Diego Salvà y Carlos Sáenz de Tejada, asesinados por ETA
30 de julio
El último atentado de ETA en España ya tiene un monumento en su memoria: Mallorca se niega a olvidar
Se acerca el 30 de julio. Diecisiete años después del asesinato de los guardias civiles Diego Salvá Lezaun y Carlos Sáenz de Tejada García en Palmanova, los autores materiales del atentado siguen sin haber sido identificados ni llevados ante la Justicia. La causa prescribe en 2029
Quedan apenas unos días para que Mallorca vuelva a detenerse ante una de las fechas más dolorosas de su historia reciente. El próximo 30 de julio se cumplirán diecisiete años del atentado con el que ETA asesinó en Palmanova a los jóvenes guardias civiles Diego Salvá Lezaun, de 27 años, y Carlos Sáenz de Tejada García, de 28. Fue el último atentado con víctimas mortales cometido por la organización terrorista en España. El tiempo, además, juega en contra: si antes no se logra imputar a los autores, la causa prescribirá en 2029. La razón se encuentra en un cambio legislativo que llegó demasiado tarde para este crimen. Desde la reforma del Código Penal de 2015, los asesinatos cometidos por organizaciones terroristas dejaron de prescribir, equiparándose en este aspecto a los delitos de lesa humanidad y genocidio. Sin embargo, el atentado de Palmanova se perpetró en julio de 2009, cuando la legislación española todavía establecía un plazo máximo de veinte años para perseguir penalmente este tipo de delitos. Por ello, el asesinato de Diego Salvá y Carlos Sáenz de Tejada, los dos últimos muertos a manos de ETA en territorio español, sigue sujeto al antiguo régimen legal y, salvo que la investigación logre identificar e imputar a sus autores antes de esa fecha, el crimen quedará definitivamente prescrito.
Durante la investigación, hubo un nombre que cobró protagonismo desde los primeros momentos: el de la etarra Itziar Moreno. Una testigo que se encontraba realizando unas gestiones en la oficina de Correos de Palmanova aseguró haberla reconocido en las inmediaciones del lugar del atentado y afirmó que la vio abandonar la zona poco antes de la explosión. Aquella declaración situó a Moreno en el centro de las pesquisas. Sin embargo, pese a que fue detenida dos años después en Francia, los investigadores nunca consiguieron acreditar su participación en el atentado de Palmanova ni establecer una vinculación judicial sólida con los hechos. A día de hoy, ni ella ni ningún otro miembro de ETA han sido imputados por el asesinato de los jóvenes guardias civiles. Moreno, entretanto, ya está en la calle y se dedica a la causa palestina.
Pero volvamos a aquel fatídico 30 de julio de 2009. Eran las 13.50 horas cuando una potente bomba lapa colocada bajo un vehículo patrulla de la Guardia Civil explotó junto al cuartel de Palmanova. El coche acababa de ponerse en marcha. En su interior viajaban Diego, aún en prácticas, destinado apenas cuatro días antes al puesto, y Carlos, que llevaba aproximadamente un año prestando servicio en Mallorca. Diego murió prácticamente en el acto. Carlos fue atendido de urgencia por los servicios sanitarios, que trataron de reanimarlo durante varios minutos, pero acabó falleciendo a consecuencia de las gravísimas heridas.
Las investigaciones determinaron posteriormente que los terroristas habían empleado bombas lapa accionadas mediante temporizadores, una circunstancia que les habría permitido abandonar Mallorca con suficiente antelación antes de la explosión. Los investigadores sostienen que los integrantes del comando llegaron a la isla haciéndose pasar por turistas, sin levantar sospechas, colocaron los artefactos explosivos y abandonaron el archipiélago antes de que estos estallaran. Esa hipótesis explicaría por qué, pese al enorme despliegue de la denominada Operación Jaula, con el cierre temporal del aeropuerto y de los puertos de Mallorca y miles de controles policiales por toda la isla, los autores consiguieron escapar sin dejar rastro.
Calvià no olvida: un monumento en su memoria para una España que olvida
Han pasado 17 años, con la causa congelada en la Audiencia Nacional —en las mismas manos, por cierto, que el instructor del caso Zapatero, José Luis Calama—, pero el municipio en el que ocurrió todo, Calvià, se resiste a que el olvido termine imponiéndose. Con motivo del próximo aniversario, el Ayuntamiento ha querido reforzar ese compromiso con la memoria de las víctimas mediante la instalación de un monumento permanente en el mismo lugar donde le arrebataron la vida a esos dos guardias civiles.
La pieza, un tricornio elaborado en hierro asentado sobre una base de marmolina blanca, ha sido elaborado y cedido por el artista José Carlos Terroba. «Es la obra con la que más me he emocionado. Ojalá nunca hubiera tenido que hacerla», confesó hace algunos meses, cuando se conoció la decisión consistorial.
La iniciativa fue aprobada por unanimidad por todos los grupos con representación en el Ayuntamiento de Calvià (PP, Vox y PSIB-PSOE), un consenso poco habitual, que refleja la voluntad de preservar la memoria. Tiene mérito, en esta España cuyos jóvenes no conocen, siquiera, a Miguel Ángel Blanco.