decía el tabernero de «Irma la dulce», es otra historia.