Pere Arbona dice 'adiós'
Negocios clásicos
La segunda vida de La Veneciana
Después de casi nueve décadas vendiendo hilos, agujas, cremalleras y botones en el corazón de Palma, los hermanos Pere y Xisca Arbona entregan el mostrador de la histórica mercería a Diana Londoño y José Manuel Zapata. La Veneciana no cierra, cambia de manos
En La Veneciana todavía se venden dedales. También cascabeles, rodilleras, coderas, letras bordadas, puntillas, cremalleras, agujas, retales, cordones, anillas, pajaritas y kits de punto de cruz. Hay baberos y juegos de toallas. Paraguas. Alicates. Cintas termoadhesivas. Hilos de casi cualquier color. Pere Arbona sabe dónde está cada cosa Lleva 30 años detrás del mostrador de esta mercería de Palma, aunque su relación con el negocio empezó bastante antes. Primero hizo un poco de todo. Luego llegaron los pedidos, las cuentas y las responsabilidades. Aprendió el oficio como solían aprenderse los oficios familiares, o sea, trabajando al lado de quienes ya sabían.
Ahora se va. Su hermana Xisca también. La familia Arbona cierra así una etapa que comenzó en 1938 pero la noticia (positiva) es que la tienda continuará abierta. Diana Patricia Londoño y José Manuel Zapata, un matrimonio colombiano afincado en Mallorca, se harán cargo de La Veneciana gracias a Ibrelleu, el programa del Govern balear creado para facilitar que negocios viables encuentren sucesor cuando sus propietarios se jubilan o deciden dejarlos.
El futuro y el pasado de La Veneciana
A Pere le cuesta precisar el momento en que decidió que había llegado la hora. «Con el tiempo uno ya se va cansando. Consideras que ya has cumplido y entonces dices: pues nada, a buscarle relevo». Se lo cuenta a El Debate desde el mismo mostrador desde el que ha visto cambiar el comercio, el barrio, la isla y el mundo durante tres décadas.
Antes, explica, uno de los problemas era conseguir género. Trabajaba con varios proveedores y repartía entre ellos los pedidos. Pedía veinte unidades a uno sabiendo que podían llegar diez. Las otras había que buscarlas en otra parte. Ahora ocurre al revés «Hay más oferta que demanda». La dificultad ya no consiste en encontrar sino en elegir lo correcto para sus clientas. Porque esto no es Amazon, ni Shein, ni Temu. Aquí no hay de todo: hay lo preciso.
Siempre con clientela
La sucesión
Diana Londoño se enteró casi por casualidad de que La Veneciana buscaba relevo. Tiene junto a su marido un negocio de arreglos y transformación de ropa en la zona del Born, la llamada milla de oro de Palma, y un día mandó a una trabajadora a la mercería para comprar un artículo que necesitaba. Volvió con el encargo y le contó que los propietarios pensaban dejarlo. Diana no había visto ningún anuncio ni conocía los detalles, así que decidió acercarse y preguntar a Pere Arbona si era cierto. «Fui a verlo y luego se lo conté a mi marido. No podía dejar pasar esta oportunidad», recuerda en conversación con El Debate.
Lo que vino después tuvo bastante menos de flechazo. Diana y José Manuel Zapata quisieron saber qué negocio estaban comprando antes de decidirse: hablaron con Pere, pidieron datos, hicieron números y dejaron pasar unas semanas. Entre aquella primera conversación y el acuerdo transcurrieron unos cuatro meses. «Él me dio un precio y yo le dije que tenía que pensarlo. Luego volvimos a hablar y ya empezamos en serio: dame datos, quiero ver cosas. Fuimos analizando todo hasta que dijimos: hagámoslo».
