Crónicas incorrectasAlvaro Delgado

Paisaje después de la batalla

La marcha en Palma, plagada de 'estelades' y episodios violentos, desmiente el carácter apolítico de una protesta que oculta el aumento de la población residente y la falta de infraestructuras

Protesta manifestación antiturismo en Palma el pasado 26 de julio de 2026CSS

Paisaje después de la batalla es una vieja película (1970) del reconocido director polaco Andrzej Wajda inspirada en la historia del escritor y periodista Tadeusz Borowski, superviviente de los campos de concentración de Auschwitz y Dachau, liberado por los norteamericanos en mayo de 1945. El protagonista de la película descubre que la Segunda Guerra Mundial ha terminado pero que, en esencia, nada ha cambiado ya que el totalitarismo nazi ha sido simplemente sustituido por otro totalitarismo comunista. En la vida real Borowski, escritor vinculado al partido comunista polaco que recibió en su país el premio nacional de literatura (1950), se suicidó en 1951 teniendo 28 años, tres días después de que su mujer diese a luz a su hija, profundamente decepcionado con el nuevo régimen comunista que dominaba férreamente Polonia.

El profundo desconcierto mental del malogrado escritor polaco ante la sucesión de totalitarismos opresores podemos trasladarlo -de una forma ciertamente menos trágica- a la tórrida Mallorca estival del año 2026. El desarrollo de la manifestación contra la masificación turística celebrada en Palma el pasado domingo 26 de julio, una verdadera «batalla» promovida por la izquierda y el separatismo baleares contra la derecha hoy gobernante y contra la principal actividad económica que nos da a todos de comer, nos permite extraer unas cuantas conclusiones claras. La primera, más bien causa que efecto, que todos los ciudadanos de las islas tienen pleno derecho a manifestarse por el motivo lícito que deseen, en especial si lo hacen de una forma pacífica y respetuosa. La segunda, que la manifestación tuvo un éxito notable de participantes, lo que debe llevar a las autoridades a realizar una reflexión profunda sobre el tema de fondo planteado.

La tercera, que la imagen más visible y recordada de la manifestación será el gran número de estelades (banderas independentistas de otra Comunidad Autónoma) -e incluso banderas palestinas- que portaban los manifestantes, las cuales desmentían el supuesto carácter apolítico del acontecimiento. Y la cuarta, que la actitud violenta de algunos de los participantes comprometió seriamente a las fuerzas y cuerpos de orden público e incluso, de forma inesperada e indeseada para los propios convocantes, al delegado del Gobierno y al propio ejecutivo central de Pedro Sánchez.

Pero la problemática de fondo de este asunto merece también alguna reflexión. Es cierto que todos los baleares experimentamos una sensación agobiante de saturación. Pero eso no es imputable únicamente al turismo. Muchos parecen olvidar que la población residente de nuestras islas se ha incrementado en 10 años más de un 30%. Y nuestras carreteras, trenes, autobuses, metro y demás infraestructuras generales no se han adaptado a ese espectacular incremento poblacional. Especialmente en los malogrados 8 años de los dos últimos pactos de progreso, que además aprobaron 115.000 nuevas plazas turísticas, aunque ahora se unan hipócritamente a la manifestación.

Como ha explicado en la red social X Juan A. Horrach, «la población residente es el elefante en la habitación, la causa principal de la masificación de las islas. En unos 30 años se ha, prácticamente, doblado la población. Pero es más bonito demonizar al turista». Y Juanjo Amengual ha rematado la faena: «el turista viene al hotel, toma el sol, y se va». Pero los que nos quedamos somos nosotros. Y a los muchísimos que vivimos aquí nadie hoy nos demoniza.