Una de las pateras arribadas a la tranquila Colònia de Sant JordiCSS

Inmigración ilegal

El idílico pueblo costero de Mallorca cuya nueva normalidad es la llegada de pateras

La Colònia de Sant Jordi es uno de los enclaves más queridos por los mallorquines. Zona turística pero también de segundas residencias de los isleños, lleva semanas sufriendo una llegada preocupante de pateras

La Colònia de Sant Jordi es uno de esos lugares de Mallorca donde el verano todavía conserva algo de lo que fue. Este pequeño núcleo costero de Ses Salines, levantado frente a Cabrera y con algunas de las mejores playas de la isla a pocos minutos, lleva décadas siendo lugar de veraneo de muchas familias mallorquinas. Hay turismo, por supuesto, hoteles y restaurantes, pero también casas y apartamentos que pasan de padres a hijos y vecinos que cada mes de junio vuelven a encontrarse con los mismos vecinos del verano anterior.

La vida aquí tiene sus propias rutinas. Los niños se mueven en bicicleta, las familias bajan a Es Dolç cargadas con sombrillas y neveras y al caer la tarde el paseo se llena de gente que sale a tomar un helado. Otros caminan hasta Es Carbó, se acercan a las salinas o terminan el día con un pa amb oli en el Tambucho. Cabrera permanece al fondo. La Colònia ha cambiado, como ha cambiado toda Mallorca, y algunos locales han llevado en los últimos años los decibelios de la noche a una zona poco acostumbrada a ellos, pero continúa teniendo un carácter familiar muy marcado.

Desde hace unas semanas, sin embargo, sus vecinos se están acostumbrando a otra imagen. La madrugada del 4 de septiembre, a las 4.37 horas, doce personas de origen magrebí fueron interceptadas en el propio puerto de la Colònia de Sant Jordi. Apenas 27 horas después, a las 7.30 del día 5, otras cuatro fueron localizadas en Cala Galiota. El día 7 hubo una nueva intervención: doce personas a las 22.19 horas. A las 4.40 de la madrugada siguiente eran otras 21, de nuevo en Cala Galiota.

No terminó ahí. El 14 de septiembre fueron interceptadas doce personas en la línea de costa de la Colònia y en la madrugada del día 16 otras 18 en Cala Galiota. El balance de esos seis episodios, concentrados en apenas doce días, asciende a 79 personas, todas ellas identificadas en los comunicados oficiales como de origen magrebí.

Para un núcleo donde las casas bajas llegan prácticamente hasta el mar, algunas de estas llegadas se producen a escasos metros de los vecinos y la estupefacción es máxima. «Impacta verlos bajar, sí», reconoce una vecina eEl Debate. Una embarcación alcanza la costa de madrugada, sus ocupantes desembarcan y poco después llegan los efectivos policiales. En los distintos operativos han participado principalmente agentes de la Guardia Civil de Santanyí y Campos, además de la USECIC y la Policía Local de Ses Salines.

La preocupación entre algunos residentes no nace únicamente de lo ocurrido durante estas dos semanas, sino de la frecuencia con la que se están produciendo llegadas en toda esta parte de Mallorca. Formentera sigue siendo el territorio balear que atraviesa la situación más delicada por la inmigración irregular por vía marítima, pero basta recorrer sobre el mapa el sur y el sureste de Mallorca para comprobar que la Colònia no constituye un caso aislado.

El 23 de septiembre fueron interceptadas 28 personas de origen subsahariano en Sa Ràpita, dentro del municipio de Campos. Dos días antes habían sido localizadas siete personas de origen magrebí en Cala d'Or. El 16 de septiembre, el mismo día en que fueron interceptadas 18 personas en Cala Galiota, Salvamento Marítimo rescató por la tarde a otras 28 a diez millas al sureste de Santanyí. El día anterior habían sido localizadas otras 16 en Cala Figuera.

La relación continúa hacia atrás. El 6 de septiembre fueron rescatadas 26 personas a doce millas de la costa, en la zona del faro del cap de ses Salines, y un día antes otras 16 habían sido interceptadas en las inmediaciones del propio faro. A estos episodios se añaden los registrados en Cala Santanyí, Cala Esmeralda, la carretera del faro de ses Salines, Cala Marçal y aguas próximas a Cala Llombards. Según los avisos recopilados, once actuaciones en esta franja del sur y sureste de Mallorca suman unas 200 personas entre interceptadas en tierra y rescatadas en el mar durante agosto y septiembre.

La geografía ayuda a entender por qué los vecinos de la Colònia siguen con especial atención lo que está ocurriendo. Desde el paseo marítimo se ve Cabrera con absoluta claridad, que era hasta ahora era el granárea de interceptación de pateras. Es parte del paisaje y el que, de moemnto, absorbía el fenómeno. El núcleo ocupa uno de los extremos meridionales de Mallorca y su costa, recortada y con numerosos puntos de desembarco, queda expuesta a las rutas que alcanzan Baleares desde el norte de África.

Hasta ahora, para buena parte de quienes pasan allí el verano, la noche en la Colònia significaba otra cosa. Una vuelta en bicicleta después de cenar, niños jugando hasta tarde, terrazas llenas y familias caminando junto al puerto. Es un lugar donde muchos mallorquines han crecido veraneando y donde ahora llevan a sus hijos. Esa continuidad explica también la inquietud con la que algunos residentes observan una sucesión de desembarcos que hace apenas unos años les resultaba imposible de imaginar o, si acaso, un hecho aislado. En 2018 podías encontrar alguna patera marcada por el inconfundible spray de la Guardia Civil marcando registro y fecha de intercepción, pero eran contadas con la mano. Ahora el fenómeno va a más.