Votantes de izquierda que no insultan a Sánchez pero piden su dimisión
La izquierda mediática se empeña en ver un «aquelarre» de ultras donde empieza a asomar algo mucho más incómodo: el hartazgo de ciudadanos que también votan a la izquierda
Unas 8.000 personas, según la Policía,acudieron a la concentración de Palma
Tengo una mala noticia para algunas personas, aunque es probable que no me lean. Liberado de la mala conciencia por darles un disgusto en esta página, lo expresaré sin tapujos. Estuve presente en la concentración del pasado miércoles en la plaza de Cort, en Palma, convocada en favor de Ceuta, de los ceutíes y de la integridad territorial de España. Y aquí viene la «primicia»: había votantes de izquierdas. A algunos los conozco personalmente, porque Mallorca es pequeña y en treinta años viviendo en la isla te cruzas a mucha gente. A otros, sólo por las redes sociales. A través de ellas, de vez en cuando, me trasladan sus discrepancias con algunos de mis artículos mediante comentarios públicos o por mensajes privados. Lo hacen casi siempre de manera respetuosa. Estaban allí. Vi a unos cuantos, con mis propios ojos, nadie me lo puede negar.
La guerra de cifras sobre el número de asistentes es una estupidez, como casi todas las guerras de cifras. Había mucha, muchísima gente, sobre todo teniendo en cuenta que era un día entre semana, que hacía un bochorno insufrible y que no se trataba de desfilar en manifestación por las calles de Palma, sino de concentrarse durante escasos quince minutos en una plaza a la que se sólo se puede acceder por vías estrechas.
La madre de Pedro Sánchez no es la responsable del destrozo que su hijo está causando a la convivencia en este país
Otra cosa fueron los insultos lamentables que recibió el presidente del Gobierno. En primer lugar, porque el insulto siempre debilita la crítica y se puede interpretar como una carencia de argumentos. Y en segundo lugar, porque la madre de Pedro Sánchez no es la responsable del destrozo que su hijo está causando al sistema democrático y, sobre todo, a la convivencia en este país. Dicho lo cual, es cierto que más de media España odia a Sánchez. Un odio que, básicamente, surge en respuesta al profundo desprecio que Sánchez demuestra con sus palabras y sus decisiones hacia más de la mitad de los españoles. Es lo que tiene polarizar, que es como jugar al frontón: cuanto más fuerte golpeas la pelota, más rápido te rebota.
Habría que aclarar que insultar a Pedro Sánchez no es insultar al Gobierno de España, tal y como ha interpretado el portavoz adjunto del PSIB en el Parlament balear, Marc Pons. De ser cierto, entonces debería reconocer que cuando el ministro Óscar Puente llama imbécil a Feijóo, está insultando a toda la oposición. En este caso, tirar por elevación es lo mismo que escupir al cielo.
En cualquier caso, como testigo allí presente puedo afirmar que la consigna que sonó con más fuerza en la concentración, la que corearon más personas, no fue la de «Pedro Sánchez, hijo de puta», sino la de «Pedro Sánchez, dimisión». Con esta última, nadie se sintió incómodo, como sí sucedió con el insulto.
Por mucho que algunos insistan, en el análisis posterior de la concentración en Cort en apoyo a Ceuta, lo más relevante no fue el número de asistentes (más de los previstos, sin duda), ni el insulto a Sánchez (a diferencia de otras manifestaciones, esa fue la única forma de violencia que se produjo, la verbal). Ni siquiera la actuación de la banda municipal de música interpretando el himno nacional y el de Ceuta, que tanto ha molestado a Miguel Ángel Contreras, el regidor de Més por Palma. Como si fuera un abuso tocar un himno oficial en un acto institucional, que así es como calificó estas concentraciones el delegado del Gobierno en Madrid para justificar no autorizarlas. Todo esto son arbolillos que impiden a la izquierda política, y también a la mediática, ver la selva que crece ante sus ojos.
Fue impresionante comprobar cómo 500 personas, la mayoría de ellas cenando sentadas en las baldosas del paseo del Born, acapararon durante un par de días, con varias noticias, las portadas digitales de los dos principales periódicos de Mallorca que aún se imprimen en papel. Pero una concentración en Palma de diez mil personas — o quince mil, qué más dará— apareció durante unas pocas horas como sexto o séptimo titular. Había que darle bastante al dedito para arriba hasta encontrarla en la pantalla del móvil.
«Aquelarre en Cort». Ese fue el titular de la crónica que se publicó en el periódico más leído de Mallorca, cuya propiedad hace gala en sus intervenciones públicas de moderación y sentido institucional. A pesar de ello, la concentración de miles de palmesanos en solidaridad con los ceutíes se describió en ese medio de comunicación con la misma palabra que, según loa RAE, define «una reunión nocturna de brujas y brujos, con la supuesta intervención del demonio en forma de macho cabrío». Se entiende que, en ausencia de Santiago Abascal, el macho cabrío fue Jaime Martínez, alcalde de Palma, que fue quien leyó un manifiesto.
Dicen algunos socialistas, por lo bajini, que Ceuta se puede llevar por delante a Pedro Sánchez. Yo pienso que a Sánchez lo va a terminar de hundir esa izquierda ciega y sumisa que insiste en presentar como una caricatura facha cualquier forma de protesta contra su amado líder, incluyendo en ella la de sus antiguos votantes, avergonzados, que lo único que piden son unas elecciones.