Josep Lluís Riera
El 'notario' de las 2.050 campanas
«El Jueves y Viernes Santo se cumplía el 'ayuno de campanas' con el sonido de la matraca en las iglesias»
El experto Josep Lluís Riera explica cómo en Semana Santa este instrumento de madera imponía su ley de silencio antiguamente y marcaba el luto de la Pasión
Josep Lluís Riera (Palma, 1958) pasó de los expedientes del Defensor del Menor a levantar el acta definitiva del patrimonio sonoro de Baleares. Este educador social jubilado ha rastreado 600 iglesias y censado 2.050 campanas para confirmar una muerte anunciada: la del oficio de campanero profesional. En esta entrevista, guía a El Debate por un mundo de nombres propios —el de cada campana—, reivindica la figura del voluntario y descubre el latido de la matraca, ese instrumento de madera que impone su ley de silencio durante el duelo de la Semana Santa.
—¿Cuándo empezó a interesarse por las campanas de Mallorca?
—A partir del año 2009. Me empecé a interesar por un tema de protección del patrimonio. Desde entonces estoy realizando un inventario de campanas de todas las Islas Baleares.
—¿Cuántas campanas ha visitado hasta ahora?
—Hasta el momento he visitado unos 600 espacios, entre iglesias, conventos y posesiones, con unas 2.050 campanas detectadas, sobre un total aproximado de 3.000 que puede haber en la isla.
—Alguna vez oí decir que hoy hay iglesias que emplean grabaciones con el sonido de campanas...
—Eso debe de ser una leyenda. Lo que sí es cierto es que un porcentaje muy elevado de iglesias y de conventos utilizan sistemas electrónicos para hacer sonar sus campanas. En algunas sacristías, por ejemplo, podemos ver aparatos ya programados en donde se especifica Toque de misa, Toque de funeral, Toque de fiesta o Repique de campanas.
—¿Ya no quedan campaneros?
—Es un oficio que casi ha desaparecido en la isla.
—¿Por qué está desapareciendo?
—Está desapareciendo, entre otras razones, porque ha ido variando todo lo relacionado con la liturgia. Antes, poblaciones como por ejemplo Bunyola tocaban las primeras campanas a las cuatro de la madrugada, con un sonido que se decía Buenos días. Además, actualmente el número de misas se ha reducido.
—Ah, de acuerdo...
—Es verdad que aún hay algunos campaneros en Mallorca, pero ya no de profesión, sino como voluntarios. Por regla general, suelen ser personas que realizan distintas labores en parroquias, como abrir y cerrar la iglesia, ayudar al sacerdote o la ya citada de tocar las campanas. Está situación se da todavía en pueblos como Búger, Bunyola u Orient.
Es un oficio que casi ha desaparecido en la isla; ya no quedan campaneros de profesión, sino como voluntarios"
—¿En Palma también es así?
—Bueno, en Palma hay ahora mismo un joven de 22 años que, a pesar de tener otro trabajo, toca de vez en cuando las campanas de las iglesias de San Felipe Neri, la Santísima Trinidad o San Nicolás.
—Antiguamente, ¿las campanas también alertaban de algún suceso grave?
—Sí, así es. Podían alertar por ejemplo de un incendio o de una inundación. De hecho, todavía hoy hay parroquias en el interior de la isla que mantienen toques específicos para situaciones así.
—¿Todas las campanas tienen siempre un nombre propio?
—Efectivamente. La práctica totalidad de las campanas tienen un nombre propio, que en un porcentaje muy elevado son nombres de personas, como Bárbara, Antonia, María, Eloi, Sebastián o Jordi. También hay campanas que se llaman Penjallums o Dang.
—¿Todavía se fabrican campanas en Mallorca?
—En la actualidad ya no. Las fundiciones de campanas que aún existen, que deben de ser cinco o seis, se encuentran en la Península.
—¿En los campanarios sólo hay campanas?
—No, también hay matracas en la mayoría de ellos.
—¿Qué es una matraca?
—Es un instrumento de percusión, hecho de madera, habitualmente en forma circular, que al empezar a dar vueltas produce un sonido muy característico, provocado por el golpeo de sus martilletes sobre la madera. De hecho, la palabra matraca procede de una palabra árabe que significa martillo.
—¿Cuántos tipos de matracas existen?
—Básicamente existen dos tipos de matracas. Por una parte, las que se encuentran en los campanarios, y, por otra parte, unas muy pequeñas y manuales, que son las que utilizan los monaguillos en determinadas celebraciones litúrgicas, si bien también es cierto que de las matracas de los campanarios puede haber diferentes medidas.
Matraca
—¿Por qué empezó a interesarse por las matracas?
—Porque me di cuenta de su importancia a base de subir a los campanarios de iglesias y de conventos. Fue entonces cuando descubrí que esos instrumentos se usaban en unos días muy concretos de la Semana Santa.
—¿En qué días exactamente?
—Antes del Concilio Vaticano II, las matracas se hacían sonar esencialmente el Jueves Santo y el Viernes Santo, que eran dos jornadas en que estaba prohibido utilizar las campanas, en señal de duelo. Esta circunstancia era conocida como «ayuno de campanas».
La única excepción sería la de la matraca octogonal que hay en la Catedral de Santa María de Mallorca, que es una matraca de 1330 que todavía suena"
—¿Y hoy sigue siendo así?
—Sí, todavía hoy, en Semana Santa, se hacen sonar las matracas en muchas iglesias isleñas, por ejemplo en los municipios de Inca, Porreres, Manacor, Llucmajor, Sencelles, Binissalem, Santa Maria, Esporles o Estellencs, entre otros. En cambio, en Palma no recuerdo que haya ahora ninguna parroquia que haga sonar esos instrumentos. La única excepción en ese sentido sería la de la matraca octogonal que hay en la Catedral de Santa María de Mallorca, que es una matraca de 1330 que todavía suena el Jueves Santo y el Viernes Santo.
—Intuyo que habrá escrito ya algunos estudios sobre la materia...
—Sí, sí —sonríe—. He publicado ya estudios sobre este tema relativos a las poblaciones de Alcúdia, Sa Pobla, Maria de la Salut, Búger, Porreres o Llucmajor. Por otro lado, ahora mismo estoy preparando unos trabajos específicos sobre las campanas intramuros de Palma, que se encuentran en unos 70 espacios distintos, entre monasterios, cuarteles y casas particulares.