La técnica tiñe los hilos antes de pasarlos por el telar, en lugar de estampar el dibujo sobre el tejido terminado
Cultura
La tela de llengües, el tejido que lleva siglos vistiendo Mallorca
Sus dibujos irregulares y sus colores intensos forman parte del paisaje doméstico de la isla
El dibujo nunca es completamente nítido. Si uno acerca la vista a una tela de llengües, comprobará que el color se difumina ligeramente en los bordes y que las formas no tienen la precisión de un estampado industrial. No es un fallo de fabricación, ocurre porque el dibujo se crea mientras se teje la tela y no se imprime después sobre ella. Es artesanía pura y dura con ADN mallorquín. De hecho, antes de obtener un metro de tejido hay trabajo en la preparación de los hilos, el teñido y el ajuste del patrón, además de las horas que exige posteriormente el telar. Es cierto que la mecanización puede intervenir en determinadas fases, pero el principio continúa siendo el mismo: el motivo nace en los hilos.
Ese método permite además que el dibujo pueda apreciarse por las dos caras de la tela. En un tejido estampado, por el contrario, el color se aplica sobre una superficie ya fabricada y el reverso no presenta el mismo resultado.
La diferencia adquiere importancia ahora que el patrón de las 'lenguas' se reproduce con facilidad en productos fabricados fuera de Mallorca. La popularidad del dibujo ha favorecido su utilización en artículos que imitan su aspecto sin recurrir al sistema tradicional de teñido y tejido.
Trabajo muy artesanal
De las casas al mundo
La casa fue, durante mucho tiempo, su espacio natural y esa génesis ayuda a entender por qué las llengües han quedado tan vinculadas a la memoria visual de Mallorca.
Tampoco existía un único modelo que se repitiera de forma invariable. Los talleres fueron desarrollando sus propios dibujos y jugando con el tamaño de las formas, las distancias entre ellas y los colores. El resultado fue un repertorio amplio que permitía reconocer la familia a la que pertenecía el tejido sin que todas las piezas fueran iguales.
Con el paso del tiempo, sin embargo, cambiaron las casas y también la forma de decorarlas. Las llengües fueron perdiendo parte del espacio que habían ocupado tradicionalmente y, como ocurrió con otros productos artesanales, tuvieron que encontrar nuevos usos y compradores. La expansión del turismo abrió una primera vía, pero años después sería el interiorismo el que volvería a mirar estos tejidos desde otra perspectiva. Los patrones que habían cubierto los muebles de las casas mallorquinas comenzaron a aparecer en ambientes muy diferentes. Se utilizaron en hoteles y viviendas contemporáneas, pero también en piezas más pequeñas, desde cojines hasta complementos, lo que permitió introducir la tela allí donde una gran cortina o una colcha tradicional difícilmente habrían tenido cabida. Los fabricantes ampliaron a su vez las gamas cromáticas y adaptaron algunos diseños a una decoración que había cambiado considerablemente respecto a la de principios del siglo XX.
La transformación resulta curiosa porque no ha obligado a abandonar el principio que da identidad al tejido. Puede cambiar el color, reducirse el tamaño del dibujo o utilizarse la tela en un objeto para el que nunca estuvo pensada, pero el procedimiento tradicional sigue comenzando en los hilos y en la decisión de qué partes recibirán el tinte. Ese proceso continúa realizándose en Mallorca, aunque quedan pocos fabricantes dedicados a él. Pollença, Santa Maria del Camí y Lloseta mantienen talleres vinculados a la producción de roba de llengües, con telares y formas de trabajo que requieren bastante más tiempo que la impresión industrial de un dibujo sobre una pieza de tela ya terminada. La continuidad de estos negocios depende, por tanto, de una cuestión bastante menos romántica que la conservación de una tradición: que haya personas dispuestas a comprar lo que producen.
Un origen que conduce hasta Oriente
El origen de las telas de llengües obliga a salir de Mallorca. La técnica con la que se elaboran pertenece a la familia del ikat, un sistema de teñido por reserva que se desarrolló en distintos puntos de Asia y que consiste en teñir los hilos antes de llevarlos al telar. Su expansión acabó llevando este tipo de tejidos hasta Europa, aunque reconstruir el camino concreto que siguieron hasta instalarse en la isla resulta bastante más difícil.
Las referencias históricas permiten documentar telas de llengües de seda en Mallorca durante el siglo XVIII, inicialmente vinculadas a las casas de familias con recursos suficientes para adquirir un tejido costoso. El panorama cambió cuando el algodón fue sustituyendo a la seda y permitió abaratar la producción. A partir del siglo XIX, las llengües se extendieron por más hogares y fueron ocupando cortinas, colchas y muebles tapizados hasta integrarse en los interiores mallorquines.
Mallorca terminó desarrollando sus propios patrones, colores y formas de trabajar el tejido, transmitidos después entre generaciones de artesanos. De aquel procedimiento llegado de fuera surgió la variante que todavía hoy se fabrica en los telares de la isla.