La Silla de Maceo y la bandera independentista catalana

Historia

De la silla de Maceo que Palma devolvió al castrismo al origen habanero de la 'estelada'

El llamado Desastre del 98 no solo supuso la pérdida de Cuba, Filipinas, Puerto Rico y Guam sino también el impulso de los autonomismos peninsulares -como Cataluña-, impulsados por el precedente de la concesión de autonomía a Cuba

En el año 2018 el gobierno izquierdista del ayuntamiento de Palma facilitó la entrega de la silla de Maceo, trofeo de guerra donado por el general mallorquín Valeriano Weyler y Nicolau, al gobierno comunista de Cuba. Ese mismo año, tampoco se quedó corto el gobierno izquierdista de Badalona, cuando decretó una «moción para quitar el nombre del sanguinario militar español y dedicarle a la memoria antifascista de Neus Catalá».

En medio de esta campaña de desprestigio contra el general mallorquín, el tergiversador www.nacional.cat, millonariamente subvencionado por la Generalidad de Cataluña (en los últimos diez años ha recibido más de 5 millones de euros en subvenciones directas y publicidad institucional), tachaba a Weyler como «un militar español inventor de los campos de concentración» (en clara alusión a los campos de exterminio nazis), cuando la intención del mallorquín no fue ni la represión ni la aniquilación de ningún civil cubano.

Antes de la llegada de Weyler como Gobernador General y Capitán General de Cuba, en febrero de 1986, los generales mambises Máximo Gómez y Antonio Maceo ya habían puesto en marcha el traslado de poblaciones campesinas, para posteriormente quemar sus casas y campos y acribillar su ganado con el objetivo de reducir los recursos al alcance del ejército español.

Estas actuaciones crearon las terribles condiciones para la hambruna y la miseria generalizadas entre la población cubana que produjo su afluencia hacia las ciudades. Tales acciones no fueron criticadas por la prensa de los Estados Unidos, principal país aliado de los rebeldes cubanos. De hecho, en Nueva York tenía su sede la Junta Cubana, brazo diplomático y financiero del movimiento independentista cubano en el exilio. Desde Nueva York se había puesto en marcha, alentada por la Junta Cubana, la máquina propagandística estadounidense por parte de los periódicos rivales de William Randolph Hearst, el New York Journal, y de Joseph Pulitzer, el New York World. Era la perfecta conjunción de intereses, ya que la prensa amarillista había transformado la ambición territorial estadounidense en una «cruzada moral». Ambos rotativos fueron el motor propagandístico del Destino Manifiesto (la convicción de que los EE.UU. tenían el mandato religioso de extender sus instituciones y valores, como la democracia y la libertad por todo el continente americano).

La propaganda estadounidense funcionó con un doble rasero: las tácticas de Gómez y Maceo se consideraban «guerra de liberación», mientras que las medidas de Weyler eran «crímenes de guerra»

En cambio, la posterior reconcentración oficial decretada por Weyler para evitar que los rebeldes pudieran aprovisionarse y tampoco reclutar, que supuso la reunión de miles de personas debilitadas por la hambruna estructural causada por los mambises, sí que fue criticada y amplificada por la prensa amarilla. Los periódicos estadounidenses apodaron al mallorquín como «El Carnicero» («The Butcher»), presentándolo como un líder sanguinario ante la opinión pública. Historiográficamente, a Weyler se le responsabiliza de la mayor parte de las muertes directas por hacinamiento y epidemias al obligar a los desfallecidos campesinos a entrar en ciudades, donde se quedaron sin comida y agua potable. Lo cierto es que la propaganda estadounidense funcionó con un doble rasero: las tácticas de Gómez y Maceo se consideraban «guerra de liberación», mientras que las medidas de Weyler se definían como «crímenes de guerra».

