Grabado del antiguo valle

La increíble historia de los mallorquines que llevaron el azúcar a América por encargo de Colón

El alcaide Miquel Ballester y el técnico Bernat Aguiló levantaron en 1505 el primer trapiche de Santo Domingo con cepas de Artà, trasladando el éxito agrícola de la isla balear al Caribe

La primera explotación de caña de azúcar en la Hispaniola —hoy República Dominicana— hunde sus raíces en la Mallorca conversa. Es una historia larga y fascinante, perfectamente documentada en trabajos de prestigiosos historiadores. Sumergirse en ella implica poner de nuevo sobre el tapete la eterna cuestión del origen de Cristóbal Colón. No entraremos en tan vidrioso tema, pero los hechos contrastados sitúan al Almirante de la Mar Oceana lejos de Génova, en un contexto geográfico, cultural y religioso catalano-judeo-mallorquín.

Más allá de las controversias historiográficas sobre la naturaleza de Cristóbal Colón, el foco de esta crónica se centra en la trayectoria de Miquel Ballester y Bernat Aguiló. Este último, un judío converso natural de Artà, fue una pieza clave en la expedición gracias a su condición de mestre sucrer (maestro azucarero), cuya pericia técnica resultó fundamental para el desarrollo de la industria en el Nuevo Mundo.

Mallorca fue pionera en la producción de azúcar. La técnica de esta industria llegó desde Levante. En 1480 ya se plantaba caña de azúcar en las islas Canarias y antes ya se hizo en Madeira. En Mallorca, un grupo de personas pertenecientes a la nobleza —Mateo Sala, Pedro Amaller, Francisco de Pacs y los hermanos Gabriel, Antonio y Pedro Verí— compraron una gran finca en Artà llamada la Torre d'en Montsó. Destinaron aquella gran extensión de tierra a la plantación de caña dulce - canya mel, expresión que hoy se ha convertido en topónimo de la zona -, dado que el lugar era muy apropiado para este cultivo. Previeron construir un trapiche hidráulico, ya que se contaba con numerosos saltos de agua en los linderos de la finca. Además, obtuvieron la concesión real a perpetuidad de todas las aguas que afluían al torrente por la finca hasta el mar.

En su segundo viaje trajo a Ballester

Volvamos al principio de esta historia, Colón con sus tres carabelas llega a lo que después sería conocido como el Caribe centroamericano. Con una de las tres naos seriamente dañada por la travesía, levantaron un fortín al que denominaron La Isabela. Eran los primeros pasos de una gesta que, aún hoy, asombra al mundo.

Colón dejó a un grupo de sus mejores hombres en el fuerte y regresó a España. En su segundo viaje (1493-96) trajo consigo a Miquel Ballester. Ojo a este nombre porque es clave en esta historia: ¿Quién era Miquel Ballester i Tarannau? La mallorquinidad de su familia está totalmente demostrada y documentada. Miquel pudo nacer en Tarragona, pero era originario de Mallorca, concretamente de Manacor. Hijo de Joan Ballester, notario y secretario del Rey Fernando el Católico, se casó con Francina Tarannau, judía conversa catalana cuya familia poseía una gran fortuna.

Miquel Ballester aparece por primera vez en la historia colombina cuando Cristóbal Colón, de regreso del Nuevo Mundo, se encuentra con los reyes en Barcelona. Para algunos historiadores resulta muy llamativo el hecho de que el descubridor visitase Barcelona junto con Isabel y Fernando precisamente en el momento de dar cuenta del éxito de su primera expedición transoceánica. Ello ocurría a finales de abril o primeros de mayo de 1493.

De aquel encuentro catalán surgirían aspectos no demasiado divulgados que marcarían el rumbo de la historia de la Conquista, principalmente de sus primeros pasos en la «Hispaniola». El caso fue que, por recomendación de Luis de Santángel —también judío converso y muy posiblemente auténtico financiador del primer viaje de Colón—, Miquel Ballester formó parte de la segunda expedición. En ella viajaron, sin lugar a dudas, un buen número de mallorquines y catalanes que se movían en el entorno de Santangel.

Concepción de la Vega

El caso fue que Miquel Ballester llegó a América en el segundo viaje de Colón (1493). Los expedicionarios encontraron el fuerte La Isabela convertido en un montón de cenizas humeantes. Entonces el Almirante ordenó adentrarse en el interior de la isla, llegando así al valle central, donde encontró unas tierras fértiles y con abundancia de agua.

Así nació la primera población de América, denominada Concepción de la Vega. Ballester fue nombrado alcaide de dicha población. Hubo rebeliones y luchas internas cuya narración haría interminable este reportaje y nos desviaría de nuestro objetivo principal de desvelar las huellas mallorquinas y judeoconversas de las primeras explotaciones de caña de azúcar en el Nuevo Mundo. Porque Ballester, en aquel viaje, se llevó canyesmel procedentes de las tierras de Artà y las plantó en las feraces tierras del Trópico. El resultado, como era de esperar, fue espectacular, pues las cañas crecieron y se desarrollaron rápidamente.

Y llegó así el tercer viaje de Colón. Miquel Ballester, ya convertido en persona de su estricta confianza, le pidió que, a su regreso, trajera con él a un maestro azucarero. Y ahí es donde entramos en el terreno de las preguntas sin contestar. ¿Por qué el Almirante, en la cima de su poder, no fue a buscar el técnico en trapiches en la amplia zona de Levante? ¿Por qué trajo a América a un humilde maestro azucarero de una de las zonas más remotas de Mallorca, en Artà?

El caso fue que Bernat Aguiló —posiblemente descendiente del primer judío converso que tomó ese nombre en Mallorca durante la terrible revuelta judía de 1391 y, si es así, antepasado de quien esto suscribe— desembarcó en la Hispaniola y, con sus conocimientos, trabajos y esfuerzos, puso en marcha una industria trascendental en la historia centro y sudamericana.

El primer trapiche

Fue en el año 1505 cuando Miquel Ballester y Bernat Aguiló construyeron el primer trapiche para moler caña de azúcar. Desde aquel momento se procedió a sembrar grandes extensiones de caña, la primera en Concepción de la Vega Real (1514) y, posteriormente, en San Cristóbal, dos años después. Ambos implantaron en América la técnica del trepitg. Cabe suponer que el maestro azucarero de Artà hizo fortuna, pues tiene documentadas a su nombre un buen número de tierras entre Muro y sa Pobla.

El cinco de agosto de 1496 tuvo lugar la fundación de la que sería primera ciudad de América, la actual Santo Domingo. La fundó Bartomeu Colón, hermano del descubridor. Su primer alcalde fue Miquel Ballester i Tarannau, mallorquín por los cuatro costados, aunque naciera en Tarragona. Miquel, quien fue capaz de contener la rebelión de Roldán —un levantamiento contra Cristóbal Colón—, no pudo, sin embargo, sobrevivir a la revuelta de Els Agermanats en Mallorca. Murió a manos de los rebeldes —hoy idealizados por la progresía insular— tras el incendio y la destrucción de todas sus propiedades. De ahí que sus herederos no pudiesen conservar los archivos de este gran personaje.

No sabemos qué fue de Bernat Aguiló ni si sus descendientes inmediatos fueron acusados o no de judaizar. Este reportaje, en todo caso, quisiera ser un pequeño homenaje a su memoria.