El autor propone un Silicon Valley a la mediterránea
CRÓNICAS INCORRECTAS
¿Qué queremos ser de mayores?
Baleares ante su encrucijada: por qué la tecnología y la investigación son la única salida al colapso del éxito
La sociedad balear experimenta desde hace años un más que evidente desconcierto existencial. El modelo económico que ha funcionado con éxito desde el último tercio del siglo pasado presenta en la actualidad síntomas claros de agotamiento terminal. Y también de un importante rechazo social, pues la mayoría de los ciudadanos no manifiesta ninguna intención de incomodar su vida lo más mínimo para favorecer el desarrollo de la industria turística y todas sus actividades complementarias, esas que han constituido la base -de forma casi exclusiva- de nuestra pujanza económica contemporánea.
Los políticos, como no podía ser menos, son plenamente conscientes de ese profundo cambio de mentalidad social. Hoy la gente no aparece nada dispuesta a aguantar la masificación en nuestras calles, a experimentar colas kilométricas para encontrar aparcamiento, a sufrir la saturación de nuestras playas, a soportar a vecinos ruidosos o fiesteros, o a pagar cuentas estratosféricas para consumir productos basura en cualquier chiringuito costero. Pero surgen entonces aquí las grandes preguntas: ¿qué queremos hacer los ciudadanos insulares con nuestras vidas? ¿hacia dónde encaminamos nuestro modelo económico del futuro? ¿qué queremos ser los baleares de mayores?
Hay que hacer nuestro territorio atractivo para los investigadores y para el acogimiento de empresas punteras y su exigente capital humano
Resulta un hecho manifiesto que en nuestras islas no podemos vivir de un eventual renacimiento del sector primario. Nuestra artesanal producción ecológica de vino, aceite, embutidos, frutas o verduras no podrá jamás alcanzar los volúmenes que serían precisos para generar un cambio económico estructural. Qué decir también de nuestra escasa producción industrial. Con excepción de la muy puntual industria del calzado, los crecientes costes derivados de la insularidad en transportes, materias primas, energía y masa laboral generan una dificultad insalvable para relanzar el sector secundario, ni siquiera con las industrias más verdes y ecologistas que cualquiera podría imaginar.
Conocidos los evidentes obstáculos anteriores, solo parece quedarnos una ventana futura de oportunidad. Las Islas Baleares están condenadas a combinar, de forma inteligente, una controlada industria turística de calidad con su paulatina transformación en una localización empresarial novedosa, destinada a algún tipo de industria «limpia» vinculada a la investigación, a las telecomunicaciones y a las nuevas tecnologías. Una especie de Silicon Valley a la mediterránea. Para ello es necesario fomentar la existencia de parques tecnológicos, poniendo a su disposición suelo industrial y aprobando sin complejos importantes incentivos fiscales. Hay que hacer nuestro territorio atractivo para los investigadores y para el acogimiento de empresas punteras y su exigente capital humano. La llegada inminente de una Universidad privada como el CEU, que rompe el monopolio de décadas de la inmovilista UIB, puede suponer una gran contribución a ese futuro investigador y tecnológico.
El problema de esta ventana de oportunidad es que no se puede desaprovechar el momento. Por la estación del futuro los trenes pasan rápido y una sola vez. Con la mentalidad arcaica y cateta de los anteriores gobiernos autonómicos de izquierda nacionalista, siempre nostálgicos de una idílica sociedad rural que nunca existió, todo ello resultaba imposible. Ahora reunimos las circunstancias idóneas para aprovechar esa posibilidad. Solo son necesarias intención, planificación y valentía.