Estrellas inolvidables que formaron parte de la Mallorca del 'glamour'
Nostalgia de una época pasada
De la Mallorca glamurosa del pasado a la de los 'influencers' del presente
La isla balear sigue atrayendo hoy a personalidades famosas de todo el mundo, pero sin llegar a alcanzar las cotas que logró décadas atrás
A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, residieron en Mallorca o veranearon con frecuencia en la isla estrellas de Hollywood, emperatrices en el exilio, futuros premios Nobel de literatura o numerosos artistas de renombre nacional e internacional, que solían ser captados sobre todo por las cámaras de los grandes paparazzis de la época. Dichos redactores gráficos son los que recuerdan hoy con nostalgia aquellos años, en especial si los comparan con el momento presente, mucho menos glamuroso.
Uno de esos periodistas es Pedro Prieto, maestro de maestros que recientemente cumplió 80 años de edad y que todavía sigue al pie del cañón —o, mejor dicho, del ordenador— en el diario Última Hora. Al inicio de nuestra conversación, Pedro nos recuerda que Errol Flynn tuvo una casa en Mallorca o que en los años sesenta se rodaron aquí películas con astros de la talla de Sean Connery, Gina Lollobrigida, Michael Caine, Candice Bergen o Anthony Quinn. «También se rodó en la isla una parte de El verdugo, de Luis García Berlanga», rememora. Fue asimismo en el siglo pasado cuando figuras como Winston Churchill, Grace Kelly, Rainiero de Mónaco, Charles Chaplin o Audrey Hepburn se alojaron en algún momento en el mítico Hotel Formentor.
Personajes universales e irrepetibles que disfrutaron de aquella Mallorca
Un hecho crucial que se produjo a partir de los años setenta fue que la Familia Real empezó a pasar sus vacaciones estivales en el Palacio de Marivent. «Los Reyes pusieron a Mallorca en el mapamundi», destaca Pedro, para añadir: «Si tuviéramos que pagar a precio de tarifa toda la publicidad que le hicieron a Mallorca, sería una cifra incuantificable». Por aquí pasaron, invitados por Don Juan Carlos y Doña Sofía, los reyes de Jordania, los emperadores de Japón, Bill Clinton y Hillary Clinton o, a principios de los ochenta, Carlos de Inglaterra y Diana de Gales, enumera. «La foto que le hicimos a Lady Di en la proa del Fortuna dio la vuelta al mundo», subraya a continuación.
Otros tiempos
Pedro relata a El Debate numerosas y jugosísimas anécdotas, algunas impublicables, que servirían para escribir varios reportajes más. Muchas de esas historias vinculadas a personalidades famosas y al famoseo están recogidas en su libro Que me quiten lo bailao. «Las redes sociales casi han matado el reporterismo, porque tiempo atrás, si tú querías la foto, tenías que ir a hacerla, fuese donde fuese y costase lo que costase, mientras que ahora te la dan hecha en las redes y todo el mundo la coge de allí», lamenta. En los años ochenta y noventa, podía llegar a haber más de medio centenar de paparazzis en Mallorca en verano a la caza de algún famoso. «Llegábamos, disparábamos y una vez que teníamos la pieza ya bien cogida, íbamos a hablar con ella», ironiza.
Decía Giorgio Armani que «la elegancia no consiste en destacar, sino en ser recordado». En ese sentido, podríamos decir que la Mallorca del pasado siglo fue siempre elegante y ha dejado en quienes la conocieron un recuerdo indeleble
En ese sentido, las dos mayores virtudes que debía poseer un reportero de los de antes eran la constancia y la perseverancia. «Yo mismo tardé 23 años en conseguir una entrevista con Michael Douglas —que había comprado en Valldemossa la finca de S'Estaca—, pero al final pasamos de enemigos a casi amigos», recalca. Quien sí acabó siendo un muy buen amigo de Pedro fue Peter Ustinov, que además rodaría en Mallorca Muerte en el Nilo en los años setenta. «Era una persona extraordinaria, que navegaba a bordo de su velero por nuestras aguas y que era capaz de cantarte en varios idiomas Malagueña salerosa», evoca con un punto de melancolía.
En clave ya estrictamente nacional, confirma que un clásico de los estíos de antaño era el del posado en la playa. «Había dos posados insoslayables al inicio de cada verano, el de Ana Obregón y el de Norma Duval», corrobora. También nos cuenta que en cierta ocasión fue a entrevistar al director Fernando Trueba, que poseía una casa en el Puerto de Andratx, en donde se encontró con una agradable sorpresa: «Aquel día estaba en la finca Santiago Segura, hablándole a Trueba de la que iba a ser su primera película como cineasta, Torrente: el brazo tonto de la ley, y les hice una foto a los dos». El resto ya es historia.
Influencers y raperos
A modo de conclusión, Pedro señala que «se han perdido el romanticismo, la magia y la aventura del reportaje», en un mundo dominado hoy por «influencers y raperos» esencialmente. «A mí me ven como a un marciano —sonríe—, pero yo no cambio lo que se vive ahora por lo que vivimos nosotros», sentencia. Por último, indica que «los únicos supervivientes» de aquella manera de hacer periodismo en Mallorca serían hoy solo dos compañeros de profesión, Julián Aguirre y Joan Lladó, que pertenecen a «la vieja escuela».
