Desde la retaguardiaMiquel Segura

El «sopar a la fresca» del Born: la enésima ofensiva de la cutrez que nos invade

La manduca comunal convertida en manifestación contra el turismo, las terrazas o el «capitalismo salvaje» -lo ha escrito alguien, mi palabra les doy- la veo como una muestra más de eso perroflautismo que se ha enseñoreado de nuestra sociedad

No he participado nunca en ningún «sopar a la fresca», ni siquiera en el que organiza cada verano un grupo de veraneantes del Barcarès en el espacio público denominado sa Placeta, frente al mar bravío y la imponente mole de cabo Formentor en lontananza. Esas concentraciones vecinales, en principio, me parecen bien: fomentan la convivencia, entretienen al personal y -lo más importante- recuperan la relación cercana frente a la comunicación a través del móvil. Lo que pasa es que no me gustan las concentraciones humanas ni las cuchipandas multitudinarias. Será porque a lo largo de mi vida fui víctima -ahora lo veo- de una insana pasión familiar y de clan por la juerga comunal, las comidas interminables en el patio de nuestra casa, esa obligación no impuesta -pero atendida con esmero- de compartirlo todo con todo el mundo, de abrir tu espacio íntimo al jolgorio, a las risotadas de personas que se sumaban a estos eventos sin que yo pudiera colegir quién las había invitado y porqué. Ahora pienso que estas noches me robaron muchas horas de lectura, de reflexión encalmada o de conversaciones sosegadas que ya no tendré jamás.

Creo me me he ido un poco por las ramas, así que retomo el rumbo. Es muy posible que estos eventos gastronómicos-vecinales respondieran, en un principio, a la búsqueda de la convivencia, a la necesidad de compartir las noches veraniegas con amigos y conocidos. El caso es que se pusieron de moda hace ya bastantes años y creo que -especialmente en los pueblos de la Part Forana- cumplieron y cumplen ampliamente esos objetivos.

Otra cosa, me parece, es el «sopar a la fresca» concebido como protesta, como arma política arrojadiza contra el adversario. Y eso han sido, creo, la serie de eventos organizados por «Brunzit» -una excrescencia, otra, de la desnortada izquierda mallorquina- en Palma. La manduca comunal convertida en manifestación contra el turismo, las terrazas o ese «capitalismo salvaje» -lo ha escrito alguien, mi palabra les doy- la veo como una muestra más de eso perroflautismo que se ha enseñoreado de nuestra sociedad.

¿Recuperar el espacio público para los mallorquines y bla, bla bla, montando una cena en el Born, con el personal tirado por el suelo como si estuviesen en la explanada de una ermita, ñam, ñam, ñam, causando pérdidas económicas a unas terrazas que pagan religiosamente unas tasas por ocupación de la vía pública que deber ser muy elevadas, convertir el espacio más señero de la capital mallorquina en una especie de pradera de san Isidro? Sencillamente, eso son ganas de emprenyar y de intentar por todos los medios que la cutrez woke invada todos los espacios de nuestra vida.

Se os ve el plumero: lo único que queréis es crear un clima social contra Prohens y compañía

Ahí radica -al menos para mi y ya me perdonarán- el peligro de esa ofensiva vecinal que algunos quieren ver como «un signo de que algo estás cambiando». Lo cutre nos invade, se infiltra en las familias y los grupos de amigos, contamina las escasas conversaciones que nos van quedando, lo condiciona todo, desde la vestimenta, al lenguaje y las costumbres. Esa izquierda vulgar, de chancletas y pantalones cortos, no soporta el lujo, el buen gusto y las convenciones. Critican a los turistas porque se zampan un helado frente a los escaparates de la «Relojería Alemana» pero luego reproducen estos comportamientos al grito de «queremos recuperar lo nuestros». Es que no es eso, no es eso.

Bien están las cenas al fresco o las merendolas vespertinas con talleres sobre el aprendizaje para respirar mejor, cursillos acelerados de yoga o sermones civiles que anuncien los peligros de una diera descontrolada, pero no, por favor, en la plaza de Cort o en el Born. Haced lo que os de la gana, o lo que es dejen pero, por favor, con un poco de clase. Y además, que se os vé el plumero: lo único que queréis es crear un clima social contra Prohens y compañía.