Fiesta Canamunt i Canavall de Palma
La estrategia 'aguafiestas' de la izquierda activa la precampaña electoral en Palma a costa de la diversión vecinal
Las calculadas cancelaciones de Canamunt i Canavall y del Orgullo buscan culpar al PP de «arrasar» con la cultura popular a diez meses de las elecciones
Hace apenas dos meses, la asociación Ben Amics comunicó que cancelaba la verbena de celebración del Orgullo LGTBI que venía organizando cada año en Palma por estas fechas. La entidad denunciaba «falta de planificación» por parte del Ayuntamiento de Palma (en manos del PP), la supresión de los talleres municipales sobre diversidad sexual y un cambio en las prioridades del equipo de gobierno en relación con las políticas en favor del colectivo LGTBI. Por si todo esto fuera poco, el alcalde solo se avenía a colgar un día la bandera arcoíris en la fachada del ayuntamiento, en lugar de treinta como se hacía en la pasada legislatura. Estos cambios fueron interpretados por Ben Amics como «una cesión a la extrema derecha».
En las últimas elecciones municipales, Vox obtuvo el 20,5% de los votos. La lista que encabezaba Fulgencio Coll cosechó 32.500 papeletas, 10.000 más que la suma de Mes y Podemos, y solo 7.000 menos que la del PSIB-PSOE. Con estos resultados, parecería lógico que las «prioridades» del Ayuntamiento pudieran experimentar algún cambio en atención a las preferencias de voto de los ciudadanos. Pero no, para Ben Amics la disyuntiva era clara: o un mes ocupando con su bandera la balconada de Cort —como llaman los palmesanos al ayuntamiento de la ciudad—, o no había fiesta.
La semana pasada, la entidad ciudadana Orgull Llonguet también renunciaba a organizar la batalla de agua que enfrentaba a Canamunt i Canavall. En este caso, alegaban «la falta de ayuda por parte del Ayuntamiento de Palma. O un mínimo de interés». También es cierto que añadían necesitar «más gente implicada, tanto voluntarios de Orgull Llonguet como participantes (colles, senyores, gente que sepa quién es Berga)». De esto último se podría deducir que la falta de interés no era solo por parte del Ayuntamiento. Sin embargo, por si quedaban dudas sobre quién era el responsable de la cancelación de una divertida fiesta vecinal en la que se han llegado a emplear en pleno estío 27.000 litros de agua, los organizadores se lamentaban en su comunicado de que «los llonguets ya no podemos vivir en Palma y es difícil hacer colles cuando la vida y la sociedad nos hacen ser individualistas». Se conoce que, hasta que hace tres años el Partido Popular volvió a ostentar la alcaldía de Palma, los llonguets sí podían vivir en su ciudad y los vecinos eran menos individualistas, más altruistas. En definitiva, mejores personas.
Entre medias de ambas cancelaciones, a finales de mayo el Bar Flexas anunció que dejaba de celebrar su aniversario con una macrofiesta en el Parc de la Mar. Los organizadores explicaron que su decisión responde a «la imposibilidad de garantizar condiciones sostenibles y seguras para un acontecimiento de semejante magnitud». Es una manera elegante de explicar que lo que comenzó siendo una juerga especial para clientes y amigos del local se había convertido en un evento multitudinario (se calcularon 15.000 personas el año pasado) difícil de gestionar en exclusiva por unos particulares sin poner en riesgo a los asistentes. En esta ocasión, no se hacían reproches, ni velados ni explícitos, al equipo de gobierno municipal. Simplemente, se reconocía la falta de recursos y de una estructura profesional para gestionar semejante concentración humana.
Lo único que ha cambiado en Palma desde el verano pasado es la hoja del calendario: faltan menos de once meses para las elecciones municipales y la izquierda necesita construir un relato de censura
Aunque los motivos aducidos para la anulación de la fiesta del Flexas son distintos a los del Orgullo y la batalla de Canamunt i Canavall, se ha querido hacer un paquete con los tres eventos para así ponerles el mismo lazo: al parecer, al PP no le gustan las fiestas populares de Palma, y está arrasando con ellas. Ya nadie cree que no haya homosexuales y lesbianas de derechas. Y cuesta pensar que, entre los miles de palmesanos que, a finales de agosto o principios de septiembre, se disparaban con pistolas de agua, no haya un solo votante del PP, o de Vox. A pesar de ello, hay quienes se preguntan qué está pasando. O, por más concretar, qué cambios se han producido este año en las ayudas y los servicios prestados por Cort que provoquen tal catarata de suspensiones. Si se leen con atención los comunicados de las entidades organizadoras, no han existido variaciones sustanciales. Algún retraso en las contrataciones, y poco más. Lo único que ha cambiado desde el verano pasado es la hoja del calendario. Faltan menos de once meses para las elecciones municipales.
