Desde la retaguardiaMiquel Segura

Convivimos con terroristas y no lo sabemos (por cierto, no son israelíes)

Mientras tenemos a los asesinos a nuestro lado, cincuenta centros educativos públicos de Mallorca se dedican a envenenar la mente de los escolares con proclamas antisemitas, señalando al estado de Israel como «el que nos tira bombas»

No le daría la mano a Pedro Sánchez ni aunque me entregara el Premio Nacional de Literatura, que no será el caso. Personalmente, me asquea ver como su rostro huesudo y demacrado aparecen en los misiles iraníes. El supuesto «señor de la paz» llena de oprobio a las personas de buena voluntad, muchas de las cuales, por cierto, le votaron.

Lo que nos ocurre a diario -en mayor o menor escala- desmiente el postureo de la izquierda sobre una guerra que nadie desea, pero cuyas consecuencias -ya lo tengo escrito en esta misma columna- pueden ser muy graves. Ahí está la detención, ayer en Palma, de un yihadista que preparaba «un hecho de gran envergadura», según informa la policía. El detenido -un «lobo solitario» perteneciente al estado islámico- estaba aquí, entre nosotros, y solo Dios sabe cuántos más nos rodean a diario sin que podamos siquiera sospecharlo. Solo puedo garantizar que los terroristas que tenenos por aquí no son israelíes y que, seguro, no los envía Netanyahu. Está claro quiénes son nuestros enemigos. ¿Alguien en su sano juicio podría dudar sobre quiénes son y de dónde vienen los que quieren matarnos, atentar contra nuestras vidas, destruir a nuestros hijos, incendiar nuestras ciudades? El peligro se cierne sobre nosotros y si no fuese por nuestros abnegados servicios policiales la tragedia ya se habría producido, con toda seguridad.

Mientras tenemos a los asesinos a nuestro lado -puede ser su vecino, o el hombre con quien se cruza cada mañana de camino hacia su trabajo- cincuenta centros educativos públicos de Mallorca se dedican a envenenar la mente de los escolares con proclamas antisemitas, señalando el estado de Israel como «el que nos tira bombas», organizando juegos y talleres en el mejor estilo de los agitadores de izquierdas para que nuestros niños y niñas aprendan a odiar al judío. Me consta que en nuestro ordenamiento existe algo que se llama «la autonomía de los centros» y por ello no exijo responsabilidades a la Conselleria de Educación. De todas maneras, los detalles de la execrable iniciativa de Mochilas por a Gaza ya figuran en la mesa de trabajo del Observatorio contra el Antisemitismo. Algo habrá que hacer porque ante hechos como este -y como el que ayer llenó las portadas de todos los medios de comunicación de Baleares, la operación antiterrorista- uno se siente impotente y desarmado, sea interpretada esta última palabra en su sentido más literal.

Nadie se cree el pacifismo de Sánchez (...) solo los que todavía van con el carné en la boca

Ya en un ámbito menor pero no menos importante, constato que nadie se cree el pacifismo de Sánchez. Mis lectores saben que no soy un periodista «de granja», de los de cortar y pegar, sino que salgo a hablar con la gente y que, por tanto, las impresiones que alimentan mis artículos no me llegan a través de las notas de prensa. Y les diré algo: nadie se cree las palabras de Sánchez, mucho menos las de su tropa de manumitos. Solo los que todavía van con el carné en la boca -por la cuenta que les tiene, si no de qué iban a comer- atienden los mensajes simplistas del gobierno de Madrid y de su entorno. No he hablado con una sola persona que me haya dicho que las medidas adoptadas por Sánchez en el caótico consejo de ministros del pasado viernes han supuesto el menor alivio para sus bolsillos. Peor aún: ni el caso de que esas medidas fuesen correctas y sus beneficios palpables, la gente de la calle las vería como eficaces. Nadie se cree ya nada, solo te dicen que lo que toca es aguantarse para «seguir tirando». Y luego salen nuestras lumbreras parlamentarias socialistas acusando al Govern del cierre de Agama o criticando a Prohens porque se marcó unos pases de bachata en las Américas. Patanes.

Habrá que esperar las medidas del Govern paliativas de la crisis que se nos ha echado encima. Lo peor, sin embargo, es que convivimos con terroristas y no lo sabemos.