«El glamur y el señorío se han perdido, son otros tiempos y es una nueva etapa», asevera Julián Aguirre, quien también trabaja en Última Hora. La citada falta de glamour la atribuye al «actual nivel de los famosos» y a «los nuevos medios de comunicación». Ahondando en esa idea, explica que, además, «se está perdiendo la costumbre de entrevistar a grandes personajes que hacían cosas valiosas en el ámbito del cine o de la música, y que eran famosos por su profesión». A ello habría que añadir que, por otra parte, «en estos últimos años se ha reducido bastante la presencia de los miembros de la Familia Real en Mallorca».
«Antes íbamos detrás de un Bertín Osborne o de un Julio Iglesias con su nuevo amor, y ahora estamos haciendo guardia, con menos ganas, enfrente de la puerta de un hotel en donde se alojan un influencer o una influencer, que además no salen del hotel, porque están en el jacuzzi o en la piscina haciéndose selfies, como si fueran estrellas de Hollywood», resume. Son otros tiempos, sin duda, pero Julián se muestra agradecido por haber tenido «la gran suerte» de vivir aquella etapa y de estar viviendo ahora otra, «que también es bonita, aunque diferente a la primera».
Los paparazzis
A nivel fotográfico, Julián fue partidario durante muchos años de lo analógico, hasta que finalmente aceptó que lo digital era mucho más rápido y menos costoso. «Con el tema de los famosos y del postureo de hoy también me ha costado acostumbrarme, pero es lo que se lleva ahora y nos tenemos que adaptar», prosigue. Haciendo gala de su fino sentido del humor, dice que ahora tiene que estudiar cada cierto tiempo quiénes son los nuevos famosos de moda en cada ámbito. «Cuando me dicen que viene tal o cual persona, tengo que mirar su Instagram para ver quién es y lo que hace», añade con una sonrisa. «Ahora lo que vende es una cara bonita o un cuerpo casi perfecto, aunque también venden, al mismo tiempo, la autenticidad y la naturalidad, por lo que por ejemplo pueden llegar a tener mucho éxito un abuelo o una abuela cocinando», concreta, para apostillar: «Si el público quiere hoy eso, yo le voy a dar eso».
Sea como sea, los paparazzis «siempre existirán», aunque hoy sean muchos menos en número, sobre todo porque su labor no se paga hoy tanto como antes. «Como hoy en día cualquier persona con un teléfono móvil puede hacer una foto y subirla a las redes sociales, muy a menudo se pierde la exclusividad, que es lo que pagaban las revistas», sintetiza.
Aun así, los reporteros de raza aportan siempre un valor añadido. «Somos los únicos que estamos en la calle, con la cámara cargada en todo momento, haciendo crónicas reales, algo que no ocurre con muchos textos hechos por la IA, que están llenos de mentiras», asevera. «Nos gusta contar lo que ha sucedido y publicar cosas que no se ven en las redes. Así, si un famoso ha llegado en un vuelo a las ocho de la mañana, lo contamos; si luego ha comido una paella en un restaurante, lo contamos también; y si se ha tropezado en una baldosa corriendo delante de los paparazzis, lo contamos igualmente», concluye.
Presente y futuro
Hablamos también, por último, con Joan Lladó, con una trayectoria profesional de veinte años trabajando para diversos medios de comunicación y agencias, con una tarea centrada esencialmente en las celebrities. «Yo sigo haciendo hoy lo mismo que hacía antes, que es salir a la calle, trabajar muchas horas, buscar, mirar, averiguar e intentar hacer fotos», confiesa. No obstante, admite que cuando él empezaba era «más fácil» conseguir temas en Mallorca, a diferencia de ahora mismo, «en parte porque los famosos se dejan ver hoy un poco menos». De hecho, ha comprobado que las celebrities eligen cada vez menos los hoteles habituales y cada vez más fincas privadas o agroturismos, «que es algo que complica mucho el trabajo».
El radio de acción de Joan no sólo abarca Mallorca, sino también Menorca y muy puntualmente Ibiza, una isla en la que los famosos se dejan ver un poco más. De sus trabajos más recientes destaca «cuando Jeff Bezos vino a recoger su barco nuevo aquí en Palma, cuando Tom Cruise visitó la isla o cuando Jennifer Aniston empezó a salir con su actual pareja». En este contexto, afirma que lo que no ha cambiado de ayer a hoy es que «cualquier personaje de relevancia nacional o internacional sigue suponiendo una gran publicidad para Mallorca».
Pese a esa constatación, reconoce que «antes el glamur te lo daba el tipo de famoso que venía, y lo cierto es que venían muchos famosos». Algunos de ellos acudían, además, a los eventos más importantes de la época para promocionarlos. Hoy en día, en cambio, «los organizadores de determinados eventos prefieren invitar a tres o cuatro influencers que cuentan con miles de seguidores para que publiciten dichos actos, aunque esos invitados especiales no tienen por qué ser necesariamente atractivos para la prensa». O dicho de otro modo, «el hecho de tener muchos seguidores en las redes no implica que esos influencers sean personajes interesantes para salir en las revistas del corazón».
Decía el gran modisto italiano Giorgio Armani que «la elegancia no consiste en destacar, sino en ser recordado», una sentencia que seguramente se podría aplicar también a la vida en general. En ese sentido, podríamos decir que la Mallorca del pasado siglo fue siempre elegante, y aunque hoy aún lo sigue siendo, dejó entonces en quienes la conocieron un recuerdo indeleble.