La procesada en el banquillo

Juicio en Mallorca

La llamada que delata a la madre del contenedor y muestra nulo remordimiento: «No pensé que me iban a pillar»

Las conversaciones intervenidas revelan que la procesada por arrojar a su hija recién nacida a la basura centró su angustia en la cárcel: «Mucha gente lo ha hecho y no la han pillado»

Había pasado sólo un día desde que había dado a luz a su hija en un coche y la habían tirado a un contenedor, abandonada como basura. Era de noche, invierno. Hacía frío y llovía, pero en su voz no había remordimiento por la criatura. Ni una sola manifestación de dolor por la bebé prematura que había visto salir de su propio cuerpo «entera». Su mayor temor era que la pillasen y le cayesen 15 años de cárcel.

«Me he metido en un follón bien grande. No pensé que me iban a pillar. Mucha gente lo ha hecho y no la han pillado». Esta es una de las muchas confesiones que la madre procesada por asesinato le hizo a su amiga, A., por teléfono sin saber que la Policía Nacional la tenía pinchada. Es el testimonio de quien se desnuda ante una persona de máxima confianza, no ante tres magistrados y una fiscal delante que está pidiendo para ti prisión permanente revisable. Confidencias a su amiga. Su «mano de Dios», como ella misma le denomina.

Estas palabras se pudieron escuchar este miércoles durante la tercera y última sesión de este segundo juicio que se celebra en la Audiencia de Palma. La sala -y los medios acreditados- pudieron escuchar distintos fragmentos de las conversaciones telefónicas entre ambas que arrojan luz sobre las horas funestas que siguieron al lanzamiento del «feto» o «gran prematuro» -como lo califican los peritos y defensas- o de «la bebé», como manifiesta la fiscal.

La Policía la tenía intervenida. Era la principal sospechosa tras el hallazgo del cuerpo y los testimonios de vecinos, y además, estaba desaparecida. Tras el parto en el coche de su cuñado, cogió un autobús y se refugió en una finca en el campo que le prestó su expareja, que también ha declarado en el juicio. Desde allí, acorralada por el miedo a ser detenida, se sinceró por teléfono. «Tengo mucho miedo, si me presento (en comisaría) que me dejen libre, por favor», implora entre sollozos. «Estoy asustada, los abogados me han dicho que eso es homicidio, de 15 años en adelante. Yo no estoy pa entrar a la cárcel».

La mujer sabe que ha hecho mal porque le pide a Dios que le mande "una enfermedad, si quiere, pero la cárcel no”, y ruega a su amiga que vaya a verla, que no la deje sola, que la proteja: «No dejes que me pase nada, que el lunes si me presento (ante la Policía) que salga de ahí».

En esas mismas conversaciones, la acusada admite que ha consultado con abogados y que todos le trasladan la gravedad de lo ocurrido. Su amiga le recuerda una evidencia brutal: «El niño estaba vivo». Y ella vuelve, una y otra vez, a la misma idea: la condena que le puede caer. «Pero para ellos es como que yo he tirado un ser humano a la basura estando vivo y pudiéndolo salvar. Es asesinato», verbaliza. «Por eso el abogado me dice que si voy yo a la comisaría me voy directa a la cárcel».

También reconstruye, a retazos, lo ocurrido aquella noche. «Yo no miré, yo no miré. Me salió todo entero, todo, y se lo di», afirma sobre el momento del parto. «Tendría que haberlo tenido yo sola en el campo».

«Es que lo hicimos mal», apunta.

En otro pasaje, las amigas hablan del papel de su cuñado, el otro acusado, cuando ambos estaban junto a los contenedores: «Gustavo miraba arriba y abajo». No había normalidad en aquellos movimientos. De hecho, fue una vecina la que advirtió gestos sospechosos, alertó al 112 y puso en marcha una cadena de actuaciones que acabaría con los agentes localizando el cuerpo e iniciando la investigación.

La acusada también habla del padre de la criatura. Le llamó para decirle que había perdido al bebé y, según relata, él la mandó «a la mierda». Ella se duele de esa reacción. «Con todo lo que yo he hecho por él». El individuo pasó por el banquillo -como testigo- el martes.

El jurado comienza este jueves a deliberar. La Fiscalía mantiene la petición de prisión permanente revisable para la madre y para su cuñado. La tesis sigue siendo la misma: hubo una voluntad inequívoca de deshacerse de la recién nacida.