Prohens, la géminis previsible que lanzó al PP a la victoria en Baleares
Cinco años después de heredar un partido roto, Prohens presume de músculo territorial y oposición desactivada
Prohens se emocionó cuando recordó a su familia y su propia identidad: «Siempre será Margalida, de Can Nina»
Hay un refrán mallorquín que dice «es guanyar fa riure». Ganar hace reír. Y eso es exactamente lo que le pasa a Marga Prohens, probablemente la política española que más sonríe por metro cuadrado y minuto de intervención. Este sábado, en el XVII Congreso del PP balear celebrado en el Palacio de Congresos de Palma, la presidenta popular tenía la sonrisa perenne de quien sabe que atraviesa el mejor momento político de su carrera.
Porque eso fue, sobre todo, el congreso del PP balear: una exhibición de poder orgánico. El dato con el que Prohens fue reelegida presidenta —más del 99% de los votos— es revelador. Hace cinco años, los populares venían de dos legislaturas consecutivas de izquierdas, de una derrota moral profunda y de una organización que muchos dentro del propio partido describían como «moribunda» después de la etapa Bauzà. Tocaba coser el partido, hacer calle, pueblos, juntas... «Ilusionar», decía entonces la candidata.
Hoy, cinco años después de asumir aquel PP con aluminosis, Prohens puede presumir de haber resucitado al partido y de comandar la organización con mayor presencia territorial de las islas. Y eso, en política, es media victoria antes de las urnas. El PP lo llama “acción territorial", que no es otra cosa que la implantación de toda la vida. Tener ojos, oídos y tentáculos en cada municipio. La clave de bóveda de cualquier maquinaria electoral que aspire a gobernar mucho tiempo.
Prohens lanzó un recado a Vox: «Somos el único partido nacional que decide su futuro desde aquí. A nosotros no nos viene Ferraz o Bambú a decir qué tenemos que hacer»
El resultado de aquel trabajo se vio este sábado en Palma. Un auditorio abarrotado, un partido sin voces discordantes y una líder con hambre de más. El PP arrasó en las autonómicas y municipales de 2023, desalojó del Consolat a la entonces todopoderosa Francina Armengol y ahora mira al próximo ciclo electoral con una mezcla de confianza y tranquilidad que hacía años que no se veía en la derecha balear.
También ayuda el estado de la oposición. Con un PSOE que no hace más que rezar para que no aparezcan más pufos de Armengol y una izquierda desaparecida, Prohens se plantará dentro de un año ante las urnas como la gran favorita para seguir gobernando. La cuestión ya no es tanto si ganará, sino cómo. Si necesitará otra vez a Vox dentro o fuera de la ecuación, como está sucediendo en el resto del país. De momento, Prohens ya lanzó este sábado el recado a los de Le Senne: «Somos el único partido nacional que decide su futuro desde aquí. A nosotros no nos viene Ferraz o Bambú a decir qué tenemos que hacer».
La de Campos se plantó ante el auditorio con la melena suelta (no era día de cola de caballo hiperdisciplinada), traje azul PP y discurso previsible. El que lleva repitiendo machaconamente desde que ganase, a ver si así, martilleando los eslóganes, consiguen tatuar el mensaje a los votantes: «Somos el partido que más se parece a la gente de aquí». «Somos el partido de la palabra dada». Porque Prohens ha construido buena parte de su perfil alrededor de una idea muy concreta: la previsibilidad. Ella cumple lo que dice. O, al menos, eso repite constantemente.
Resulta curioso porque es géminis (de hecho, hoy es su cumpleaños) y según los oráculos zodiacales, los géminis son cambiantes, impulsivos y algo caóticos. Ella presume justamente de lo contrario: de ser una dirigente estable y fiable. «Incluso en los malos momentos, cuando en oscuros sanedrines se lanzan campañas para enfangar o se publican artículos de opinión contra nuestra acción de gobierno, nosotros nos mantenemos fieles a nuestra palabra dada», proclamó ante un auditorio entregado.
Cinco años después, Prohens controla el partido con mayor implantación territorial de Baleares
Ante su legión de afiliados, Prohens avanzó la hoja de ruta del último tramo de legislatura y del futuro inmediato de las islas: vivienda, bajada de impuestos, una sanidad y una educación dotadas (y pacificadas), el cambio de modelo turístico y, cómo no, la lengua. Ese terreno espinoso para el PP balear donde todavía sobrevuelan viejos fantasmas políticos y que, sin embargo, ahí también Prohens parece haber encontrado una fórmula propia. O, al menos, una fórmula políticamente rentable. «Un bilingüismo amable», lo llaman. Ni pa' ti ni pa' mí. La presidenta quiso dejar claro además que esa posición cuenta con el visto bueno de Génova. «Gracias por habernos ayudado a hacernos entender, presidente», le dijo a Alberto Núñez Feijóo desde el escenario. «Se nota que vienes de una comunidad donde hay dos lenguas cooficiales». El mensaje era claro: Baleares no entrará en una cruzada lingüística permanente. Prohens habla, piensa y siente en mallorquín, pero tampoco está dispuesta a internarse en la estepa siberiana de los ataques al español. «Las lenguas son riqueza», resumió. Y pasapalabra, que tampoco era día para piscinazos.
Ayer era un día de celebración. Igual que hoy, que la presidenta sopla 44 velas. Lo hará sabiéndose imbatible.