Desde la retaguardiaMiquel Segura

Roma está ardiendo (este verano están pasando demasiadas cosas a la vez)

La metáfora del profesor Malley me pareció muy poderosa en la película porque advertía a sus alumnos de una crisis política social y moral que devoraba en silencio a la sociedad

Este verano están pasando demasiadas cosas y, personalmente, siento que no puedo con ellas. Me siento como el profesor Sthephen Malley (Robert Redford) en la película Leones por corderos. «Roma está ardiendo» les digo a quienes me rodean pero la metáfora parece no impresionarles demasiado. Pero para mí son demasiadas cosas a la vez: el aplastante calor -plantas y animales se nos están muriendo en las agostadas tierras mallorquinas- la insoportable levedad de la política, la crisis migratoria (lo de Ceuta es mucho más grave de lo que nos dijeron y Baleares, con la creciente ruta argelina, vamos segundos en esta trágica liga que agita todos nuestros miedos incluido, al menos en mi caso- el de no ser suficientemente solidarios con quienes sufren en sus carnes los desgarrones de tanto desamparo).

Son demasiadas cosas a la vez. Está también el descontento popular por la saturación turística, otro asunto que se nos ha ido de las manos. Frente al sentimiento de quienes piensan que hay que armonizar de algún modo el flujo de visitantes para que los nativos no nos sintamos extranjeros en nuestra propia casa -un sentimiento que, personalmente, vengo arrastrando desde hace décadas- están los políticos oportunistas y caraduras que crearon 115.000 plazas turísticas cuando manejaban el cotarro y ahora alientan las protestas, que adoban con banderas palestinas e independentistas y con gritos contra Israel.

Y ahora viene lo del eclipse, cuyos prolegómenos parecen diseñados para paliar algo así como el fin de los tiempos, a medio camino entre la paranoia y la acción protectora de los poderes públicos. Leo los artículos de los expertos, veo los anuncios, pagados con mis impuestos, que inciden en lo que debes hacer o no hacer para no quedarte ciego de por vida y me parece estar asistiendo a los preparativos para un Día del Juicio Final reglado por la normativa oficial en el que todos podamos estar sin problemas, en nuestro sitio, en el valle de Josafat.

Y ahora viene lo del eclipse, cuyos prolegómenos parecen diseñados para paliar algo así como el fin de los tiempos

«Roma está ardiendo»: la metáfora del profesor Malley me pareció muy poderosa en la película porque advertía a sus alumnos de una crisis política social y moral que devoraba en silencio a la sociedad. La cinta es de 2007, cuando muchos creíamos estar viviendo el el mejor mundo posible, cuando el cambio climático se veía como algo muy lejano, como de ciencia ficción. Ahora me parece que la frase contenía una advertencia a veinte años vista, nos alertaba sobre el peligro de la inacción, de la pasividad que atenazaba al mundo frente a un siglo XXI que -él ya debía saberlo- arramblaría con los valores y las instituciones que nos hicieron fuertes. Creo que ahora ya es tarde, que la advertencia del lúcido profesor resultó baldía porque hemos caído en manos de unos extremismos nefastos que, ahora más que nunca, se tocan.

Sí, están pasando demasiadas cosas este verano. Y no sirve la tentación del aislamiento: yo me quedo en mi torre de marfil y ya veremos qué pasa. La torre también está asediada y los jóvenes, que podrían ser alumnos de Malley, están en realidad prisioneros de un mundo que dirigentes ocultos han creado para ellos para que no puedan pensar, solo ensimismarse en sus pantallas, embobados ante una tropa de aprovechados que les cuentan historietas estúpidas. El profesor de la película no encontraría hoy respuestas más o menos lúcidas a su arenga de responsabilidad. Solo murmullos ininteligibles.

Pero Roma está ardiendo y ese incendio no se apagará cuando llegue el otoño.