La Mallorca de toda la vida, en estas cuatro paredes
No pretenden llegar a La Veneciana y darle la vuelta. Diana insiste varias veces en que cualquier cambio tendrá que hacerse respetando a una clientela que lleva años comprando allí y que espera seguir encontrando los mismos productos. «Por la historia de La Veneciana y por respeto al cliente tenemos que mantener lo que hay. Pero claro que queremos hacerla más contemporánea, que no se quede tan clásica», explica. La cuestión es cómo actualizar una mercería abierta hace casi nueve décadas sin convertirla en algo distinto, y, sobre todo, cómo incorporar nuevos clientes cuando buena parte de lo que se vende en sus estanterías puede encontrarse en internet por unos pocos euros. Diana y José Manuel conocen bien esa competencia, pero tampoco creen que una tienda como la suya tenga demasiado sentido si intenta disputar a Temu, AliExpress o Amazon el precio o la cantidad de referencias.
Su experiencia en el negocio de arreglos les ha enseñado, además, algunas contradicciones del consumo actual. Diana cuenta que hay clientas que compran por 20 euros un vestido en Shein y después pagan 90 para transformarlo. «Yo tampoco lo entiendo, la verdad», reconoce entre risas. Lo que ocurre es que el vestido que llega a casa no siempre queda como en la fotografía: hay que estrecharlo, cambiar una manga, corregir el largo o directamente rehacer una parte para que se parezca a lo que la clienta quería comprar.
Un universo de costura, labores y punto
«Las personas ven cosas en las redes sociales, pero cuando llega la realidad, lo que reciben no es lo mismo», explica José Manuel. Es entonces cuando interviene Diana. «Te lo voy a hacer como tú querías, no como lo que viste», resume él.
Diana conoce el terreno. Antes de instalarse en España trabajó en Colombia en el mundo de la moda, con experiencia en diseño y control de calidad, y desde hace cerca de nueve años vive aquí. José Manuel llegó a España hace 29: pasó cuatro en Madrid y después se trasladó a Mallorca, donde ha trabajado principalmente en hostelería y atención al cliente. Cuando le toca explicar la trayectoria profesional de su mujer, lo hace de una manera bastante menos curricular: «Diana siempre ha sido moda». Ahora quieren aprovechar esa experiencia para ensanchar la clientela de la mercería. Les interesa quien cose de toda la vida, pero también quien empieza a hacerlo después de ver un tutorial, quien quiere copiar una idea encontrada en las redes o una madre que decide hacer el disfraz de su hijo en casa. «Queremos fomentar eso, que no se acabe el hecho de coser, de hacer manualidades, de que una madre pueda hacerle un disfraz a su niño», explica Diana.
Borlas de colores, un OVNI en las casa de hoy en día
Otros nuevos inicios
No sería la primera vez que La Veneciana tiene que adaptarse a una época distinta. La historia de la familia Arbona en el comercio comenzó en 1938 con Miquel Arbona, abuelo de Pere y Xisca, que había estudiado diseño textil en Barcelona y abrió Tejidos Arbona después de que un proyecto industrial anterior se viera afectado por la crisis de 1929. En 1952, su hijo Pedro compró La Veneciana y decidió conservar el nombre. El negocio pasó después a la siguiente generación, hasta llegar a Pere y Xisca. Ellos serán los últimos Arbona detrás del mostrador.
El programa Ibrelleu del Govern balear ha servido para encontrar continuidad a una tienda que, de otro modo, habría acabado cerrando cuando los dos hermanos decidieron retirarse. Diana y José Manuel se quedarán con el establecimiento tal como está y, a partir de ahí, irán introduciendo los cambios. Eso significa hacerse cargo también de un catálogo que explica bastante bien qué clase de comercio están comprando. En La Veneciana siguen despachándose puntillas, coderas, dedales, cremalleras, rodilleras, retales, letras bordadas, cascabeles, anillas o kits de punto de cruz. Algunas cosas las buscarán los clientes de siempre; otras tendrán que encontrar comprador entre quienes todavía no saben que las necesitan.
Fin a los Arbona en el Ample de la Mercé