El Cap de Barbaria será el mejor punto de Formentera para observar el eclipse.
Ocio en Baleares
El rincón de Formentera que muchos pasan por alto y demuestra que la isla es mucho más que playas
Faros sobre acantilados, pueblos blancos, caminos entre sabinas y paisajes casi intactos esconden una cara de Formentera que merece la pena conocer
Hablar de Formentera es pensar inevitablemente en playas de arena clara y aguas de un azul casi imposible. La isla balear se ha convertido en uno de los destinos más deseados del Mediterráneo precisamente por su litoral, pero basta con alejarse unos kilómetros de la costa para descubrir que hay otra Formentera que muchos viajeros pasan por alto.
Faros levantados frente al mar, carreteras que atraviesan paisajes prácticamente intactos, pequeños pueblos y caminos entre muros de piedra seca forman parte de una isla que merece ser recorrida sin prisas.
Uno de los lugares que mejor representa esa Formentera diferente es La Mola, en el extremo oriental. Para llegar hasta allí hay que atravesar una de las zonas más elevadas de la isla hasta alcanzar un espectacular acantilado sobre el Mediterráneo.
Al final del recorrido espera el faro de la Mola, uno de los grandes símbolos de Formentera. La sensación cambia por completo respecto a las zonas de playa: aquí el protagonista es un paisaje abierto, marcado por el horizonte y la caída de los acantilados hacia el mar. Pero no es el único faro que merece una visita.
El otro paisaje de Formentera está en Cap de Barbaria
En el extremo suroeste aparece otro de los escenarios más reconocibles de la isla: Cap de Barbaria. La carretera que conduce hacia su famoso faro atraviesa un paisaje árido y prácticamente sin construcciones que se ha convertido, por sí mismo, en una de las imágenes más características de Formentera.
El contraste con las playas resulta sorprendente. En pocos kilómetros, el visitante pasa del Mediterráneo turquesa a un entorno dominado por la piedra, la vegetación baja y una enorme sensación de espacio.
La experiencia continúa en el interior. Sant Francesc Xavier, principal núcleo de población de la isla, es una parada perfecta para pasear entre pequeñas tiendas y terrazas y contemplar su singular iglesia. Muy cerca, Sant Ferran de ses Roques conserva parte de la personalidad bohemia que durante décadas ha acompañado a Formentera.
Durante los meses de mayor actividad turística, los mercados artesanales añaden otro atractivo. Artesanía, pequeños creadores y productos vinculados a la isla convierten estos espacios en una alternativa especialmente interesante cuando termina la jornada de playa.
Una isla que también se descubre caminando
Existe, además, otra manera de conocer Formentera: hacerlo a pie o en bicicleta. Su red de caminos permite atravesar campos, pinares y zonas rurales delimitadas por tradicionales muros de piedra seca.
Es precisamente en estos recorridos donde aparece una de las imágenes menos conocidas de la isla. Lejos de las hamacas y los chiringuitos, todavía sobreviven paisajes agrícolas, higueras y pequeñas construcciones integradas en el entorno.
Formentera seguirá siendo uno de los grandes paraísos de playa de España. Pero quienes deciden abandonar durante unas horas la orilla descubren algo inesperado: la isla también puede conquistar sin necesidad de pisar la arena.