Desde la retaguardiaMiquel Segura

El regreso de Sergio Rodríguez a la cúpula de Vox marca un nuevo «tempo» político

Miquel Ferrer, de 27 años- ha aceptado encabezar la candidatura municipal de Inca a instancias de señeras figuras del «viejo PP» que, voluntaria o involuntariamente, han permanecido en el ostracismo a lo largo de la presente legislatura

Se intensifican los movimientos oficiales y oficiosos que marcan, ya de manera clara e inequívoca, el inicio del curso político. La remodelación que está llevando a cabo Le Senne en la cúpula de Vox, que devuelve a Sergio Rodríguez a un lugar de preeminencia que, a mi juicio, nunca debió perder, marca el principio de lo que podría ser un nuevo talante en la estrategia del partido. Saben que van a gobernar sí o sí -en Madrid, en Baleares y en muchos otros sitios- y eso da un poco de vértigo e impone mucho respeto. Si Gabriel Le Senne es por fin candidato y goza de la confianza de la dirección nacional, en Vox pueden pasar más cosas. En este sentido, he tenido noticias de una cena secreta celebrada en algún lugar entre Alcudia y la bahía de Pollença a la que asistió un alto cargo nacional quien, en cierta manera, habría dado instrucciones de pulsar el botón de la moderación y el buen sentido, al tiempo que señalaba la necesidad de incorporar a personas de «peso», que aporten una imagen de solvencia. Falta les va a hacer y creo que ellos lo saben.

En el PP tampoco se están de brazos cruzados. La verdad es que la actual dirección del partido se encuentra con problemas inesperados o irresueltos que ahora reclaman soluciones de urgencia. Está el caso de Inca, cuyo novel y prometedor candidato -Miquel Ferrer, de 27 años- ha aceptado encabezar la candidatura municipal a instancias de señeras figuras del «viejo PP» que, voluntaria o involuntariamente, han permanecido en el ostracismo a lo largo de la presente legislatura, y aún mucho antes.

El candidato previsto anteriormente, Pedro Mas, director insular de Turismo junto al incombustible Pallisseta, se había ido apartando paulatinamente de la política inquera hasta llegar a perder el feeeling con la junta local pepera, circunstancia que lo invalidaba para la casi misión imposible de intentar desplazar a Virgilio Moreno, uno de los escasos valores que le quedan al PSIB.

Rosa María Tarragó, muy cercana a María Salom, hubiese sido una excelente candidata, pero motivos personales le han impedido aceptar el reto. Ferrer, abogado de profesión y muy metido en la vida social y vecinal de la capital del Raiguer, parecía la opción ideal. Lo han convencido, sin embargo, alguna de las «vacas sagradas» supervivientes de las épocas de Cañellas y Matas, no los altos cargos de Palma, que vuelan muy alto. Puede que este problema, específico del PP actual, se de en otras circunscripciones.

Sin noticias, al menos de momento, de los posibles avances del «Sànchez tres» en su aspiraciones de concentrar el voto regionalista en torno a Coalició Per Mallorca. Para mí que este impasse es sinónimo de retroceso. Si la nueva formación -un queso sin cuajar- le hace ascos a la posibilidad de ciertos pactos, es posible que al final se queden como famoso gato del pare Canyes: mirando las sobrasadas colgando de las perchas del techo sin la menor posibilidad de catarlas.