Luis Belda

Tribuna

Fusilado y silenciado: Luis Belda, el jurista y mártir mallorquín que desmonta la Ley de Memoria

El CEU honra en Palma la figura del abogado del Estado y cuñado de Alberti, asesinado en la Almería de 1936 tras una vida entregada a la justicia y a la fe católica

Luis Belda Soriano de Montoya nació en Palma el 11 de diciembre de 1901, en una familia religiosa de once hijos, siendo bautizado dos días después en la parroquia palmesana de Santa Eulalia. Su padre era un funcionario de Aduanas destinado en Mallorca, que recorrió con la familia varios lugares de la geografía nacional. Luis Belda pasó parte de su infancia y adolescencia en Madrid, y pronto perdió a su progenitor cuando contaba tan solo diez años. Siempre estuvo dotado de una gran conciencia social y de ayuda a los necesitados, formando parte -ya desde muy niño- de varias asociaciones religiosas con las que colaboraba e impartía charlas. Luego estudió la carrera de Derecho y ganó las oposiciones de Abogado del Estado, siendo destinado a Almería.

En 1925 se casó en Madrid con Josefina Alberti Merello, hermana del poeta Rafael Alberti, y ambos se establecieron en Almería, donde él tenía su destino y había abierto un bufete de abogados. Da la casualidad de que su cuñado Rafael Alberti, miembro de la izquierda caviar que asistía a pomposos banquetes mientras la gente se mataba en los frentes bélicos de la Guerra Civil cercanos a Madrid, fue un estrecho colaborador de las «checas» que se dedicaban a dar «paseos» a numerosos ciudadanos católicos.

En 1934, Belda fue cofundador y secretario del Centro de la Asociación Católica de Propagandistas en Almería, desde donde organizó una Escuela Social Obrera. A menudo recorría los pueblos de la provincia realizando actos de caridad y de activismo católico, o escribía artículos de temática social. Fue vicepresidente de la Adoración Nocturna y del Consejo Diocesano, así como abogado de la Compañía de Jesús y colaborador estrecho del Obispo de Almería.

Este padre de familia numerosa extendía su labor social mediante conferencias, círculos de estudio y artículos en prensa sobre aspectos de la familia cristiana. Aunque no había estado comprometido nunca en política, el creciente clima de hostilidad religiosa le impulsó a colaborar con Acción Popular, partido social cristiano promovido por el cardenal Ángel Herrera Oria.

​Se despidió de su esposa diciendo: «Perdono a todos los que me han ofendido y a los que me puedan hacer daño, de todo corazón»

Los primeros días de julio de 1936, milicianos republicanos y anarquistas le quitaron su título de abogado del Estado y le confiscaron su casa, echando a toda la familia a la calle. El 7 de julio fue detenido y encarcelado en el barco prisión Capitán Segarra, atracado en el puerto de Almería. La noche del 14 de agosto fue atado y llevado a la playa almeriense de La Garrofa, donde fue ametrallado -junto a 22 compañeros de cautiverio- el 15 de agosto de 1936. Tenía 34 años y dejaba esposa y 6 hijos. Se despidió de su esposa diciendo: «Perdono a todos los que me han ofendido y a los que me puedan hacer daño, de todo corazón». Sus únicos pecados fueron ser un jurista brillante, un extraordinario orador y un ferviente promotor de los valores cristianos. Arrojado su cuerpo al mar, se encontró dos meses después en la playa almeriense de El Zapillo. Fue beatificado por la Iglesia Católica el 25 de marzo de 2017, junto con otras 114 víctimas del terror religioso en Almería.

La hijas del Beato Luis Belda se desplazaron desde Mardrid a Palma para asistir a la presentación del Centro Universitario adscrito al CEU que lleva el nombre de su padreMiquel A. Borràs

Si alguien necesitaba lecciones de «memoria democrática», ese invento genial de Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero para edulcorar la historia de nuestra Segunda República y Guerra Civil, aquí tienen la dramática peripecia vital del palmesano Luis Belda. El 3 de junio de 2026, la Universidad CEU San Pablo le ha rendido merecido homenaje poniendo su nombre al Centro Universitario que acaba de inaugurar en su ciudad natal. Dos hijas suyas, Teresa y Paloma, y tres nietos, Fátima, Mar y Agustín, fueron testigos de excepción.