Los descendientes del santo mallorquín, arropados por Bullón de Mendoza e Irene San GilC.S.

Arranca la universidad

«Nos hace mucha ilusión estar aquí»: las hijas del Beato Luis Belda arropan al CEU en el regreso simbólico de su padre

Teresa y Paloma Belda comparten con El Debate la emoción de ver cómo el nombre de su padre regresa a la isla de la mano del nuevo campus del CEU

Habían viajado desde Madrid para asistir a una inauguración universitaria, pero para Teresa y Paloma Belda, las dos hijas del Beato Luis Belda presentes en el acto, lo de ayer era mucho más que una ceremonia académica. Era, de algún modo, el regreso de su padre a sus orígenes: a su isla.

Sentadas en primera fila junto a varios miembros de la familia —entre ellos Fátima, Mar y Agustín, tres de los nietos del mártir mallorquín—, siguieron con emoción los discursos de las autoridades en la inauguración del nuevo Centro Universitario del CEU en Palma, que lleva el nombre su padre. Casi nueve décadas después de su fusilamiento, el nombre de Luis Belda ha vuelto de forma honorable a la tierra que le vio nacer.

Las hermanas siguieron el acto con una sonrisa constante. Atentas a cada intervención, especialmente cuando Alfonso Bullón de Mendoza recordó la figura de su padre o cuando la rectora Rosa María Visiedo evocó su ejemplo ante los futuros alumnos del campus. Más tarde, durante el cóctel, pudieron conversar con el propio Bullón de Mendoza, con la presidenta del Govern, Marga Prohens, y con el alcalde de Palma, Jaime Martínez, que quisieron acercarse a saludar a la familia.

La familia, lo primero siempre

«Nos hace muchísima ilusión estar hoy aquí», explicaban a El Debate. «Es increíble la acogida que la isla le ha dado a este proyecto», agregaban emocionadas.

La familia Belda es hoy numerosa. Hijos, nietos y bisnietos prolongan una historia que la guerra intentó interrumpir. «Somos un montón de nietos y un montón de bisnietos», comentaban orgullosas. «La familia, lo primero siempre».

Porque si algo quedó patente durante la inauguración es que los valores del humanismo cristiano, los que guiaron al santo mallorquín en vida y guían a sus descendientes décadas después, siguen intactos y fortalecidos. «La familia, la caridad, la excelencia. Todo eso proyectaba nuestro padre y nos transmitió nuestra madre».

A lo largo de la noche, varios de los asistentes recordaron que Belda fue un jurista brillante, un ciudadano ejemplar y un hombre de fe profunda, pero quienes ocupaban aquellas primeras filas recordaban algo todavía más cercano: a un padre. Noventa años después de su fusilamiento, Mallorca recupera el nombre de uno de sus hijos más ilustres, y mientras los primeros estudiantes se preparan para comenzar las clases el próximo septiembre, Teresa y Paloma vuelven a casa sabiendo que su padre será faro de los sanitarios del futuro.