La casualidad, o no, ha querido que este aluvión «aguafiestas» de Cort haya coincidido con la presentación de la candidatura del socialista Iago Negueruela para encabezar la lista municipal de los socialistas al Ayuntamiento de Palma. El exconseller de Trabajo en los gobiernos de Francina Armengol ha publicado en redes sociales un video un tanto bizarro en el que, senalla al hombro, se identifica como llonguet —a los nacidos en Palma se les conoce por el nombre de este panecillo típico— y, a continuación, explica cómo se elabora uno. El mensaje resulta algo confuso porque deja abiertas varias interpretaciones: Negueruela se ofrece para aportar el pan, y el resto (lo que más cuesta) pide que se lo pongan otros. El vídeo finaliza comiéndose él solo el llonguet, y los demás mirando.
Lo cierto es que, si Negueruela es ratificado como candidato en unas primarias de su partido en las que no se prevén rivales, quedará inaugurada en Palma una larga precampaña electoral. El trabajo de Negueruela consistirá en revertir las encuestas que, en estos momentos, sitúan al PSIB en riesgo de ser el tercer partido más votado en la capital de Baleares, por detrás de Vox. En el mundillo del periodismo político, se palpa una franca curiosidad por ver cómo se desenvuelve en el trato directo con los votantes un político de carácter explosivo, en ocasiones iracundo, que se enfada a menudo cuando le llevan la contraria. Esto último es algo que le puede suceder a Negueruela cuando se acerque a saludar a un taxista cabreado por la corrupción del PSOE, a un frutero ahogado por impuestos o a una anciana a la que no le llega la pensión.
El trabajo de Negueruela consistirá en revertir las encuestas que, en estos momentos, sitúan al PSIB en riesgo de ser el tercer partido más votado en la capital de Baleares, por detrás de Vox
Por su parte, Més per Palma ha proclamado candidato a David Pujol, un profesor de lengua catalana vinculado a la izquierda alternativa y anticapitalista. Este era el ejemplo de perfil que, en aquellos maravillosos años de la Complu, trataba de asaltar los cielos desde las listas de Podemos. Iglesias, Errejón, Monedero y el resto de la pandilla se han retirado, o los han retirado, de la política, y el partido que fundaron se encuentra en Palma por debajo del umbral de votos que permite obtener un regidor. En consecuencia, es lógico que los candidatos de extrema izquierda encuentren mejor acomodo en las formaciones nacionalistas.
En el otro lado del espectro ideológico, la situación de Fulgencio Coll al frente de Vox en los comicios municipales de 2027 es una incógnita. En principio, su idea era no repetir por tercera vez encabezando la candidatura de Palma. Básicamente, por una cuestión biológica. El año que viene el exJemad cumplirá 79 años, una edad a la que parece razonable aburrirse en los plenos municipales tras una carrera militar plagada de experiencias al frente de misiones de paz en el extranjero. Sin embargo, todo cambió con el ascenso hace un año de Gabriel Le Senne al frente de la formación en Baleares de derecha radical. Una de sus primeras decisiones fue prescindir del portavoz de Vox en Palma para el renovado Comité Ejecutivo Provincial. Conociendo la férrea jerarquía que rige en el partido de Santiago Abascal, es imposible que el cese de una figura carismática como la de Fulgencio Coll se produjera, como mínimo, sin la anuencia de la sede central en Madrid. A partir de ese momento, cuentan en Vox que al general Coll le volvieron las ganas de repetir como candidato en Palma, una reacción comprensible en un militar de prestigio que tiene poco que ganar en política. La decisión de irse o no la quiere tomar él, y no un oscuro y bien pagado asesor del partido con despacho en la calle Bambú.
Por último, Jaime Martínez aspira a mejorar los resultados obtenidos por el Partido Popular en 2023. La última encuesta publicada del IBES le pronostica un regidor más, hasta alcanzar los doce, aún lejos de los quince necesarios para lograr la mayoría absoluta. Ese concejal añadido parece intrascendente porque no le garantizaría su investidura como primer edil. Sin embargo, puede ser decisivo si la suma de regidores de los dos partidos de izquierda, (once, según apunta la encuesta), fuera inferior al número de concejales del PP. Es decir, a Jaime Martínez le valdría con la abstención de Vox en el pleno de investidura para repetir como alcalde. O, dicho de otra manera, para impedirlo Vox tendría que votar con la izquierda, traspasando una línea roja que la mayoría de sus votantes no entendería.