Desde la retaguardiaMiquel Segura

Can Peu Blanc: de instituto de mis hijos a centro de adoctrinamiento ‘woke’

Un sector del profesorado ha sustituido la libertad de pensamiento por la propaganda de extrema izquierda, repitiendo los vicios manipuladores de la dictadura

Un sector muy importante del profesorado de Mallorca se ha convertido en el agente transmisor del pensamiento de extrema izquierda. Eso viene de lejos y tuvo su origen en el antiguo PSM, hoy subsumido en el vertedero ideológico de Podemos y Sumar.

Quienes fuimos docentes durante la dictadura franquista -ha llovido- nos convertimos en víctimas involuntarias de una manipulación descomunal. La educación oficial, sin tener que dar cuentas a nadie, intentaba lavarnos el cerebro, especialmente en las clases de Historia y en una asignatura insoportable -que impartían profesores falangistas- denominada Formación del Pensamiento Nacional. Dado que toda actividad pública era terreno acotado, los adolescentes de entonces -al menos los que crecíamos con algo parecido a lo que hoy denominaríamos espíritu crítico- debíamos convertirnos en exploradores que apenas podíamos movernos en la jungla del relato oficial. Por cierto, yo tuve un profesor honrado que -en un clima de confidencia amparado por una cierta proximidad familiar o de clan- me desveló alguna de las claves que más tarde me servirían para cincelar un pensamiento propio. Aquel hombre no era, ni mucho menos, un rojo sino un librepensador que para ganarse la vida llegó incluso a ejercer el cargo de Delegado Local de Sindicatos. Eran tiempos difíciles.

Más de seis décadas después, en la docencia actual, el clima es claramente el inverso: en un ambiente de teórica libertad, amparado por la Constitución de 1978, las aulas se han llenado de predicadores izquierdistas que, dentro del más estricto pensamiento woke, urden continuamente iniciativas para manipular el ya agitado espíritu de los adolescentes. El caso -publicado por El Debate- del Instituto Can Peu Blanc de sa Pobla en el que una clase de matemáticas de convirtió en una «encuesta digital» en la que se inquiría a los alumnos sobre su ideología o su identidad sexual, es paradigmático pero no es el único.

Un sector muy importante del profesorado de Mallorca se ha convertido en el agente transmisor del pensamiento de extrema izquierda. Eso viene de lejos y tuvo su origen en el antiguo PSM, hoy subsumido en el vertedero ideológico de Podemos y Sumar. Ocurre, sin embargo, que los jóvenes de hoy en día han reaccionado ante esa monumental manipulación. Hasta hace poco se tragaban sin rechistar -cuando no secundaban- el pensamiento oficioso que ha convertido nuestras aulas en un remedo de aquellas clases de los años 40 y 50 presididas por el retrato de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera.

No cabe esperar mucho de la Conselleria de Educación; la invocada «libertad de centros» se ha convertido en el cajón de sastre en el que van a parar las denuncias

El caso que nos ocupa ha sido denunciado por el solitario representante de Vox en el ayuntamiento pobler. Le ampara la razón aunque, a mi modo de ver, este partido ha quemado su credibilidad al agotar sus escasas fuerzas -y las de muchos ciudadanos- en cuestiones ridículas que atentan contra la ciencia lingüística y la más pura lógica. Ahora, al denunciar una manipulación grave y que puede resultar perturbadora para nuestros hijos y nietos, no creo que le hagan mucho caso. Y será una lástima porque -lo repito- en esta ocasión la denuncia está cargada de razón.

Tampoco cabe esperar mucho de la Conselleria de Educación. No porque no quieran hacer nada -profesoras como la que dirigió la falaz encuesta en sa Pobla son, en realidad, la pesadilla de Antoni Vera- sino porque, sencillamente, no pueden. La tan invocada «libertad de centros» se ha convertido en el cajón de sastre en el que van a parar todas las denuncias, reclamaciones o quejas. El Instituto de can Peu Blanc -en el que estudiaron mis hijos cuando la Transición garantizaba la libertad de pensamiento y el respeto a una diversidad que ni siquiera se cuestionaba entonces- ha sido y sigue siendo el baluarte de los pro palestinos y antisemitas. Uno de mis nietos ha tenido que soportar clases enteras con la bandera verdinegra frente a sus narices entre risitas solapadas y la indiferencia del profesor.

Bien mirado, yo creo que sí se puede y se debe hacer algo para evitar la horrenda manipulación que, un día sí y otro también se practica en nuestras aulas. Tiene que haber un camino que permita un golpe de autoridad. No vale rendirse. Tampoco ver el diablo donde no está. Habría que separar el grano de la paja, el pensamiento pacato de cierta derecha de aquello que, realmente, atropella la libertad personal de los escolares. Hoy he querido recordar al hombre honesto que me ayudó a expandir la mirada más allá del páramo del pensamiento único. Tal vez es lo que ahora echamos en falta: un poco de honestidad.