Para lograr el dominio de la isla, Weyler la había dividido mediante diversas trochas (líneas fortificadas). Comenzando sus actuaciones en la zona occidental de Pinar del Río, donde operaba el cabecilla Antonio Maceo, fue avanzando hacia el este para lograr su objetivo de derrotar a los mambises, además de la muerte de Maceo en diciembre de 1986. Pero mientras tanto, en la metrópoli aumentaban las dudas sobre la guerra alentadas por la prensa que comenzó a lanzar ataques contra el general. Cuando Weyler estaba a punto de iniciar la ofensiva final contra los insurrectos, el presidente Antonio Cánovas, su principal valedor, fue asesinado en Guipúzcoa, en agosto de 1897, por el anarquista italiano Michele Angiolillo, que contó con el apoyo logístico de los independentistas cubanos. La implicación de los EE.UU. en el asesinato de Cánovas no fue directa, pero sí existió una conexión clave a través de la logística y la financiación proporcionada por la Junta Cubana de Nueva York. Los EE.UU. fueron el principal beneficiario de la desaparición del líder conservador español. El nuevo presidente del gobierno Práxedes Mateo-Sagasta, cesó a Weyler al mes siguiente. A su regreso a España, el general mallorquín se llevó como trofeo de guerra la silla usada por su antagonista, el líder cubano Antonio Maceo. Weyler tenía la isla prácticamente pacificada antes de su destitución. Pero había perdido la batalla mediática.

A su regreso a España, el general mallorquín Weyler se llevó como trofeo de guerra la silla usada por su antagonista, el líder cubano Antonio Maceo

El gobierno de Sagasta, bajo una fuerte presión del presidente William McKinley (también asesinado pocos años después por el anarquista Leon Czolgosz), ofreció a los cubanos un régimen autonómico en enero de 1898. Pero fue demasiado tarde, ya que la intervención de los EE.UU. en el conflicto (a raíz del hundimiento en extrañas circunstancias del acorazado estadounidense USS Maine, que Hearst y Pulitzer no tardaron en imputar a España) impidió que la autonomía llegase a ser aplicada. Tras la derrota de España en la corta guerra hispano-estadounidense, se firmó el Tratado de París el 10 de diciembre de 1898, por el que España además de Cuba entregó de Filipinas, Puerto Rico y Guam a los EE.UU. Sin embargo, esto no significó la libertad inmediata para los cubanos, ya que la isla pasó a estar bajo la ocupación militar de los EE.UU. (ahí estaba el Destino Manifiesto). No fue hasta el 20 de mayo de 1902, cuando se retiraron las tropas estadounidenses, que nació la república independiente de Cuba. Aunque los EE.UU., mediante la enmienda Platt en la misma constitución cubana, se reservó el derecho de intervenir en la isla cuando lo considerase necesario (así lo hizo en 1906, 1912, 1917 y 1920). La enmienda se eliminó en 1934, aunque los EE.UU. mantuvo la base militar de Guantánamo.

El denominado Desastre del 98, además de la entrega de Cuba, Filipinas, Puerto Rico y Guam a los EE.UU., significó el refuerzo de los autonomismos peninsulares que se vieron reflejados en la concesión autonomista a Cuba. La autonomía cubana impregnó los primeros modelos políticos de los regionalismos que surgieron en Cataluña, el País Vasco y Galicia desde el último cuarto del siglo XIX, y que ya en el siglo XXI se han convertido en movimientos independentistas, extendiéndose hasta Navarra, Baleares y la Comunidad Valenciana.

La motivación catalana no fue sólo la autonomía cubana. En Cuba existían grupos nacionalistas catalanes, como el Bloque Nacionalista o el Casal Nacionalista, simpatizantes con la causa cubana, que aspiraban a la independencia de Cataluña. Cubanos y catalanes también coincidían en la condena del general Weyler como su represor por igual, ya que el mallorquín había sido también Capitán General de Cataluña en 1909 durante la Semana Trágica de Barcelona. No es de extrañar que en Cuba encontrara la inspiración Vicente Alberto Ballester, miembro de la separatista Unión Catalanista, para crear la bandera independentista catalana. Ballester, basado en la insignia del rey de Aragón y en la bandera cubana diseñó la bandera estelada. Y en 1928, Francisco Maciá fundó en La Habana el Partido Separatista Revolucionario de Cataluña, proclamando la estelada como la bandera de la utópica República Catalana.