Ponç Bover posa en su casaReportaje gráfico: Jordi Avellà

Entrevista

Ponç Bover, el último recordman de la España en blanco y negro: «Cuando empecé no sabía qué era el atletismo»

Dejó el fútbol para batir diez récords en Baleares mientras 'engañaba' a la prensa con dos identidades. A sus 80 años, este mallorquín ha recibido la máxima distinción del deporte balear

Ponç Bover era un blauet que cantaba a Dios en Lluc antes de ganarle el pulso al viento. Un hombre que ganó diez récords, escribió con doble identidad para salvar su deporte y trabajaba en una oficina de Correos donde guardaba la nostalgia de los 66 kilos que pesaba cuando la felicidad era simplemente no detenerse. A sus 80 años, el último pionero del atletismo balear recibe el premio Cornelius Atticus, la máxima distinción otorgada por el Govern balear a deportistas, tras una vida de zancadas, fe y humildad: «Empecé sin saber que aquello se llamaba correr».

La historia del atletismo balear de la segunda mitad del siglo XX no sería la misma sin el ejemplo de Ponç Bover (Porreres, 1945). «Cuando yo era pequeño, no había prácticamente nada, casi no sabíamos ni siquiera qué era el atletismo», explica al inicio de su conversación con El Debate, para dar a conocer el difícil contexto en el que creció.

Aun así, de niño Ponç tenía una predisposición casi innata para el deporte, pues ganaba invariablemente las carreras que se organizaban en su pueblo. «Siempre había carreras en los distintos municipios de la isla», recalca hablando ya en general. Siendo aún un menor, con 12 años de edad, ingresó en el Santuario de Lluc como blauet —niño cantor— en la escolanía de dicho monasterio. En su estancia allí, también pudo encontrar tiempo para correr y para imponerse a niños mayores que él.

Premio Ponç BoverJordi Avella

Premio Cornelius Atticus Ponç BoverJordi Avella

Cuadro enmarcado en agradecimiento a su dedicaciónJordi Avellà

Curiosamente, Ponç se había iniciado en otro deporte. «Yo empecé a jugar a fútbol en el Atlético Baleares juvenil», recuerda. Luego, en 1963, un compañero le dijo que en el Gimnasio Olímpic, en la calle Reina María Cristina de Palma, había un equipo de atletismo, dirigido por Pep Serra. «Este hombre, que era catalán, había venido a hacer el servicio militar aquí y al acabar la mili se había quedado a trabajar en la isla», concreta Bover, quien indica que también el Real Mallorca tenía entonces un equipo de atletismo, «que llevaba Rafael Coll».

Los primeros triunfos

En torno a 1965, «cuando hubo los primeros campeonatos en el Archipiélago», Ponç fue campeón de Baleares de 400 metros lisos. Otras pruebas en las que destacó en aquellas fechas fueron los 200 metros lisos, los 800 metros lisos, las carreras de relevos, el triple salto, el salto de longitud o el cross. «Llegué a tener diez récords diferentes en las Islas», especifica, para añadir: «En aquella época, muy poca gente practicaba aún el atletismo en nuestra región».

Ponç era empleado de Correos y tras aprobar unas oposiciones fue destinado a Barcelona a finales de los años sesenta. «Enseguida me fichó el Club Natación Barcelona, que tenía una sección de atletismo que en aquel momento era campeona de España», rememora. «Llegué a ser preseleccionado para correr contra Alemania en los 400 metros lisos», certifica seguidamente. Tras permanecer seis meses en Cataluña y obtener allí buenos resultados en algunas pruebas, regresó a Mallorca, en donde ya no dispuso de tiempo libre para seguir practicando algún deporte y competir. «Yo tenía ya 24 años y además salía con mi novia, que luego sería mi futura mujer», aclara con buen humor.

RECIBIMIENTO A MARTÍNZ FIZ Y DIEGO GARCÍA- CON EL COMISARIO DEL AEROPUERTOJordi Avellà

GaladeArchivo familiar

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Gracias a su experiencia previa como deportista, empezó a trabajar como entrenador de atletismo en el colegio CIDE, en donde estudiaba el futuro campeón Mateo Domínguez, «que luego fue uno de los mejores atletas que ha tenido Baleares». Ponç también fue entrenador en otros colegios, como Sant Josep Obrer o Santa Mónica.

La labor periodística

Ponç ha colaborado como periodista en distintos medios a lo largo de las últimas décadas, entre ellos El Día, El Mundo o Diario de Mallorca, «para divulgar el atletismo». En el marco de esta entrevista, nos revela que incluso estuvo dos años escribiendo en dos rotativos al mismo tiempo. «En Diario de Mallorca firmaba como Bover Amengual y en El Mundo firmaba como Ponç Bover», confiesa con una sonrisa. Además, fue comentarista deportivo en Radio Popular —hoy Cadena Cope—. Por lo que respecta a su trabajo en Correos y también en la Caja Postal, siguió en él hasta su jubilación, que fue con 60 años de edad.

Lo que no abandonó hasta hace muy poco fue la práctica regular del deporte como una afición más, incluso estando ya retirado. «Nunca dejé de correr hasta el año pasado, en concreto, corría tres o cuatro días a la semana, con una media de una hora en esos días», afirma. Una de las razones de su reciente adiós a la práctica deportiva ha sido que ha ganado algo de peso. «De joven, pesaba 66 kilos, y ahora debo de pesar 97 kilos, si bien mido 1,82 metros de altura», reconoce. Un hecho quizás poco conocido de su biografía es que a finales de los años setenta creó la Asociación de Atletas Legendarios, «para intentar promocionar el deporte en todos los sentidos».

FERIA DEL CORREDOR DE LA TUI CON EL VALLISTA JAVIER MORACHO Y JOSÉ LUIS GONZÁLEZ

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CON LEE EVANS CAMPEÓN OLÍPICO EN MEJICO Y RECORMEN DEL MUNDO DE 400 LISOS

Al comparar cómo era el deporte en su juventud y cómo es ahora, señala que «un club tiene hoy más gente que el total de atletas que había hace seis décadas en el conjunto de Baleares». En este contexto, corrobora que, salvo en Palma, en la mayoría de municipios de Mallorca «no había entonces ningún equipo ni entrenadores que te pudieran aconsejar».

Una gratitud especial

Ponç tiene dos vástagos, un hijo y una hija. «Mi hijo fue jugador de baloncesto y estuvo entre los quince mejores de España sub-16», valora. «Fue un muy buen jugador de baloncesto y pudo haber sido un gran campeón de atletismo, pero una tendinitis le acabó apartando del deporte», lamenta.

Por último, se pronuncia sobre los dos premios recibidos este año. «Yo notaba desde hace años que tenía ya el reconocimiento de la gente, pero el Cornelius Atticus significa entronizar la realidad de lo que tú eres», sintetiza al hablar del galardón que recibió hace unas semanas de manos de la presidenta del Govern, Marga Prohens.

Ponç Bover posa con el Cornelius Atticus en su casaJordi Avella

Hace unos días, Ponç recibió otro premio en el marco de la Pólvora Trail by Agromart en Porreres. «Me dieron el dorsal número uno en reconocimiento a mi trayectoria deportiva, algo que agradecí muy especialmente, pues es un orgullo que mis paisanos se hayan acordado de mí», concluye con satisfacción este ilustre —y muy querido— pionero en el deporte balear.