Aquí amanece muy pronto. La blanquecina luz del alba tamiza el verde oscuro de las palmeras. Un poco más allá el campo de golf me recuerda a los potreros de esta tierra bendecida. El mar, todavía gris, es una mancha oscura que casi rompe contra el césped, ondulado de pequeñas colinas por las que, en pocas horas, circularán los carritos eléctricos. Desayunamos en la gran terraza. Ahora puedo tomar café, aunque con mesura. La alegre sorpresa de una de estas mañanas fue el gran reconocimiento que la Asamblea Francesa dispensó a don Juan Carlos I y a su libro. Hace poco el rey padre ya fue aplaudido en Sevilla. También en Mallorca nos estamos dando cuenta del gran error que se cometió, y se sigue cometiendo, con el hombre que trajo la democracia a España. Tenía el poder absoluto de Franco en sus manos y lo entregó para ser el titular de una república coronada.

Las nuevas generaciones no lo vivieron y ahora se niegan a entenderlo: sin ese hombre la España que asombró al mundo con la Transición nunca hubiese sido posible. Yo disculpo sus errores, que los tuvo, porque las contrapartidas de su reinado fueron mucho más importantes. En Mallorca, me parece, deberíamos considerar la posibilidad de acogerlo en Marivent. Sería una pequeña muestra de agradecimiento por la proyección internacional que supo dar a la isla. No lo haremos: los de la Roqueta somos muy rocosos y tenemos -no todos- mala memoria.

Poco a poco la gente volverá a la moderación y el PP recuperará parte del electorado que se le echó al monte

Fue un domingo de buenas noticias, excepción hecha de la ruptura de las conversaciones en Islamabad: ganó el Mallorca, y el Barça ya acaricia la Liga, ya me perdonarán. En Puigpunyent los de Arran increparon a Vox: grave error. La marea política ajusta sus tiempos. En Hungría ha ganado el centro derecha frente al extremista Orban. Son síntomas esperanzadores. Poco a poco la gente volverá a la moderación y el PP recuperará parte del electorado que se le echó al monte porque aquello de la derechita cobarde caló mucho más de lo que esperaban incluso los inventores del eslogan. Pero PP y Vox acabarán gobernando juntos y Abascal se topará de bruces con la realidad. En tiempos inciertos el elector buscará la moderación. Ni los chicos de Arran -unos exaltados antisemitas- ni el discurso trabucado de Jorge Campos, quien, por cierto, salió de penitente en una procesión salmantina.

Aquí el atardecer es puntual. En la anochecida, las ranas croan ante mi ventana. Leo y escribo. Pienso que Marga Prohens puede estar relativamente tranquila porque el tiempo y los acontecimientos juegan a su favor. Pero ojo con las repercusiones económicas de la guerra. Israel y Estados Unidos se la tienen jurada a Sánchez pero las salpicaduras de lo que pueda pasar -va a pasar- superarán los límites de la Moncloa. Espero que Feijóo tenga claro -como lo tendrán sus votantes- que la España que va a gobernar no puede permitirse el lujo de tener ciertos enemigos. Y que tarde o temprano las posiciones extremas -en ambas riberas del Pecos- serán castigadas. Margalida, la de Campos, lo comprendió hace tiempo. O eso creo, tampoco me vayan a hacer mucho caso.